EL ACTO DE FOTOGRAFIAR EN VILÉM FLUSSER.
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El hombre se olvida de que produce imágenes

 a fin de encontrar su camino en el mundo;

 ahora trata de encontrarlo en éstas.

 Ya no descifra sus propias imágenes,

 sino que vive en función de ellas;

 la imaginación se ha vuelto alucinación.

 

 

EL ACTO DE FOTOGRAFIAR EN VILÉM FLUSSER.
La imaginación se ha vuelto alucinación.

 

 

 

Por: Agustín René Solano Andrade[1] 

 

El hombre se olvida de que produce imágenes

 a fin de encontrar su camino en el mundo;

 ahora trata de encontrarlo en éstas.

 Ya no descifra sus propias imágenes,

 sino que vive en función de ellas;

 la imaginación se ha vuelto alucinación.

 

 Con este epígrafe comienza este ensayo sobre “el acto de fotografiar” en Vilém Flusser, ya que en el transcurso del mismo, no se ha de olvidar que el acto fotográfico es un productor de imágenes -no importa que éstas sean técnicas por ser producidas por un aparato- por lo que deviene en la imaginación. Ya que se ha mencionado a la cámara fotográfica –el aparato- para la producción de imágenes técnicas, hemos de tomar en cuenta que “los aparatos son parte de la cultura, y reconocemos la cultura al mirarlos”[2], así, ““Aparato” significa, entonces, un objeto cultural”[3], pero “la estructura de la condición cultural no está contenida en el objeto del fotógrafo, sino en su mismísimo acto”[4].

 

 

 Uno de los primeros conceptos importantes de Flusser sobre el acto de fotografiar, es que no lo considera como trabajo, sino como un juego,  a pesar de que “la categoría básica de la sociedad industrial es el trabajo; las herramientas, incluso las máquinas, trabajan; extraen los objetos de la naturaleza y los informan: transforman su mundo. Pero los aparatos no trabajan en este sentido; no tienen la intención de cambiar el mundo, sino de cambiar el significado del mundo. Su intención es simbólica. El fotógrafo no trabaja, según la acepción industrial de la palabra; por tanto, tiene poco sentido el querer llamar trabajador al fotógrafo”[5], él juega con la cámara, hace que su juguete parezca una herramienta, pues es un aparato, pero la acción en que descansa dicho objeto –el acto fotográfico- no es la de dar forma, ni si quiera en la de transformar al mundo en símbolos, sino que se desenvuelve en desentrañar el programa de la cámara, busca entenderla para agotarla, recurre al mundo para descubrir el aparato, no para descubrir el mundo. “Si el fotógrafo examina el mundo a través de la cámara, lo hace no porque esté interesado en el mundo, sino porque está en busca de las virtualidades todavía no descubiertas en el programa de la cámara que le permitan producir nueva información”[6]. Las fotografías no son el resultado que se busca en el acto de fotografiar, sino que suceden de manera secundaria al verdadero propósito del fotógrafo. “La cámara está hecha para producir símbolos; ella produce superficies simbólicas de acuerdo con algún principio contenido en su interior”[7], contenido que es fin del fotógrafo, que es lo que desea descubrir en su relación con el objeto. El homo ludens dice Flusser, es un personaje que juega contra su juguete y lo compara con el ajedrecista, así, el ajedrecista moderno, el que juega solo contra la maquina, se parece al fotógrafo que refiere Flusser. Son individuos que pretenden esclarecer el programa ante el que están alertas para entenderlo y ganarle, sólo que éste los rebasa en su producto: hay mas jugadas de las que el ajedrecista quisiera, como fotografías de las que el fotógrafo espera, porque “la cámara debe ser capaz de producir una cantidad de fotografías que ningún fotógrafo jamás espere tomar”[8].

 


 

 

 

 

Otra de los percepciones que tiene Flusser en tanto el acto fotográfico es su análogo con el de la cacería, y aunque no es muy novedoso, lo utiliza generalmente para introducir a otros conceptos más importantes como el aparato o las categorías de la cámara, que afirman en ellas mismas el acto de fotografiar .

 

