
18 de marzo de 2022
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Se dice que si una persona en su primera infancia es educada con bases firmes, será un adolescente consciente y más tarde un adulto responsable. Aunque en algunos casos sucede que un niño “bien educado” entra en la adolescencia y se inclina por los vicios y la pérdida de tiempo, aparentemente olvidando la educación adquirida años atrás.
Hemos de mencionar aquí una de las frases más comunes en las familias: “no sé por qué este hijo es tan desobligado si recibió la misma educación que sus hermanos”. A partir de esto, diferentes especialistas en educación reconocieron la individualidad y las características personales de cada estudiante proponiendo novedosos modelos de enseñanza.
Cuando a un niño se le pide hacer algo que no le place o se le prohíbe tocar un objeto que desea, experimenta un encuentro con la realidad que puede provocar ira o disgusto en el pequeño. Estos primeros acercamientos son apenas el inicio de un gran acervo de prohibiciones o exigencias que encontrará en su vida. Un bebé no entiende por qué no le dejan meter la mano en una olla de agua caliente, seguro que lo entenderá un par de años más tarde, pero mientras tanto los padres o persona a cargo debe cuidar que no entre en contacto con el peligro, ya sea vigilándolo constantemente o simplemente alejándolo. Pero pasa lo mismo con un joven al que no se le quiere prestar un auto cuando va de fiesta pues el padre sabe que corre el riesgo de alcoholizarse y manejar en mal estado arriesgando su vida. Entonces el joven se enoja y hace un berrinche, tal y como lo hace un niño pequeño. Es importante señalar que como adultos no estamos exentos de esto, en muchos casos nos encontramos en medio de una rabieta porque no nos dejan aparcar el auto en el lugar que deseamos o bien porque tenemos que pagar un nuevo impuesto.
Las limitaciones y exigencias causan escozor a todos los niveles. Así que para cada cual existen figuras de autoridad que nos vigilan, se imponen y castigan cuando desobedecemos.
La disciplina se relacionó por mucho tiempo con la obediencia. En la actualidad se acusa a los padres de criar hijos indisciplinados e irresponsables. Si analizamos la educación de los niños y adolescentes del siglo pasado veremos que las cosas se tenían que hacer tal y como lo exigía la madre, el padre, el abuelo o la maestra. Cuando el adulto hablaba el niño tenía que callarse y asentir. Los castigos ante la desobediencia eran duros y las generaciones crecían con un gran sentido de cumplimiento y responsabilidad pero quizá con miedo al error y con poca autonomía.
En la actualidad, a partir del reconocimiento de las múltiples inteligencias y las dificultades de aprendizaje de muchos estudiantes, se les ha permitido a los niños expresarse, tomar decisiones, se les invita a la reflexión y se respeta su ritmo de aprendizaje. Sin embargo es frecuente encontrar pequeños que cuando se les pide acatar una norma se sienten en plena libertad de rechazarla.
Consideremos que tanto de una como otra forma de educación han surgido grandes profesionistas, personas exitosas y plenas, pero una vez más nos preguntamos ¿por qué o de qué depende que una u otra persona logre sus objetivos, afronte de manera positiva las adversidades y se adapte a los sistemas de nuestra sociedad?
Actualmente dentro de los campos de estudio de la psicología evolutiva se propone la autorregulación como base fundamental en la educación del ser humano. Dicho término incluye la gestión de emociones, la planificación para mejor aprovechamiento del tiempo, el trabajo consciente con nuestro pensamiento y la capacidad de respuesta ante situaciones desfavorables.
Quizá debemos pensar que en vez de disciplinar hay que enseñar a autorregularse, sin caer en extremos crueles o demasiado permisivos. Mostrar a las juventudes de hoy que pueden trabajar de primera instancia con sus propias emociones, sus virtudes y debilidades a partir del auto reconocimiento y en función de una meta establecida que despierte su interés o bien, que sea necesaria para llegar a determinado punto de crecimiento.
