02 de enero de 2015

- La Historia Jamás Contada -

El convivio hace una semana de “pueblo” y Ejército en instalaciones militares, trajo a mi memoria algunos flashbacks o instantáneas de la difícil relación entre las “fuerzas armadas” –usando el eufemismo periodístico- y la población inerme –“sin armas”- o civil: una, cuando el Día del Soldado  los niños mayores de Primaria acudíamos a entregarles en propia mano los regalos reunidos en la Escuela con ese propósito. (Antes del ’68, porque después sería –es-imposible idealizarlos.)

Esto en la Prehistoria, como acertadamente acotó en su momento el Presidente José López Portillo, pero lo que recordé puntualmente fue la “Ascención Vicente Guerrero” (al volcán Popocatépetl), cuando la tropa misma transportó y atendió cordialmente a los jóvenes que asistieron -¡quién lo dijera, después de aquello!-, en una clara maniobra de public relations para reganarse, si no la confianza, cuando menos la simpatía que parecía perdida para siempre.

soldadoPero no sólo ese “honorable” cuerpo represivo: también la parte civil del Estado trató de granjearse la (buena) voluntad de los jóvenes en esos primeros años del echeverrismo creando el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE), que con actividades ad hoc intentó promover –sin lograrlo- su expresión artística e intelectual como medio de distender la situación creada, a la vez que identificar posibles ideólogos más sintonizados con el momento histórico, una especie de New Left –Nueva Izquierda, la original- “a la mexicana”. (Tal vez la diferencia más importante entre el movimiento estudiantil mexicano y sus contemporáneos del Primer Mundo en esos años, fue la ausencia de elaboración teórico-ideológica del primero, privilegiando la emotividad y el espontaneísmo sobre el análisis racional, resultando una ritualística rayana en la necrofilia que prevalece hasta el presente. Gajes del subdesarrollo –académico, en este caso-.)

La juventud, especialmente la estudiantil media-superior y superior, por su propia experiencia existencial, vive los procesos sociales –que la afectan, como a todos- de una manera característica, aparentemente incognoscible para la generación adulta y particularmente los funcionarios del Estado, a quienes les resulta un auténtico enigma.

A todos ellos, de cualquier edad y condición social o política, les convendría realizar ocasionalmente un pequeño ejercicio de imaginación: visualizarse a sí mismos como eran en su adolescencia y juventud, en su entorno social específico y sentir qué cosas les preocupaban entonces. Luego, volviendo a la perspectiva que dan los años y tomando en cuenta los cambios sociales ocurridos, preguntarse cómo podrían resolverse ahora las cosas.

Ésta es la forma lógica de plantearse el problema, no la usual de contratar un “experto” que por una nada módica suma, revele el método secreto e infalible para resolver por arte de magia -¿o de mafia?- un conflicto mucho más que generacional.

Y menos aún volver a los “agitadores de ideas exóticas” moviéndose entre las (otras) sombras que sobrepoblaban la calenturienta imaginación de Gustavo Díaz Ordaz y su camarilla, que optaron por la “solución final” ante el terror que les provocaba lo que nunca entendieron: la Historia, tratando luego de limpiar su desmadre –mess- con campañitas de relaciones públicas.

*imagen (staticflickr.com)

Fernando Acosta_ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.