LA EDUCACIÓN EN MÉXICO: ¿UN FACTOR DE DESIGUALDAD?
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    Sin embargo, la realidad educativa en nuestro país dista mucho de generar las condiciones igualitarias necesarias para cumplir las expectativas que la educación comporta y es capaz de satisfacer respecto del bienestar y calidad de vida de los individuos y la sociedad. La realidad educativa mexicana está plagada de contradicciones. Unas se originan en el seno de las instancias educativas, otras corresponden a problemas estructurales cuyas implicaciones desbordan las posibilidades y los alcances del sistema educativo mexicano.

 

2.2 La realidad fuera del aula afecta el aula

 

La situación económica y política mexicana impone ciertos condicionamientos a los que el sistema educativo se ve constreñido. Por sí solo, él no puede solucionar problemas estructurales y multifactoriales como la pobreza, la marginación, el desempleo. Todos ellos afectan la eficiencia de la educación en su labor de desarrolladora de las condiciones de vida de los individuos y de la sociedad en su conjunto [14].

     Cada vez se generaliza más la opinión de que la educación no sirve para mucho. Al menos, no sirve para satisfacer las necesidades más apremiantes de los habitantes de este país, pobres en su mayoría. Es común ver a egresados universitarios de las áreas de ciencias dedicándose a la docencia únicamente por necesidad, porque no hay campo laboral adecuado y aprovechable para su acción. Universitarios y técnicos se subemplean o emigran, porque su país es incapaz de ofrecerle las condiciones laborales suficientes para su desarrollo profesional. Frente a este panorama, la legitimación de la educación ha decaído. Los mismos gobiernos parecen creer tal cosa, al invertir cada vez menos en educación [15]. 

     Además, problemas de gestión administrativa y de carácter político jalonan e influyen negativamente en el desempeño de la SEP –hablando de la educación obligatoria impartida por el Estado-, así como en su papel de benefactora social.

     Sin embargo, la educación sí debería de poder ser un factor determinante en la mitigación paulatina de dichos problemas estructurales. Pero la percepción que las personas a quienes sería de más beneficio asistir a las escuelas y acceder a los niveles superiores educativos, es decir, las personas que social y económicamente se encuentran en posición de desventaja y vulnerabilidad, no perciben  la educación como una salida a sus problemas [16].

     Si a esto le sumamos la baja calidad educativa con la que la mayoría de las veces se encuentran al ingresar a las escuelas públicas, y las escasas ventajas que una educación de este tipo representa para su mejoramiento económico y social, tenemos que su perspectiva, desgraciadamente, está ampliamente justificada en su experiencia.

     Ciertamente, algo no funciona en la relación educación-sociedad, ni mucho en la relación educación-movilidad social, que los impele a pensar de esa manera. ¿Qué puede ser eso que no funciona?

 

2.3 Algunos factores que reproducen y generan la desigualdad educativa

 

La urgencia de cobertura educativa trajo como efecto el descuido por los aspectos cualitativos de la educación [17]. Y aunque desde los años ‘70’s se han implementado reformas y planes encaminados a mejorar la calidad, éstos no parecen haber rendido sus frutos. Si nos atenemos a las evaluaciones internacionales en las que México ha participado, una realizada por la OCDE (PISA, 2000) y la otra por la UNESCO (PEIC o “Laboratorio”, 1998-2001), y aceptamos que sus criterios de evaluación son adecuados y aplicables a nuestro sistema educativo (lo que en el caso de la OCDE parece ser más dudoso que en de la UNESCO, pues este último estudio fue realizado únicamente para países latinoamericanos, y en el primero únicamente México y Brasil participaron por nuestra región), entonces tendremos que concluir que la calidad educativa en México es muy mala [18]. Sin embargo, como veremos a continuación, no es tan mala para todos.

     A pesar de que la igualdad en términos de cobertura ha sido más o menos cubierta en su totalidad, la igualdad en términos de calidad al interior del país dista mucho de haber sido cubierta. En lo que respecta a los niveles básicos de educación, el estrato educativo privado, correspondiente al sector poblacional urbano, es el mejor evaluado. Esto quiere decir que sus alumnos muestran un aprendizaje más satisfactorio. Por otro lado, en el estrato educativo público, y especialmente en el sector rural e indígena, los alumnos presentan un aprendizaje insatisfactorio, y sus evaluaciones caen muchos puntos debajo de las de los alumnos del estrato privado-urbano [19]. Esto quiere decir, en términos muy generales, que la educación privada es mejor que la educación pública [20].

     Pero si asumimos que el estrato urbano que acude a escuelas privadas tiene mayores medios económicos, a diferencia de aquellos que acuden a escuelas públicas, y a esto le agregamos el supuesto de que la educación es una fuente de oportunidades futuras que permiten movilidad social, estamos entonces ante el hecho de que aquellos que tienen más reciben además una mejor educación, misma que les ofrecería más y mejores posibilidades de movilidad social que a aquellos que tienen menos, y que al recibir una educación inferior en términos de calidad, obtienen menos posibilidades de oportunidades futuras [21]. La educación impartida por escuelas e institutos particulares es de mejor calidad que aquella impartida por el Estado en sus escuelas públicas [22]. La cobertura, al buscar combatir la desigualdad, aseguró a todos, en términos generales, el acceso a la escuela. Pero no a la misma calidad educativa. ¿No es esto un factor que reproduce la desigualdad?

     Además, la escuela es un filtro para los niveles educativos medio y superior. A través de sus exámenes y demás formas de evaluación, ella selecciona a los más para poder pasar al siguiente nivel, y debe tomarse en cuenta que el supuesto aceptado es que con cada nivel educativo terminado aumentan las posibilidades de un mejora integral de la vida del individuo. Por lo que la escuela y sus métodos de selección darán cabida a aquellos que estén más capacitados para responder evaluaciones, y muchos de ellos serán los que hayan recibido una educación de calidad (o de los que los organismos internacionales conciben como “calidad”).

 

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