LA ALFABETIZACIÓN Y LA EDUCACIÓN DE ADULTOS EN EL PANORAMA INTERNACIONAL
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Por esta razón, es preciso aceptar de partida que la experiencia ha llevado a descubrir que las diferencias tanto entre los analfabetismos como entre los analfabetas no son simplemente de grado (de cantidad de conocimiento o desconocimiento) sino fundamentalmente de naturaleza (como dicen los filósofos).  Porque el analfabetismo es síntoma de una amplia diversidad de patologías sociales, económicas, geográficas, políticas, culturales, y los analfabetas son su efecto.

Si hemos de adentrarnos, por los mismo, en el estudio y análisis del analfabetismo como problema, habremos de transitar del efecto a sus causas, pues lo demás sería --y ha sido-- mera dilettancia ocupacional.

Un primer análisis de dónde están ubicados los analfabetos geográficamente nos describirá zonas que se interseccionan con las zonas llamadas de pobreza.  La geografía de la miseria resulta coincidir mayormente con la geografía del analfabetismo.  Tal es un hecho, pero ello no significa que se saquen consecuencias oportunas, ni que se propongan soluciones congruentes.  Por ejemplo, un planteamiento que deduce que la causa de la pobreza debe rastrearse precisamente en el analfabetismo:  Si se enseña el alfabeto es posible cambiar también la situación geoeconómica.  Muchos de los planes de alfabetización en el mundo, en efecto, se han emprendido con la idea de buscar que el paso al mundo letrado modificará casi automáticamente las condiciones socioeconómicas de los alfabetizandos.  Bajo este mismo supuesto, se emprendieron campañas para elevar los niveles educativos de la población, con la esperanza de que con ello se elevarían también los índices económicos.  Los hechos han desmentido rotundamente esta creencia.

El fracaso de las campañas ha llevado a pensar la correlación contraria (contraria al menos dialécticamente): que es precisamente la pobreza la causa del analfabetismo.  Para contrarrestar su avance, para disminuir su fuerza, la alfabetización tiene que procurarse en ambientes en los que la pobreza se esté combatiendo, particularmente a través de la capacitación para el trabajo y el fomento de la producción.  En este sentido, también se han volcado infinidad de proyectos de educación de adultos en el mundo.  Se ha pensado que, una vez resuelto el problema de la preparación para el trabajo productivo, aunado a la alfabetización --y, si posible, a la acumulación de estudios formales o semiformales supletorios o compensatorios de una primaria no hecha en la niñez-- el problema educativo está resuelto.  Aquí también la historia viene a desmentir tales soluciones, basadas en suposiciones “deterministas”.

Del mismo geoanálisis surge la identificación de los lugares de analfabetismo y pobreza con circunstancias que van más allá de lo simplemente económico y de lo ambiguamente educativo: se trata de que esas situaciones son el resultado de una marginación tanto económica, como social y política.

Los procesos educativos, se ha sostenido, han de incorporar a los pobres-deseducados a esta sociedad progresista, lo cual implica la ruptura con esa “cultura de la pobreza” mediante procesos educativos que “culturalicen” también.  Se ha pensado que al unir los esfuerzos educativo-alfabetizadores con la introducción de nuevas pautas culturales que irrumpan en la subcultura de la pobreza, los así “tocados” por la cultura del bienestar y el consumo serán capaces por sí mismos de luchar en favor de su promoción para incorporarse al desarrollo general de la sociedad culta.  Los fracasos no han sido menores que los que esfuerzos educativos de otros cuños han tenido.

 

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