LA EDUCACIÓN EN MÉXICO: ¿UN FACTOR DE DESIGUALDAD?
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     Una vez salidos del sistema de educación básica, las personas también encuentran obstáculos en la educación media. En ella se generan factores que reproducen la desigualdad económica, social y cultural que persiste en nuestro país. Fidel Zorrilla nos explica que el bachillerato no ha sido considerado formativo, y sí como un medio de purga para el nivel superior. Si la eficiencia terminal del bachillerato, por múltiples causas, apenas alcanzaba el 50% y la eficiencia terminal de la educación superior apenas el 35%, entonces el bachillerato sólo funcionaría para el 15 o 20% de la población que accede a él. Se trata, evidentemente, de una minoría la que podrá acceder y terminar el nivel superior, lo que hace del sistema educativo en estos estratos, también un propiciador de la inequidad y la desigualdad [23].

     Así pues, la calidad, las gestiones administrativas, las estrategias de selección (purga) con las que el sistema educativo trabaja desde hace tiempo, constituyen factores que reproducen la desigualdad. Esto quizá (acaso mejor debamos decir “ojalá”) se debe no a acciones voluntarias por parte de las políticas educativas, sino a la ineficiencia de la no-acción: la no mejora de la calidad, lo que contribuye a la inequidad educativa; la no mejora de la gestión educativa, lo que deja fuera  de las escuelas (sobre todo en los niveles medio y superior) a muchos jóvenes; la falta de voluntad para hacer del proyecto educativo nacional uno de los ejes sobre los que gire la prospectiva de nuestro país...

 

3. Últimas palabras….

 

A pesar del panorama más bien desesperanzador que el sistema educativo mexicano ofrece hoy día, se puede afirmar que la educación sí puede mitigar la desigualdad y, de hecho, lo ha logrado en la región de América Latina y el Caribe [24].

     Si puede mitigar la desigualdad, se debe a que en el interior de algunas escuelas, y a pesar del horizonte educativo general y las políticas educativas, la educación logra niveles de calidad elevados respecto de las expectativas y pronósticos que se tenían para ellas. Estos pronósticos estaban sustentados en el contexto socioeconómico en el que están insertas dichas escuelas, mismo que, en teoría, hacía esperar un desempeño educativo bajo.

     El desempeño cualitativo en dichos contextos, de alguna manera logra paliar las condiciones desventajosas e inequitativas que en cuestiones educativas persisten en las regiones o estratos con altos niveles de marginación y muy bajos índices de desarrollo humano [25]. “[A]lgo debe suceder en el interior de la administración de las escuelas que ocasiona que algunas de ellas, aún en pésimas condiciones socioeconómicas, obtengan tan buenos resultados académicos como las mejores de regiones con niveles socioeconómicos mucho más elevados” [26]. Así entonces, “se puede afirmar que la escuela es generadora de equidad porque mitiga el impacto negativo del contexto cultural de los alumnos” [27].

     La importancia del papel del maestro, de las interacciones y estrategias pedagógicas y didácticas implementadas en el aula, sumado al esfuerzo del entorno familiar y de la comunidad, son elementos que pueden potenciar, a pesar del entorno del sistema educativo, una mejora relevante en la calidad educativa. Por su parte, el Programa Nacional de Educación 2001-2006 reconoce “que la calidad del sistema sólo puede ser fruto del trabajo de cada maestro en cada aula de cada escuela […]” [28]. Pero esta declaración dista mucho de ser loable y, por el contrario, parece buscar eximir a otros actores e instancias que conforman el sistema educativo mexicano de la responsabilidad que les corresponde en el mejoramiento de la educación.

     Hablando específicamente de la labor docente, y a pesar de la innegable responsabilidad y valor que reposa en ella como potenciadora de una educación de calidad, debemos saber que el sistema educativo mexicano, precisamente como tal sistema, está integrado de múltiples elementos, únicamente bajo cuyo trabajo conjunto puede darse el óptimo funcionamiento del todo. Sólo esto puede asegurar a la educación (al menos en sus niveles básicos) el papel que la Constitución le atribuye. Dejar enteramente al maestro la responsabilidad de sacar adelante la función social de la educación, así como la mejora de la calidad, más que un halago es un no-hacer por parte del sistema entero; es una delegación excesiva de tareas y responsabilidades.

