6 de diciembre de 2020


De niño escuché decir a mis mayores la frase “el saber no ocupa lugar”. Obviamente, en esos tiempos de temprano desarrollo y madurez no supe comprender el verdadero significado de dicha sentencia; es más, no imaginé como el conocimiento podía ocupar algún lugar, y si era posible, ¿qué lugar era ese?

Con la madurez, las enseñanzas del liceo me permitieron, finalmente, desentrañar tan sencillo misterio, que hoy, después de tantos años y de tanto avance tecnológico, se me vuelve a aparecer como una tremenda incógnita.

Pero vamos por parte, como lo mencioné ya, debió llegar mi madurez intelectual para entender que los conocimientos que, a lo largo de la vida, cada ser va recibiendo e incorporando a su archivo cultural, se van guardando en nuestra mente, que, hasta hace algunos años, era un territorio asociado a las dimensiones de cada cerebro y que por ser insustanciales –no sabemos cuánto mide ni pesa un solo conocimiento- concluimos que no deberían ocupar ningún espacio de los que la física nos ha enseñado. Bajo esa mirada, el ancestral dicho era válidamente correcto.

Actualmente la ciencia informática, de tan vertiginoso avance en los últimos años, pareciera que nos está diciendo otra cosa, cuando nos habla de bits y bytes, la unión de varios de ellos –en sus formatos de megas, gigas y teras- unidades para medir y almacenar la data que, en una secuencia lógica, terminan creando palabras, frases e imágenes, el lenguaje con que hoy en día nos comunicamos los seres humanos. Estos impresionantes bytes sí ocupan un espacio físico y es por eso que los soportes que los contienen, deben ser lo suficientemente amplios para contenerlos, por muy reducidos que sean.

Por otro lado, la ciencia médica nos enseña que nuestro cerebro tiene una enorme capacidad de almacenaje de información, ya que su unidad funcional natural: la neurona, es una maravilla de la ingeniería celular, cuyo tamaño (es la célula más gran del cuerpo humano), composición y cantidad, permiten la creación de un súper servidor, en donde se almacena todo el conocimiento que cada ser, a lo largo de su existencia acumula, sin saber siquiera su dimensión y contenido, ni tampoco, experimentar sobrecargas por exceso de información.

En resumen, parece ser que es muy cierto que el saber no ocupa lugar; nuestro cerebro tiene una capacidad tan infinita de almacenamiento de información y apenas utilizamos menos del 10% de toda su maravillosa estructura, que nos faltaría vida para que pudiese fallar por un excesivo ingreso de datos.

Sabersinfin.com, es una corporación mexicana, que se dedica a difundir el arte y la cultura literaria, en grande escala, consciente que las palabras –verso y prosa-, cual ingrávidos pájaros desplazándose en el espacio, no ocupan lugar, no desgastan las mentes ni producen agotamiento, por el contrario, alientan a buscar el entendimiento y la paz entre los seres humanos; particularmente en estos tiempos de tanta incomprensión, y atento que, tarde o temprano se posarán en la tierra fértil de un oyente que las anidará en su mente, desde donde emergerán algún día convertidas en aladas poesías.

 
Jorge Cepeda González es archivero, conservador-restaurador e historiador. Autor de varias novelas y múltiples ensayos. Miembro del Círculo de Escritores V Región de Valparaíso, Chile.