 La cámara es al fotógrafo lo que el arma al cazador, “la cámara se alista para tomar fotografías, procura sorprenderlas, las acecha”[9], nada más que para este caso “el bosque fotográfico está compuesto de objetos culturales, es decir, de objetos colocados allí intencionalmente”[10], así como las categorías del instrumento a utilizar: la cámara. Los resultantes de ese acto de fotografiar están adheridos a las naturaleza de su objeto propio, ya que como se mencionó anteriormente: “la cámara hace lo que el fotógrafo quiere que haga, aunque el fotógrafo no sabe lo que sucede en el interior de la caja negra”[11] puesto que existen “dos programas entrelazados dentro de la cámara: uno mueve la cámara para producir automáticamente las imágenes, y el otro le permite al fotógrafo jugar”[12]. Es en ese provocar automático que las categorías se incluyen y determinan los productos del acto fotográfico, luego, “lo que uno paga al comprar una cámara no es tanto el material físico con que está hecha, sino el programa que le permite producir fotografías”[13], así que “mientras anda de cacería, el fotógrafo se mueve de una categoría espacio-tiempo a otra, y las combina durante la acción”[14], “sin embargo, la elección del fotógrafo está restringida por las categorías de la cámara; su misma libertad está programada. La cámara funciona según las intenciones del fotógrafo, pero estas intenciones funcionan de acuerdo con el programa de la cámara “[15] porque “en el acto fotográfico, la cámara hace lo que el fotógrafo quiere que haga, y el fotógrafo hace aquello para lo que la cámara está programada”[16]. El fotógrafo no podrá hacer fotografías más allá de lo que le esté permitido a la cámara hacerlas. Sólo podrá fotografiar lo que le es posible fotografiar, y es aquí entonces, que toma importancia el conocimiento técnico de la fotografía, pues ese universo de fotografías posibles, sucede en las permisiones del aparato y su programa, más allá de las del fotógrafo. En la medida que éste se adentre en el espacio técnico de la fotografía, hace del acto fotográfico, también un acto técnico; entonces, el acto de fotografiar “es buscar posibilidades no descubiertas dentro del programa de la cámara; en otras palabras, estar en busca de imágenes aún no vistas, buscar imágenes informativas, improbables” [17]. Fotografiar se vuelve un acto donde lo ya visto no es valioso por ser redundante, pero si importante porque determina los caminos a donde ha de ir, es búsqueda del acto fotográfico, aunque el software determine las intenciones del fotógrafo así como las de la cámara.

 


 

 

 

 

La siguiente razón en que depara el acto de fotografiar en Flusser consiste en la incertidumbre que acaece del mismo acto. “El acto de fotografiar está compuesto por una secuencia de saltos mediante los cuales el fotógrafo vence las diversas barreras invisibles que separan las distintas regiones del espacio-tiempo fotográfico”[18], “este tipo de búsqueda a saltos se llama “duda””[19], pero esta duda es fragmentada puesto que el fotógrafo nota que al momento de encontrarse frente al objeto a fotografiar, la cámara le condesciende decidir entre una enorme diversidad de puntos de vista desde que él domina. Así, lo importante está en el número de posibilidades que pueda alcanzar a realizar haciendo del acto de fotografiar un acto cuantitativo más que cualitativo y “el acto fotográfico es entonces un acto de “duda fenomenológica”[..]. En una duda así hay dos elementos esenciales; primero, la práctica de la fotografía es anti-ideología [...] segundo, la práctica de la fotografía está sujeta a un programa”[20]. Pero como toda duda, es necesario decidir para terminarla y pasar a la siguiente y así continuar en ese proceso de duda y decisión, haciendo de ese apretar el botón de la cámara un evento parcial y de cada fotografía, un fragmento del universo que puede mostrar las intenciones del fotógrafo. 

 

 

 

En síntesis, el acto fotográfico en Flusser, está  inmerso en tres conceptos importantes: el primero que es el juego en lugar del trabajo realizado por el individuo detrás de la cámara y que en ello pretende entenderla. El segundo, que sitúa al acto fotográfico en su veradera posición creadora más allá del conocimiento técnico del universo fotográfico, pero que no lo desdeña, y por último, la importancia de la duda en el mismo acto, que alimenta la actual cámara digital, posibilitada para obtener tantas fotografías como se desee desde el mismo lugar que el fotógrafo ocupa.

 



[1] Agustín René Solano Andrade ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es Maestro en Comunicación y Diseño (UIA) y Maestro en Estética y Arte (BUAP). Combina su quehacer académico con las letras y las imágenes. Sabersinfin.com agradece a Agustín René la autorización para publicar el presente trabajo. 

 

[2] Flusser Vilém, Hacia una filosofía de la fotografía, Trillas, México, D. F., 1990, p.24

 

[3] Flusser, op. cit., p. 24 

 

[4] Flusser, op. cit., p. 33

 

[5] Flusser, op. cit., p. 26

 

[6] Flusser, op. cit., p. 27

 

[7] Flusser, op. cit., p. 26

 

[8] Flusser, op. cit., p. 28

 

[9] Flusser, op. cit., p. 23

 

[10] Flusser, op. cit., p. 33

 

[11] Flusser, op. cit., p. 28

 

[12] Flusser, op. cit., p. 29

 

[13] Flusser, op. cit., p. 30

 

[14] Flusser, op. cit., p. 34

 

[15] Flusser, op. cit.,  p. 34

 

[16] Flusser, op. cit.,  p. 35

 

[17] Flusser, op. cit.,  p. 36

 

 

 

 [18] Flusser, op. cit.,  p. 36

 

[19] Flusser, op. cit.,  p. 36

 

[20] Flusser, op. cit.,  p. 37

 

 

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