     Ante esta situación, resulta incontestable impulsar la mejora y el desarrollo de la preparación del maestro, para que éste profesionalice su trabajo y se actualice. Pero hacer reposar enteramente la calidad educativa, que de alguna manera implica la igualdad educativa, en la labor docente, es irreal y romántico.

     Diremos entonces que la educación sí mitiga la desigualdad; combate la desigualdad y procura, entonces, la igualdad y la equidad. Pero, por otro lado, no lo hace, pues en tanto sistema parece querer depender de la calidad, vocación, entrega y profesionalismo de los maestros, quienes muchas veces realizan su trabajo a pesar del sistema educativo y contra el contexto socio-cultural de los estudiantes. Además, en el sistema educativo del Estado, encargado de proveer educación gratuita en sus niveles básicos, existen factores que reproducen y al mismo tiempo generan condiciones de desigualdad que, al parecer, se espera el maestro pueda mitigar, especialmente la desigualdad implicada en la diferencia de calidad.

     Esta es nuestra respuesta doble y ambigua: puede pensarse que la educación en tanto no combate la desigualdad, sino hasta la propicia. Pero la educación en tanto preparados para desempeñar una labor docente seria, comprometida y de calidad, sí puede paliar la desigualdad y promover así la igualdad, al menos en su aspecto de calidad educativa. De ahí que su constante preparación y actualización sea crucial.

 

Diremos por último que la educación no puede ofrecer soluciones inmediatas ni absolutas a los problemas de carácter socioeconómico, histórico-cultural y político del país. Expresiones como “sólo a través de la educación México podrá enfrentar los retos del futuro”, “sólo la educación sacará a México de la pobreza”…, etc., asumen a la educación como la panacea de males que, en realidad, son estructurales y dependen en gran medida de las políticas y estrategias económicas y de política social implementadas por el Estado. La educación no puede, por sí misma, atacar la desigualdad ni procurar justicia social. Creerlo exime a los gobiernos de las acciones que debe implementar para favorecer un estado de cosas más justo y equitativo; y al discurso político y filosófico lo exime de enfrentar la caducidad y fracaso de ciertos sistemas económicos y políticos que, a pesar de ser alabados incesantemente en los foros internacionales, no han logrado la igualdad, ni tan siquiera la libertad, aún en sus propios términos.

* Ximena Franco Guzmán es egresada de la Facultad de Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es docente en nivel bachillerato.  

 

Notas y Referencias:

 

1.     Cfr. Pnzsa, M. Pedagogía y currículo, p. 12.  

2.     Cfr. “La educación escolar: entre la modernidad y la posmodernidad en Latinoamérica” (sin más datos).

3.     Cfr. B. Franklin, Martin. “The Currículum Field and the problems of Social Control, 1918-1938. A study in Critical Theory”, (¿pp?) 

4.     Cfr. Casassus, J.  La escuela y la (des)igualdad, p. 74. 

5.     Ibidem.

6.     Ibidem. 

7.     Cfr. Ibidem.

8.     Cfr. “La política educativa en México”, Revista Iberoamericana de Educación (sin más datos).

9.     Para 1999, en la región Latinoamericana, tan solo el 5% de la población acaparaba un cuarto del total del ingreso, y un 10% percibía el 40% del mismo. Lo anterior significa que el 15% de la población percibía el 65% del total del ingreso, mientras que el resto (85% de la población) se reparte el restante 35% del total del ingreso. En términos de desigualdad e inequidad, las cifras de la región latinoamericana superan a las del continente africano. Cfr. Casassus, J. op.cit., p.65.

10.  Cfr. “La política educativa en México”, p. 55.

11.  Los consecuentes problemas que la creación de la SEP, como la centralización de la gestión educativa y los problemas sindicales (con sus clientelismos y mafias) que ella conlleva de alguna manera, no serán abordados en este trabajo.

12.  Llevó 60 años a los gobiernos mexicanos lograr cumplir el objetivo de cobertura educativa planteado desde los años veinte. Es sólo hasta 1981 que, según se declara oficialmente, está cubierto el 96% del territorio nacional. Cfr.  Zorrilla Alcalá, Juan, F. “La política educativa en México: apuntes para una perspectiva a largo plazo” (sin más datos).  

13.  Cfr. Martínez Rizo, F. “Las políticas educativas mexicanas antes y después de 2001”, Revista Iberoamericana de Educación, p. 53.

