MANIFIESTO POR EL GÉNERO DEL CUENTO DE NUNCA ACABAR
Minuto a Minuto

 

 

 

  • El cuento de nunca acabar es desde las tradiciones, en gran medida, uno de los antecedentes de la hiperbrevedad literaria, y puede que haya nacido en un contexto de adultos y en las conversaciones interpersonales (tal cual nació el cuento clásico y nació el cuento hiperbreve) como una suerte de ingenio tierno a compartir, como broma cómplice, de inicio probablemente con muchas más de sus presencias dentro de lo humorístico que dentro de lo dramático. Con el transcurso de los años, posiblemente con su conocimiento por los adultos  y con el mayor desarrollo de las sociedades, el cuento de nunca acabar derivó hacia el contarse a los niños, y luego, también, a ser contado entre los propios niños, instalándose con mayores presencia en esos ámbitos. O puede que haya nacido directamente para la relación con los niños y después adquiriera presencias específicas en cuanto a los adultos. En modo alguno el cuento de nunca acabar como fórmula y género en sí puede considerarse hoy ni exclusivo de las tradiciones, ni exclusivamente para/con los niños (lo mismo, entre más, ocurría con el cuento oral, que en 1975, cuando comencé a renovarlo, y a fundar ese nuevo arte que es la narración oral escénica, era visto en nuestras sociedades como algo del pasado, como algo de las tradiciones y/o como algo para los niños), ni puede considerarse exclusivamente el cuento de nunca acabar como divertimento, ni exclusivamente como humorístico. Reparar, por ejemplo, en el carácter terrorífico que puede tener una reiteración dramática de nunca acabar. Regresando a lo de su fórmula desde lo de su casi siempre hiperbrevedad, en efecto muchas de las estructuras de esos o aquellos cuentos de nunca acabar argumentalmente no tienen principio y medio (comienzo y nudo); y otros cuentos de nunca acabar ni siquiera llegan a contar algo; y es que, me permito insistir por su relevancia, por una parte constituyen una fórmula y género en sí, y, por otra parte, en cuando a la hiperbrevedad oral o literaria, muchos se inscriben en ese género al que nombro como de la fugacidad o de la vertiginosidad, a ese género relámpago, uno que muchas veces además, desde otros ángulos, está entregéneros (poesía que cuenta o narrativa que cuenta con aliento poético...). Ya en un ensayo que he difundido desde la década de los noventa y editado hace unos años, he escrito, respecto a los cuentos fugaces que no tienen la estructura clásica del cuento, que para un texto hiperbreve es factible: Ser el género de la vertiginosidad narradora o narrativa, el de la trama vertiginosa, casi fugaz, o súbita, o instantánea, o relámpago, tanto más ceñida a un género propio (este “género relámpago”, este “género de la fugacidad”) cuando menos ceñida a los parámetros del género cuento, y cuanto más trama abierta.
  • El cuento de nunca acabar no ha sido suficientemente estudiado en las sociedades de escritura y en las de escritura y medios audiovisuales, y mucho de lo que se ha afirmado va de lo peyorativo a lo superficial y poco acertado. No se ha percibido que estos cuentos al infinito, que estas obras contadas sin dar fin, sólo son obras simplemente repetitivas, y no mágicamente reiterativas, si quien los dice repite de modo plano en vez de reiterar de modo creativo por medio de los recursos de la voz y del cuerpo; que sólo son repetitivas si quien escucha o lee no percibe a ese cuento de nunca acabar como reiterativo, que no repetitivo, y por tanto sugerente para la comprensión multifacética y la imaginación desbordada. Si no se percibe dentro de lo dramático sus capacidades para agigantarse con las reiteraciones. De manera alguna puede afirmarse en negativo que son productos interminables, ni debiera calificárseles de interminables sin matizar esta afirmación (dado que incluso el argumento puede terminar; lo que sigue siempre, lo que siempre se sugiere como infinito, es el acto de contarlo); este género de obras, al ser dicho, sí que termina físicamente de ser contado (aunque su estructura sigue siendo reiterativa, e implica un no cesar…) porque cuando la interacción entre quien dice y escucha (y aquí sí hay o debe haber comunicación) lo aconseja, lo exige, se interrumpe; y en lo literario, como conocemos, el texto no es (ni obviamente podría ser) escrito interminablemente sino que, por ejemplo, la reiteración, a poco de haber comenzado, se corta con tres puntos suspensivos (en relación a una u otra estructura reiterativa de las de los cuentos de nunca acabar; se corta en una u otra palabra o frase) y depende del perceptor cuánto le sigue resonando adentro. Por supuesto no son obras, las de nunca acabar, que se agoten en sí mismas, sino al contrario, y sólo pueden aburrir a los aburridos. Son los cuentos de nunca acabar desde siempre sutiles y/o agudos y/o perspicaces y/o sagaces, entre más, y son, mucho, desde el sentido del humor del uno para, o para/con, el sentido del humor del otro, y son, muchos, para la gracia y el divertimento. En las niñas y niños, los cuentos de fórmula contribuyen a incentivar la atención y la inteligencia, entrenan la memoria, dimensionan la asociación de ideas y la capacidad para imaginar y relacionar, estimulan las actitudes reflexivas, enriquecen el lenguaje y sus posibilidades…
  • Lo peyorativo en cuanto al cuento de nunca acabar comenzó cuando a  esta fórmula se le denominó desde lo negativo, se le denominó “de nunca acabar”, y no “decir sin fin”, o “decir al infinito o hasta el infinito”, o “cuentos, poemas y preguntas, dichos hasta el infinito”, o “dichos y vueltos y vueltos y vueltos a decir” entre más posibles en positivo; llegando en la actualidad lo peyorativo a convertirse en un modismo que incluye a la fórmula y género artístico en sí (por ejemplo “es como un cuento de nunca acabar”); modismo que se utiliza para tipificar situaciones de la realidad social o humana que no parecen tener soluciones definitivas y que se reiteran como, o con, engaño (por ejemplo: “es una negociación de nunca acabar”). Pasa en general como con el cuento y con el contar, algo tan fundamental, valioso y excepcional en positivo, tan insustituible, y de lo que hay expresiones tan desafortunadas y negativas como “no me cuentes” o “no me cuentes cuentos”, “esos son cuentos”, “eso es un cuento chino” (que ignorando la sabiduría milenaria de la oralidad y la literatura China del género implica una doble desvalorización), “vivir del cuento”, entre otras frases que pueden existir y hasta proliferar en la publicidad porque aún nuestras sociedades (a veces tan incultas y/o tan irresponsables y/o tan alienadas) son en parte desconocedoras de lo que viene desde el pasado y/o viene desde la imaginación y la sensibilidad y la humanidad, sin darse cuenta que desconocer y desvalorar las empobrece.
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