5 de diciembre de 2020
Cuadernos de Ética 5
La presencia en la sociedad contemporánea es obligada en el tema de la ética, puesto que ella es la expresión más concreta del comportamiento del ser humano en la vida civil. Ético es aquel hombre o mujer que sabe guardar las cortesías que él quisiera para sí. Todo rompimiento de las reglas de cortesía que se convierten en actitudes contrarias a la buena educación venida del hogar o de la escuela, bebidas en el conjunto de la sociedad, obligan a comprender la morada del alma humana, dentro de normas que no son un capricho momentáneo ni de moda, al contrario, son las actitudes que atemperan toda soberbia, toda ira, todo comportamiento que se sobrepone por sólo ser superior en algunas cosas a sus vecinos o familiares.
Héctor Guzmán Ramírez en su libro dedicado a los bachilleres, titulado Ética para el siglo XXI se pregunta ¿Qué es la ética? y señala el origen: El sentido más antiguo de la ética (de origen griego) residía en el concepto de la morada o lugar donde se habita; luego referido al hombre o pueblos se aplicó en el sentido de su país, tomando especial prestigio la definición utilizada por Martín Heidegger: “Es el pensar que afirma la morada del hombre”, es decir, su referencia original, construida al interior de la íntima complicidad del alma. En otras palabras, ya no se trata de un lugar exterior, sino del lugar que el hombre porta de sí mismo. “El ethos es el suelo firme, el fundamento de la praxis, la raíz de la que brotan todos los actos humanos”. Una definición que pone a los hombres y mujeres en revisión consigo mismos.
Pues resulta fácil echar la culpa a los otros de lo que sucede o nos sucede. Y la ética obliga al individuo a enfrentar sus propios errores o a ser feliz con sus propios aciertos. Al pensar en esto, nos recuerda la importancia de la presencia de los filósofos, como sucede con Martín Heidegger, que nació en Alemania y vivió los años más difíciles de la era moderna para esa nación: que participó en dos guerras mundiales, y las dos fue derrotada. Precisamente de la Primera Guerra Mundial, al salir derrotada y arruinada le llevó a sentimientos de venganza que los Nazis con el liderazgo de Adolf Hitler supo capitalizar para fundar el “Reich de los mil años” que terminó con el fracaso más estrepitoso para un país en toda la historia de la humanidad. La muerte en el bunker que se había preparado Hitler en Berlín, sólo fue prueba de la desesperación con la que enfrentó el final de un sueño loco: su suicidio y el de su amante, junto con otros seguidores, entre los cuales hubo niños envenenados por sus propios padres, prueban que ese país estaba en manos de locos entre 1933 y 1945; y no de humanistas que hicieran de la ética o la moral, sendero de civilidad y respeto por naciones vecinas.
La presencia de Martín Heidegger (1889-1976) fue utilizada por Hitler para hacer pensar a sus correligionarios que tan prestigioso pensador estaba a favor del nazismo. Se dice que Heidegger al principio planteó una corriente en favor del existencialismo —corriente de pensamiento que los nazistas tomaron prestada, para hacer ver a los demás, que hacer lo que se les antojara en el presente era la mejor forma de existir en la vida—, mismo que tuvo como alumno al filósofo francés Jean-Paul Sartre y a buena parte de intelectuales franceses. Heidegger con el paso de los años se acercó más a la dimensión vital y a la poesía: escuela que hace ver que es por el camino de la sensibilidad del corazón y del pensamiento intelectual que se acerca uno más a lo humano; y no sólo a los hechos del presente, que llevaban a un existencialismo frío y ajeno a lo humano para convertirse en utilitarismo que raya en la locura o en oportunismo que va contra toda conciencia ética o moral.
Cuenta en su libro Héctor Guzmán Ramírez: “El vocablo ethos, sin embargo, tiene un sentido mucho más amplio que el que se da a la palabra ética. Lo ético comprende la disposición del hombre en la vida, su carácter, costumbre y moral. Podríamos traducirla “el modo o forma de vida” en el sentido profundo de su significado”. Son los principios éticos los que fundan un edificio sólido en la personalidad del ciudadano y son obligación aún más en el político, pues al querer intervenir por vocación en la vida social, para conducirla bajo presupuestos éticos y morales, le convierte por ese sólo hecho en ejemplo para sus conciudadanos. Y no lo contrario, que sucede cuando un sistema deja de ser para el Estado ético de convivencia y búsqueda de progreso y felicidad de cada vecino y toda ciudadanía que se maneja por reglas de civilidad.
Es importante comprender que el temperamento, que es la fortaleza o debilidad con la que venimos al mundo cada uno de nosotros, es mejorada por lo que denominamos “carácter”, término estudiado por la psicología para comprobar que el temperamento es asunto del nacimiento, y que éste, si es fuerte en su origen, tiene en la temperancia del carácter su educación para conseguir con ello que el término de la ética lleven a ese hogar del individuo las normas a las cuales se tendrá que ajustar. En otras palabras, puede ser que el individuo llegue al mundo con un temperamento muy fuerte, que en buena parte es cualidad o defecto de los que participan en política por vocación o no. En este caso la participación de una educación del carácter ha de ubicar o atemperar el instinto del temperamento, para convertirlo en cualidad antes que defecto, como ya lo vimos en el caso del estudio de la “ira”, a través del filósofo Séneca.
Señala Héctor Guzmán: “Ethos significa carácter, pero no en el sentido de talante, sino en el sentido “del modo adquirido por hábito” Ethos deriva de éthos lo que significa que el carácter se logra mediante el hábito y no por naturaleza. Dichos hábitos nacen “por repetición de actos iguales”, en otras palabras, los hábitos son el principio intrínseco de los actos”. Insistir en que el carácter que es prueba de lo que somos: no como valentía o cobardía del comportamiento. Sino como escuela que se hace hogar dentro de sí mismo, y lleva a personajes como nuestros héroes de la Generación de la Reforma, que no por valientes, sino porque sus principios éticos y filosóficos les llevan a defender la patria, por la que entregaron sus vidas don Miguel Hidalgo y Costilla y don José María Morelos y Pavón; así como todos esos insurgentes que en diversas acciones, fundaron el país que dolido y todo, se tenía a mitad del siglo XIX. La valentía como conciencia de ser, se forma a través de los principios, y son ellos los que dan a la conciencia mayor fuerza, para realizar actos heroicos venidos de principios; que son al paso del estudio histórico la herencia mejor de los pueblos: del ciudadano y del político, que en verdad lo quiere ser, por encima de intereses particulares, de grupo, estrato o clase social.
Escribe Héctor Guzmán: “En el ámbito conceptual de la ética, tenemos un círculo correlacionado entre Ethos-hábitos-actos. En efecto si Ethos es el carácter adquirido por hábito, y hábito, nace de repetición de los actos iguales, Ethos es a través del hábito “fuente de los actos” ya que será el carácter, obtenido (o que llegamos a poseer-héxis) por la repetición de actos iguales convertidos en hábito, aquél que acuñamos en el alma”. Por eso, el pensar en un comportamiento ético, es decir de respeto a la norma, porque eso nos han enseñado desde el hogar, escuela y sociedad, obliga al ciudadano a saber guardar esos hábitos como un tesoro en su corazón. Cuando ello no sucede entonces la “virtud”, que debe tener el ciudadano o el político, pierde su fuerza constructora para convertir sus hechos en destrucción del tejido social y de toda vida civil.
Francisco Javier Estrada nació en Toluca, México. Es presidente de Casas del Poeta A. C. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Internacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de cuatro mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de ciento veinte títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.