14.  Por ejemplo, el estatus socio-cultural bajo, que depende mucho de cuestiones económicas y sociales ajenas al alcance inmediato de la educación, se asocia a un menor desempeño educativo, lo que al mismo tiempo representa menores posibilidades de eficiencia terminal y, con ello, menores posibilidades de acceder a los beneficios que se supone la educación debe acarrear.

15.  El presupuesto destinado a educación superior para el Ejercicio Fiscal 2008 es de más de 70 mil millones de pesos, lo cual únicamente representa el 1% del PIB. Sin embargo, las autoridades consideran la cifra como “histórica”, pues por primera la inversión alcanza un número entero.

16.  La pobreza es una de las formas de la desigualdad, y en nuestro país es uno de los problemas más serios. Los resultados obtenidos por la encuesta Lo que dicen los pobres, realizada por la SEDESOL en 2003 (que  pretende ser un acercamiento a las ideas y opiniones que los pobres tienen en torno a su pobreza), encontró que sólo el  7. 32% de los encuestados considera que una mejor educación contribuiría a solucionar el problema de su pobreza. Cfr. Lo que dicen los pobres (encuesta), pág. 5. un resumen de esta encuesta puede encontrarse en la siguiente ruta: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/15_otros_pdf/LoQueDicenPobres.pdf

17.  Cfr. “La política educativa en México”, Revista Iberoamericana de educación, y Zorrilla Alcalá, Juan, F. op.cit.

18.  México ocupa el penúltimo sitio en calidad educativa de casi 30 países evaluados por la OCDE en el PISA, 2000, sólo por encima de Brasil. Cfr. Andere M., Eduardo.  La educación en México: un fracaso monumental. ¿Está México en riesgo?, p. 88. En el estudio de la UNESCO, realizado únicamente para países de la región de América Latina y el Caribe, México está muy por debajo de la calidad educativa de Cuba, y debajo también de países como Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Bolivia y Paraguay. Cfr. Casassus, J. op. cit., pp. 208-209.

19.  Cfr. Andere M., Eduardo op.cit., p. 80, gráfica 4.8

20.  Cfr. Casassus, J. op.cit., pp.212- 217, gráficos 5-10. Sin embargo, las gráficas que comparan educación privada y pública reducen sus diferencias drásticas en cuanto se modifican otros factores, no necesariamente económicos, sino sociales.

21.  En los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas es donde más claramente puede observarse la relación entre desigualdad y educación. Dichos estados se cuentan entre los que poseen índices altos de marginación, en términos sociales y económicos. Al mismo tiempo, son también los peor evaluados de todos, los que poseen mayores índices de analfabetismo y la mayor población con 15 años sin educación primaria. Cfr. Andere M., Eduardo, op.cit., pp. 43, 51, 53, 61.

22.  Ciertamente, otros factores influyen en la calidad educativa. Juan Cassasus incluye en su estudio: el nivel de educación de los padres, el tiempo que los padres están en casa los días laborales, los libros en el hogar, la estructura del núcleo familiar. Estos factores integrarían el estatus socio cultural, que se considera uno de los factores de mayor influencia en el logro de los estudiantes.  Cfr. Casassus, J. op.cit., p. 127.

23.  Cfr. Zorrilla Alcalá, Juan F. op.cit., p. 89.

24.  Cfr. Casassus, J. op. cit., p. 160.

25.  Cfr. Andere M., Eduardo, op.cit., p. 73.

26.  Ibidem.

27.  Casassus, J., op. cit., p. 160.

28.  Martínez Rizo, F. op.cit., p. 48. Las cursivas son mías.

 

 

Bibliografía

 

1.     Andere M., Eduardo. La educación en México: un fracaso monumental. ¿Está México en riesgo? Editorial Planeta, México, 2004.

 

2.     Casassus, J.  La escuela y la (des)igualdad. Ediciones Castillo, México, 2005.

 

3.     B. Franklin, Martin. “The Currículum Field and the problems of Social Control, 1918-1938. A study in Critical Theory”, en W. Apple, Michael. Ideología y Currículo, Akal, Buenos Aires, 1986 (¿pp?) 

 

4.     Panzsa, M.  Pedagogía y currículo. Guernika, México, 1999.

 

5.     “La educación escolar: entre la modernidad y la posmodernidad en Latinoamérica”  (sin más datos).

 

6.

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