Se dio un gran paso en la sociedad cuando nos permitimos escuchar los deseos de nuestros niños y jóvenes y dejamos de imponerles profesiones o actividades que lejos de motivarlos les llevaba a la frustración. Hoy se les pregunta con frecuencia qué sueñan ser de grandes, inclusive podemos ver algunos niños con fuertes convicciones que inician su preparación a temprana edad.
Si logramos que la disciplina sea una búsqueda interior y no un estímulo externo, podríamos relacionarnos positivamente con las limitaciones y las exigencias.
Un primer paso sería establecer como propósito aquello con lo que sueñan niños, jóvenes, y ¿por qué no? también como adultos, -¿A dónde quieres llegar?- ese lugar que se desea alcanzar debe despertar nuestro interés y contactarnos con una enorme felicidad a través del descubrimiento de un fuerte deseo de realización, si la motivación es fuerte y nos emociona, es más fácil levantarnos cada día. La planificación consciente es otro aspecto importante para visualizar aquellos obstáculos que tendremos que librar en un futuro, hay que tener en cuenta que habrá limitaciones, exigencias, y otros aspectos que tal vez quisiéramos omitir pero ahí están aguardando a nuestro encuentro. Sería de gran ayuda cambiar la percepción y convencernos de que cada prueba superada es un escalón más en el camino a la realización. La autorregulación también nos permitirá tener una mejor actitud ante el fracaso y fortalecerá nuestra capacidad de adaptación ante cualquier cambio. En otro sentido esta estrategia nos permitirá desapegarnos de las cosas materiales que cargamos y ya no son necesarias, aquellas que contrario a favorecer nuestro crecimiento, lo limitan. Existe una tendencia a la acumulación de cosas que ya no son funcionales pero tenemos miedo a soltarlas, ya sea porque las vinculamos a una emoción o porque creemos que no seremos capaces de adquirir nuevas. Desde la primera infancia se puede trabajar el desapego, si ponemos atención nos daremos cuenta de que los mismos padres generamos ese lazo afectivo de materia-persona, guardando cosas antiguas que nos regalaron nuestros abuelos, padres o amigos, especialmente cuando provienen de alguien que ya no está con nosotros. No quiero decir que se deba perder el valor de las cosas materiales, al contrario, hay que darles el valor real pero siempre en función de su utilidad en nuestra vida para evitar acumular innecesariamente.
Bajo el concepto de la autorregulación podríamos darle un giro a nuestra relación con la disciplina, pero hay algo que es indispensable para lograrlo: los propósitos.
Especialmente con niños y jóvenes, hay que pensar que si no tienen propósitos de los cuales deriven las metas y los objetivos particulares, quizá no sepan hacia dónde caminan ni por qué se preparan. Es posible que a temprana edad no todos tengan claro cuál es su sentido profundo de vida, pero podemos empezar por enfatizar pequeños pasos inmediatos, y en este aspecto es fácil pues, a diferencia de los adultos, los niños y jóvenes pueden encontrar la felicidad en pequeñas cosas (una salida al cine o al parque, tener una mascota, reunirse con sus amigos o asistir a un concierto).
Un ser humano sin propósito parece desmotivado, no tiene rumbo porque no sabe a dónde quiere llegar. Empecemos pues a encontrar el sentido de vida, aprendamos a autorregularnos y entonces la disciplina surgirá de adentro de nosotros, como una aliada en nuestro caminar.
Referencias
Artículo: Autorregulación y procesos de aprendizaje. Jesús de la Fuente Arias. Rescatable en: https://cuedespyd.hypotheses.org/2878#:~:text=La%20autorregulaci%C3%B3n%20se%20refiere%20a,una%20visi%C3%B3n%20tri%C3%A1dica%20y%20rec%C3%ADproca
“Autorregulación emocional” Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Autorregulaci%C3%B3n_emocional
Definición de autorregulación. https://definicion.de/autorregulacion/
Ensayo de “El propósito de Vida”, Yokoi Kenji & Sadhguru.

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.