luis g benavides i.jpgReflexión con motivo del día del maestro

Luis G. Benavides Ilizaliturri*

Una vez al año, con ocasión del día del maestro, los gobiernos mexicanos, la sociedad (casi siempre movida por los anuncios comerciales) y los propios maestros se llenan de elogios para ensalzar la “apostólica” misión de educar… los demás días, más bien se consagran a subrayar la pobre situación de “nuestra educación” vista desde los panoramas de los exámenes llamados evaluación, realizadas por diversos organismos especializados, quienes a la par que las autoridades y los grupos de “observadores de la educación”, achacan la culpa de estos fracasos a las maestras y maestros mexicanos.


Pocos otean en la historia personal de los maestros, quienes día a día, semana tras semana, convencidos de que con su esfuerzo se puede tejer una nueva sociedad, dejan vida, salud, empeños y anhelos en un quehacer cuyos frutos parecen efímeros y prácticamente no son “medibles” con los baremos del poder y desde él.

La historia de la educación –en particular la de México- poco nos dice de ese trabajo oscuro, sistemático y enriquecedor de historias personales que se desenvuelven en la cotidianidad de nuestros espacios educativos que llamamos escuelas.

Sin embargo, ahí se forjan voluntades, se hilvanan amistades, se incuban utopías, se abren horizontes, se recrean ilusiones… y esto no se cuantifica ni es materia tangible de evaluación.

Tampoco interesa a los poderes –ni al político, ni al “cultural”, ni al sindical, y menos al “educativo”- recoger y valorar, sistematizar y socializar los éxitos –pequeños o grandes- que los maestros viven sin aspavientos en muchas jornadas de trabajo.  Sólo las anécdotas de la vejez –frecuentemente repetidas a oídos de amigos o familiares- parecen ornar la memoria de estos maestros y maestras cuyo saber y experiencia se esfumará en el olvido de la tumba.

Hoy día del maestro, quiero hacer presente al CIPAE en la mente y el corazón de quienes nos enaltecen con su saber y experiencia: no van elogios estériles para ustedes.  Quisiera que estas líneas se cargaran de energía y que  irrumpieran en la historia personal de cada uno para no privar a generaciones futuras y a compañeros de viaje, de ese saber y experiencia, de la alegría de los éxitos vividos y de las angustias de los fracasos experimentados, e invitar a todos a escribir y compartir lo más posible de esta historia que con los años de docencia hemos anudado.

¡Feliz día del maestro!  Felicidad que se prolongue en el quehacer cotidiano; felicidad que se irradie a quienes nos rodean en la dura situación del México que nos están diluyendo desde el poder, por ignorancia, por incompetencia o por buscar intereses ajenos al bien del pueblo.
Gracias por ser maestros en CIPAE.  Gracias por hacer de la educación permanente una forma comprometida de vida.

Mayo 15, 2010.

*Luis G. Benavides Ilizaliturri es doctor en múltiples y diversas disciplinas, políglota, amante de las matemáticas, es considerado uno de los mejores educadores de la actualidad en el mundo.
 
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