19 de enero de 2019


Dicen que “explicar” la poesía es quitarle lo que de poético tiene, pero haré el intento, a petición del poeta. Un comentario breve, aunque la brevedad no es precisamente una de mis fortalezas.

Poesía joven, pero profunda; sencilla, pero intensa.

Si bien no encuentro en los poemas del doctor Abel Pérez Rojas la grandeza, madurez, brillantez de Baudelaire, Shakespeare o Benedetti (por mencionar sólo algunos de los genios de la poesía) me he puesto a considerar que no tendría por qué poseer dichas características. Siempre creí que sólo las obras de los genios valían la pena. Error redondo.

Hoy entiendo que la poesía del poeta joven, sencillo (pero no simple), común (no por igual sino por constituir el compañero del día a día, el vecino, el colega en el trabajo, el padre o madre de familia) sin trampas, sin trucos, auténtica, transparente es tan valiosa y bella como la de aquellos poetas genios. Y lo entiendo gracias a la poesía de mi estimado doctor Abel. Insisto, ¿qué importa si un poema no tiene la maestría de Baudelaire?, ¿la agudeza de Cortázar?, ¿la pasión de Sabines?

Sus poemas, doctor Abel, expresan, vibran, dicen. Sus poemas son como el Portento que describe: “todo el fuego del universo en el corazón”.

Ciertamente, podría decir que –a mi parecer– les falta maestría en el manejo del lenguaje, quizá un poco más de expresividad (de ésa que hace que uno estalle en llanto, en carcajada o en súbitas ganas de morirse) quizá algo de genialidad, pero me gusta. Me gusta porque encuentro en ella la destreza para expresar que yo no tengo; la capacidad de decir que yo quisiera; la audacia de mostrar, desnudar el alma, sin tapujos, sin reservas, sin miedos ni ataduras. Eso ya quisiera poder hacerlo yo.

Además, refleja esa tremenda capacidad que Abel tiene de observar, comprender, mirar en lo profundo del corazón (el ajeno y el propio) y manifestarlo mediante la palabra. Expresar lo inefable, eso es ser poeta. La poesía de Abel expresa, dice, vibra, vive, es.

Quizá le hace falta más fuerza en el ritmo, pero creo que eso se logra poco a poco, con la ayuda del tiempo, la experiencia y la adversidad.

Graciela Salas Palma es egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP.