
4 de septiembre de 2020
Posdata 8
En revista que aparece en números que tengo desde década de los cuarenta, hasta los setenta, con el nombre de Lectura / Libros e Ideas, donde publica frecuentemente escritos el educador y filósofo José Vasconcelos —por cierto—, con tendencia derechista; llega a promoverse material de sinarquistas: fuerza política que fue prohibida por acciones y tendencias contra héroes y personajes de la historia nacional. Su director Jesús Guisa Acevedo, que en cada revista encabeza la primera participación, estuvo dando línea de cuál era su posición dentro del contexto nacional; parece dicha tendencia podría enclavarse en esas décadas dentro de la idea de una democracia cristiana para México. No es motivo aquí, el atender la reflexión de esta revista en su posicionamiento político, lo que es de destacar en dicha revista las apariciones frecuentes de Vasconcelos, y llegan a aparecer personajes como Andrés Henestrosa, Carlos Pellicer, Marcelino Méndez y Pelayo, Ángel Lascurain, Enrique González Martínez, Sergio Fernández, Miguel León Portilla, y entre extranjeros es de citar al filósofo español Julían Marías, Isaac Asimov y varios más. Revista de recursos económicos pobres, se mantuvo por décadas ofreciendo en sus páginas lista de libros que Manuel Altolaguirre coordinaba con propuestas de los más destacado, titulándola “Aires de España”: por igual, aparecen Miguel de Cervantes Saavedra, Benito Pérez Galdós, Tirso de Molina, Juan Ruiz de Alarcón, Federico García Lorca, Calderón de la Barca, Rubén Darío, San Juan de la Cruz, Francisco Quevedo, Lope de vega, Luis de Góngora y Miguel de Unamuno.
Revista interesante que estuvo saliendo cada quincena —24 publicaciones en un año—. Y por lo que veo en tales revistas, encuentro que el Dr. Ángel María Garibay escribe en la década de los cincuenta y sesenta. Interesantes artículos, cito uno en este caso, el texto que es publicado el día 15 de agosto de 1955. Se llama “Tacita de plata”, nombre con el cual un poeta toluqueño bautizó a la capital del estado de México. Escribe el padre Garibay: “El regreso a lo mexicano tiene mejor arraigo en la provincia. Se van abriendo los ojos para verla. Y al verla el corazón se siente con alegrías de niños y sueños de adolescencia. Por la provincia comienza siempre la renovación. Lo mismo en la historia romana que en la de los pueblos modernos, tan complejos y complicados. De Hispania fueron a Roma Marcial, Lucano, los Sénecas. Y la veta que dejaron es de las más briosas y plenas de savias.
Acá estamos comenzando con bellos libros de bellas ciudades. Me tienta a hablar ahora de uno que es una linda realización. Se trata de la antología acerca de “Toluca”, que con “Crónicas de una Ciudad” forja el licenciado Mario Colín”. Escribe sobre la ciudad que le vio nacer, y en la que paraba de rato en rato por andar del tingo al tango, sabemos de su peregrinar por parroquias e iglesias de la entidad mexiquense. Por eso es importante el que escriba de la ciudad que es su origen y su descanso. Escribe: “Toluca, la ciudad más alta de México, tiene mala suerte, al parecer. Cuando leemos este libro de Colín nos consolamos. Vale más que nadie la haya tomado como víctima de una monografía. Tiene mucho de rico acerca de ella. Y el licenciado Colín se propuso recoger todo lo bueno que de esta ciudad de las “más altas esferas”, en “donde el aire se serena”, ha hallado en la literatura mexicana de estos siglos que han corrido. Un poeta dijo de ella que era “tasa de plata / con olor a sacristía”. Doble metáfora válida”. Era cierto, hay que imaginar la ciudad de la década de los cincuenta, un monasterio toda ella, donde sus portales, que representaban más el centro de la ciudad, antes que su palacio de gobierno, su plaza arbolada, o su biblioteca central junto con su parroquia cuya presencia en una ciudad conservadora daba inicio al deseo de construir su catedral por fin.
