
16 de marzo de 2022
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Este articulo está dedicado especialmente a las generaciones futuras que tengan en sus manos este libro, y se pregunten cómo transitamos un acontecimiento mundial tan impactante como lo es la pandemia por covid-19. Esto es lo que pensábamos que sería, lo que fue, lo que sigue siendo en 2022 y lo que creemos que será a futuro.
En el mes de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan (provincia de Hubei, China) anunciaba al mundo que se habían registrado una gran cantidad de casos de neumonía a causa de un virus que se propagaba a gran velocidad. En ese momento, la noticia pasó algo desapercibida, sin saber que ésta sería el encabezado principal en los próximos dos años.
¿Qué sucedía en el mundo prepandémico? Algunas noticias relevantes de 2019 fueron: un incendio en la iglesia de Notre-Dame, el registro de un incremento de la población de ballenas jorobadas, huelgas y manifestaciones en distintas partes del mundo y, lo que son las cosas, se anunciaba un posible tratamiento para el VIH. Además se dio a conocer que la malaria había sido erradicada en Argentina y Argelia.
Terminó el año 2019 y aunque los medios difundían información sobre el nuevo coronavirus, para una gran parte del mundo, eran toda vía hechos aislados.
Para enero de 2020 la cantidad de casos de neumonía había incrementado pero sin registro de pérdidas humanas. La OMS había planteado una estrategia para abordar los brotes e investigar el virus. En ese mismo mes se detectó un caso de coronavirus en Tailandia, el primero fuera de China.
Para el mes de febrero la noticia había tomado fuerza pero fue hasta marzo de 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud, declaró al coronavirus pandemia mundial.
En ese momento se impusieron algunas normas. Las primeras en cerrar fueron las escuelas, con la promesa de que en dos o tres semanas volverían a abrir sus puertas. Niños, adolescentes y jóvenes se fueron a casa quedándose en total silencio corredores, patios y aulas.
Algunos medios de comunicación, bombardeaban con cifras atroces de los entonces ya fallecidos a causa del virus, cifra que ascendía a finales de marzo a casi cinco mil. Se había dicho que el virus tenía un bajo porcentaje de letalidad pero que afectaba principalmente a las personas de la tercera edad, y a quienes padecían enfermedades crónicas.
Ante esta situación, en México, hubo todo tipo de respuestas como las compras de pánico, especialmente de papel higiénico el cual escaseaba en los supermercados, aun cuando el cuadro por coronavirus o covid-19 como se le llamó más tarde, no incluía escurrimiento nasal. O la aparición de los llamados “conspiranoicos” quienes afirmaban que el virus había sido creado en un laboratorio o inclusive que el virus era un invento del gobierno
Los niños y jóvenes, en su mayoría, gozaban de las improvisadas vacaciones en casa, aunque tenían que conectarse a través de una computadora, tableta o celular para tomar las clases en plataformas como zoom o meet. Ahí fue cuando vimos todo tipo de escenas a través de la pantalla, padres con poca paciencia, alumnos hablando mal de los maestros, personas apareciendo en pantalla en ropa interior, maestros desesperados por no saber utilizar la tecnología y muchas más. No solo entre la población estudiantil, también entre quienes tuvieron que llevarse la oficina a la casa.
Quienes tenían acceso a internet, y un buen dispositivo, la pasaban bien, pero había un sector de la población que no tenía los medios para asistir a la escuela virtual y solo les quedaba esperar, al final, solo serían pocas semanas…
El ánimo fue decayendo cuando los casos incrementaban día con día. Negocios catalogados como “no esenciales” cerraban definitivamente sus puertas, mientras incrementaban los casos de divorcio y violencia intrafamiliar.
Para finales de abril todos mirábamos la situación con otros ojos y las semanas se convirtieron en meses.
