27 de enero de 2017

Por una paradoja de la Historia, lo que fuera si no concebido, sí cuando menos desarrollado como un poderosísimo instrumento al servicio del Poder, acabó cayendo en manos de la población civil, que por primera vez tiene así acceso directo no sólo a la información, sino a los medios de producción de ésta.

Me refiero, por supuesto, a la Red del Ancho del Mundo –World Wide Web-, uno de cuyos usos posibles, nada frívolo o trivial, es difundir en tiempo real sucesos que afectan ahora mismo a las personas, pero que difícilmente podrían atender los periodistas tradicionales, para no hablar ya de su consecuente difusión, sujeta a todo tipo de restricciones o filtros.

Pero también lo insospechado por unos y otros: los secretos mejor guardados de la burocracia gubernamental, Ejército incluido. That’s all the rage con las fugas o leaks posibilitadas por personajes como Julian Assange, Edward Snowden o Chelsea Manning que, sin embargo, no fueron los primeros ni serán los últimos en hacerlo. (Todos los que fuimos adolescentes en los años 70, recordamos a Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes dieron a conocer en THE WASHINGTON POST el infame asunto WATERGATE, de enormes consecuencias para la sociedad norteamericana de la época. (Hay hasta películas alusivas al caso, como ALL THE PRESIDENT’S MEN (1976) de Alan J. Pakula.)

Pero el papel crítico –en uno u otro sentido- de la Prensa o sus equivalentes en el ejercicio relativamente) terso o accidentado del Poder era conocido desde antiguo. Por eso el interés de los tiranos en instaurar un régimen de CENSURA y de los opositores en echarlo abajo. (Hace poco más de treinta años, una amiga me contó que en 1968, en lo más álgido del Movimiento estudiantil de ese año, pasó un fajo de (hojas) volantes antigobiernistas bajo las narices de los soldados que esculcaban a todo joven sospechoso de pensar y expresarse, declarando que eran pruebas de sus alumnos que llevaba a casa para calificarlas.)

Justo en estos días ha comenzado nuevamente una “original e ingeniosa” (¿?) campaña mediática para convencer a la “opinión pública” –lo que sea signifique eso- de la necesidad de censurar Internet para seguridad de todos. Y no pocos civiles, pero con mentalidad de regidores –de regis, rey-, como que empiezan a asentir, sin reflexionar siquiera en las verdaderas motivaciones y alcance de tan “filantrópica” sugerencia, inusual en un Estado para el cual, lo que menos importa, es precisamente el bienestar de la gente.

¿No será, en cambio, que los nuevos Damocles, como su semejante de la leyenda griega, han tomado conciencia del peligro que representa para ellos la existencia de una especie de Sistema de Información Ciudadana –SIC, “así” en latín- espontáneo, no asalariado y virtualmente omnipresente, y tratan de curarse en salud?

PIENSA MAL Y ACERTARÁS”, dice un viejo proverbio. Y estamos en un momento que, por el descontento social acumulado, empiezan a surgir informaciones indeseadas, pero que antes de descartarlas a priori y sumarnos al coro que aboga por la censura, ideemos juntos formas de validarlas o lo contrario, sin esperar el imprimatur de las Autoridades como garantía de su veracidad o posibilidad.

Después de todo, los civiles también pensamos y DISCERNIMOS… ¡la mayor parte de las veces mejor que aquéllas!

 

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey)  es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.