Nadie por Los Portales caminaba por la noche, llegadas las 20 horas dicho lugar se quedaba desértico de almas y ciudadanos. Nadie andaba por ellos, si acaso algunos policías, muy pocos, pues no se debía interrumpir para las familias sus horas de descanso. Hoy esa ciudad ya no existe, en pleno 2020 se ha quedado sin centro histórico por la destrucción urbana de aquello que venía por lo menos de la primera década del siglo XX. Ciudad sin espacios urbanos que hablen de lo que pasó ahí durante la Independencia, la Reforma o la Revolución. Muy pocos lugares cantados por los cronistas Alfonso Sánchez García o Margarita García Luna. De la ciudad que escribe el padre Garibay ya no existe.
Pero lo mismo en 1955 nos cuenta: “La diafanidad del aire, la gloria de la luz, que allí juega y rejuega con lampos de cegadora intensidad a mediodía, y con misteriosa melancolía al atardecer; la calma y el silencio —silencio y calma son las riquezas que el mundo de hoy ha perdido— a todas horas, le dan el aspecto de un incensario que fumiga en paz y da aromas que jamás se extinguen. Pero la misma luz y el mismo aire sereno, robado a Fray Luis de León, viste de plata la ciudad. Taza de plata es. Y con sólo verle se harta el ánimo”. Bellas palabras de un alma que habla de su lugar de origen, sólo así se puede entender como comprende al poeta Enrique Carniado, quien es el compositor de dichos versos en honor de su ciudad.
Impulsor de las cosas buenas, el padre Garibay reconoce: “Pero también es taza de plata el libro. Edición para príncipes, por su papel y por su impresión. ¡Lástima que no haya colofón para saber quién lo hizo; no es común hacer tan buenas impresiones en este México apresurado y comercial! Gratitud al Secretario del Trabajo y don Juan Salgado, por la realizada impresión. Pero que hagan una más popular que repartan en nuestro Estado a torrentes, para que el pueblo conozca lo que de su capital se ha dicho”. El padre Garibay andando en sus investigaciones por el medio oriente con los temas de la Biblia y la cultura judía, al grado que le es reconocida su capacidad de investigar sobre esa cultura en particular. El mismo que tiene lazos de sabiduría con el Vaticano y con la capital del país en lo relacionado a la Catedral de México y la “Villita” por la Virgen de Guadalupe, por igual en su interés que navega por el altiplano en la investigación de sus literaturas y la historia de su pasado indígena. Anda por muchas partes la mente poderosa del padre Garibay, pero se da tiempo para preocuparse “por su Estado” donde se deben repartir libros, tal y como lo hizo José Vasconcelos desde el puesto del gobierno Federal al ser responsable de la Educación en el país: enseñar a leer a la población y regalar o difundir todos los libros que sean posibles, es tarea que para Garibay van de la mano.
Bien sabe que su capital mexiquense, es una ciudad que pareciera no existir cuando se habla de las grandes capitales de México a mitad de siglo XX. Dibuja el contenido del libro cuando nos dice: “Vale más el contenido. Desde atisbos acerca de su historia prehispánica —porque de atisbos no pasan— em que hallamos del brazo al indispensable Sahagún con Robelo y con otros peores. Sigue la mejor parte. Desfile de Altamirano, la Marquesa Calderón de la Barca, sojuzgona y entrometida, pero, como buena mujer, captadora de la realidad que pasa; Gutiérrez Nájera, el multiforme; Vasconcelos, en su edad de oro, y en los vivientes, la sagaz vista de Salvador Novo, la desbordada de Zúñiga. Los fragmentos de salinas son ciertamente los más ricos. / De todos estos hilos puede tejerse el cuadro. Y el cuadro es simplemente luminoso”. El mensaje que da el padre Garibay parece ser: no me invitaron a tratar mí especialidad que es la cultura prehispánica, lo habría hecho con humilde sabiduría. “La “tacita de plata” no sólo es Toluca. Toda la provincia inmensa, con sus riquezas no sospechadas, con sus misterios legendarios es la valija del amor en que se labra el México del futuro. El México integral, que nada ignora y que todo lo ama, La antigüedad de los perdidos en las sombras de los siglos y la creación de ayer”. Palabras para su ciudad, que en el siglo XIX era pueblito de 8 mil habitantes, y hoy, en el siglo XXI es ciudad que se cerca a novecientos mil habitantes. Poco queda de la ciudad de que escribe Garibay para nuestro pesar y nuestra tristeza.

Francisco Javier Estrada nace en Toluca, México. Es Presidente de Casas del Poeta AC. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Nacional de Poetas del Estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de 4 mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de 120 títulos publicados en ensayo, cuento, poesía y antologías.