El cubrebocas era obligatorio, solo podía entrar una persona por familia a tiendas y supermercados, estaban prohibidas las reuniones y el gel antibacterial era indispensable en todo momento. De junio a septiembre de 2020 la incertidumbre acechó al mundo. A pesar de que países como China ya habían superado la crisis, el impacto era tal que muchas entidades cerraron fronteras. Cabe mencionar que el virus, para este momento, seguía siendo desconocido. Se decía que se contagiaba por saliva, pero que también podía quedarse en las superficies o viajar en el aire. Había quienes salían a hacer sus compras con verdaderos trajes astronautas: cubrebocas, cascos, trajes desechables y guantes de látex.
No había tratamiento para covid-19, con suerte solo presentabas fiebre y tos, mientras otros, los más graves, presentaban dificultad para respirar y terminaban siendo intubados. Muchos no querían ir al hospital pues se decía que una vez ingresando no había esperanza. Se improvisaron camillas especiales que aislaban al enfermo, el personal de salud estaba expuesto y a pesar de portar equipo de protección, muchos enfermaron y fallecieron. Fueron los héroes de este periodo, con gran vocación permanecieron al pie del cañón, aislándose de sus padres o de sus propios hijos para evitar llevar el virus a casa.
Los hospitales estaban al límite, se improvisaron centros de atención en polideportivos o auditorios, pero la cantidad de infectados fue tal que mucha gente falleció afuera de los hospitales o en su casa.
Las imágenes en los medios de comunicación eran impresionantes. La pandemia fue algo que nadie se imaginaba.
No todo fue malo, mucha gente que perdió su empleo emprendió grandes negocios desde casa. Otros aprovecharon para hacer ejercicio, convivir con su núcleo familiar o estudiar alguna disciplina de su interés.
Mientras esto sucedía, los especialistas se encontraban en una carrera por desarrollar una vacuna efectiva y segura. Para diciembre, Rusia, China y Estados Unidos, ya tenían un resultado favorable. Se habían hecho pocas pruebas y a pesar de la desconfianza, los primeros países en realizar inmunización masiva fueron Rusia y Reino Unido en diciembre de 2020.
Durante 2021 se esperaba que las cifras bajaran y así fue aunque no durante todo el año. La gente volvía impulsivamente a sus actividades, los jóvenes querían salir y reunirse con sus amigos, las familias querían volver a las festividades, los artistas añoraban volver escenario y aunque los gobiernos intentaban que la reactivación fuera gradual, la afectación emocional y económica fue tan grande que casi volvimos a nuestra vida habitual. A pesar de que las cifras se disparaban periódicamente, ya no volvimos al confinamiento obligado.
Conforme se fueron completando los cuadros de vacunación, podíamos ver a personas mayores en restaurantes o supermercados. Los pisos de los establecimientos se marcaron para que las personas guardaran una distancia segura de 1.5 metros y así evitar el contacto. Al entrar debías ser sanitizado, tomarte la temperatura y untar gel antibacteríal en las manos. Mucha gente evitaba saludar de beso o abrazo, definitivamente el contacto físico ya no fue lo mismo.
Llegamos a 2022 distintos de como éramos antes, hay algo diferente en el mundo. Sabemos que esto no ha terminado, en México y otros países permanecen las medidas preventivas. Todavía evitamos estar demasiado cerca de personas que no conocemos. Además de que, cuando el miedo empezaba a disiparse, se detectó una variante que no es tan agresiva, pero es mucho más contagiosa.
Al día de hoy, un gran número de personas ya se han contagiado del bicho y muchos han respondido bien, tal vez hemos generado anticuerpos o las vacunas han hecho lo suyo. Seguimos escuchando de bajas humanas, pero se han reducido considerablemente.
Se dice que el covid-19 llegó para quedarse, muchos afirman que en adelante será como una gripa, que tendremos suficientes anticuerpos para resistirlo. Hoy nos visualizamos en un mundo esperanzador, pero a estas alturas y después de lo sucedido, es difícil afirmar lo que nos espera. Solo aquel que esté leyendo esto veinte años más tarde, sabrá lo que fue de esta historia…

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana.