EDUCACIÓN PREESCOLAR Y LA LIBERTAD DE CÁTEDRA (I)
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   EDUCACIÓN PREESCOLAR Y LA LIBERTAD DE CÁTEDRA (I) 

Por: Luis Fernando Paredes Porras*

 

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En México, en el año 2004 el Programa de Educación Preescolar, denominado PEP, abrió, como nunca antes, la posibilidad para la creatividad de los profesionales que trabajan con niños entre 3 y 6 años de edad.

 

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 Las competencias pasaron a ser el eje de todo el programa y desde entonces, se han escrito muchos libros relacionados con las prácticas educativas del nivel preescolar basadas en competencias, la SEP  ha dado múltiples talleres para facilitar la comprensión del enfoque del PEP sin que, a 4 años desde su implementación, las educadoras y las familias comprendan plenamente las intenciones del programa, así como las formas de operarlo, evaluar y, en el caso de madres, padres, abuelos y demás adultos a cargo de la educación de los niños, contribuyan a su  desarrollo en el hogar.

   

Inscribir a lo niños al  preescolar es obligatorio; es el  inicio de un proceso que termina con la secundaria, y durante y después del cual, somos capaces, primero paulatinamente y después de forma permanente, de encarnar el ideal de educación plasmado en el artículo tercero de la constitución, que busca en el individuo: el desarrollo armónico de todas sus facultades; fomentar  el amor a la patria, la solidaridad internacional, la lucha contra la ignorancia y sus efectos: servidumbre, fanatismos y prejuicios; el aprecio por la dignidad personal, la integridad familiar; la convicción del interés general de la sociedad abrazando los ideales de fraternidad e igualdad de derechos. Este ideal demanda  un proceso sistemático y paulatino de desarrollo de competencias. Es decir, no basta con nacer para que, de manera natural, vivenciemos los objetivos de la educación en nuestro país; hay que enfrentarnos a un proceso organizado que el estado ha señalado de 12 años, comenzando con la educación preescolar. Resultado de la educación básica, una mexicana o mexicano debiera contar con las competencias para hacer realidad el ideal educativo, y es ahí, en el debiera, donde, dicho muy mexicanamente, “la marrana tuerce el rabo”. 

 

Pero quiero abordar sólo en nivel en donde no la marrana, sino el lechón, tuerce más su ya retorcido pedúnculo: la educación preescolar.  Como nunca antes, el nivel preescolar demanda la actualización y formación de las educadoras y educadores, dado que la operación del PEP exige de este nivel educativo, la reflexión profunda y acción constante del tamiz más complicado de todos: la resignificación de la infancia.

 

En este sentido, el de revisar nuestros paradigmas que orientan consciente o inconscientemente nuestro quehacer profesional, recuerdo mi sorpresa dada la  polémica generada por mi  afirmación, ante un grupo de aspirantes a la maestría en pedagogía, que  los maestros, doctores en pedagogía, en educación  y los profesionales de la misma, deberíamos involucrarnos más con el nivel  preescolar. Sostuve que las personas mejor preparadas con grados académicos, deberían trabajar también en las aulas de los preescolares, realizando investigación, desarrollando metodologías, etc; puesto que, nuestros estudiantes del  nivel medio superior y superior, deben ser competentes para aprender por sí solos-  independientemente de las habilidades didácticas del profesor o individuo con más experiencia,  información o conocimiento en el campo de estudio en cuestión -. Es que  después de 12 años de educación básica, debemos contar con los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes, (que es lo que conforma una competencia) ser individuos competentes para aprender, para extraer información y conocimiento incluso de quienes no quisieran o pudieran proporcionarlo de una forma didácticamente intencionada. Otro de mis argumentos iba en el sentido de que los objetivos y posibilidades que el PEP ofrece a los profesionales de la educación, para la innovación metodológica y la investigación, - una vez que comprendemos la trascendencia del nivel- , nos resulta inigualable .  Fue entonces cuando, la única educadora de preescolar en el grupo, opinó que no era necesario el que un  Dr. o Maestro en pedagogía se involucrara en el trabajo del jardín de niños, ya dando clase o  dirigiendo un preescolar, puesto que  no se trataba de “la educación superior”.

 

Esta realidad ya es mencionada en el PEP (Pág. 7).

 

 “De este modo – aunque falta mucho por recorrer – paulatinamente se ha superado  una visión que minimiza la función de la educación preescolar al considerarla como un espacio de cuidado y de entretenimiento  de los niños, carente de metas y contenidos educativos valiosos, o bien como nivel exclusivamente propedéutico. (Esta visión se comparte entre amplios sectores sociales y también, explícita o implícitamente, por sectores de educadoras, lo cual se constituye en fuente de insatisfacción profesional o, en sentido inverso, en factor de justificación de rutinas y prácticas irrelevantes)……En la configuración de las prácticas educativas influyen tanto el programa educativo  como las concepciones explícitas o implícitas que las educadoras tienen acerca de los niños, de cómo son y cómo aprenden, la importancia que atribuyen  a tal o cual meta educativa, el estilo y las habilidades docentes, entre otros elementos”.

 


 

 

La re – evolución que demanda el programa 2004 de la educación preescolar, nos pone a los profesionales de la educación – no sólo a los que se han formado y forman  en las Normales en Educación Preescolar – alertas frente a las posturas de la sociedad en general y de muchas educadoras en ejercicio, en formación y formadoras de otras educadoras, en cuanto a las expectativas de este nivel,  a más de  4 años de su reforma.

 

 No hablaré ahora de la dificultad que las y los profesores de las Normales tienen para enseñar el desarrollo de competencias cuando ellas y ellos, en muchos casos al igual que en otras instituciones,  no han realizado la metacognición de las mismas docentes y discentes. Sería absurdo negar que todos, en determinadas situaciones somos competentes (poseemos conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes) que nos permiten resolver nuestra cotidianeidad, pero es distinto si hablamos de ser conscientes de la situación que guarda nuestro nivel de competencia tratándose, de enseñar a  desarrollar competencias específicas.

 

La invitación del PEP a adentrarnos en la filosofía y epistemología de la educación desde diferentes frentes y con distintos medios, es reto y  deber  impostergable  a la vez que  enriquecedor.

 

Convencido estoy  de que,  para romper con el paradigma de que la educación “superior”  lo es - en el sentido de superioridad-  ante los demás niveles, - y en esta lógica, el preescolar todo tiene que pedirle y poco que aportar- , puede ayudar el demostrar que la educadora de preescolar y demás profesores del nivel, al igual que sucede en muchas ocasiones en la educación superior, pueden ser catedráticos1. Ello nos lleva entonces a poder afirmar que dentro del preescolar, de conformidad al PEP, se puede y debe dar la libertada de cátedra.

 

Pero de ello hablaré en mi próxima entrega, mientras tanto…  cogitabundo ando.

 

Nota:

1.     Cátedra: n. f (del lat. Catheedram). Poner o sentar cátedra de algo, saber mucho de ello o ser muy hábil en ello.

 

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Colectivo a Favor de la Infancia

 

* Luis Fernando Paredes Porrases director del proyecto Las 1001 Voces , el cual consiste en desarrollar el pensamiento crítico de los niños a través de la comunicación. Luis Fernando Paredes Porras es conferencista y facilitador en educación.

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