24 de noviembre de 2014
La fiebre de la enfermedad la provoca el cuerpo propio,
la del amor el cuerpo del otro
Hipócrates
Lo que nos faltaba, una enfermedad más viene a unirse a la larga serie de calamidades por las que está atravesando el país y me refiero a la fiebre chikungunya. El virus de este mal llegó ya a nuestro continente después de haberse extendido desde el Caribe a Centroamérica, Norte y Sudamérica. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta octubre existían 10,845 casos confirmados de esta enfermedad y al menos 113 muertes en todo el continente. Aunque esta enfermedad generalmente es importada, se saben ya de casos autóctonos en tres países sudamericanos: Brasil, Colombia y Venezuela.
El chikungunya es una enfermedad relativamente reciente ya que apareció por primera vez en Tanzania en 1952. En los últimos decenios la enfermedad se ha propagado a casi 40 países de Asia, África, Europa y las Américas. En 2007 se notificó por vez primera la transmisión de la enfermedad en Europa, en un brote localizado en el nordeste de Italia. De acuerdo con la OPS, existen ya en América 9,537 casos autóctonos, 1,308 importados y 729,178 sospechosos en todo el continente. En los Estados Unidos se han detectado nueve casos autóctonos y 1,043 importados, mientras que en Canadá hay ocho personas contagiadas fuera del país, y en México, también contagiadas fuera, seis.
La palabra chikungunya proviene de la lengua makonde, hablada por un grupo étnico del sureste de Tanzania y del norte de Mozambique, y significa “doblarse”, en alusión al aspecto encorvado de los pacientes, posición que adoptan éstos debido al fuerte dolor articular que provoca la artritis que caracteriza a la enfermedad. Es conocido también este mal como “Artritis epidémica chikungunya” o “Fiebre de chikungunya”, es un virus que se transmite a las personas mediante la picadura de los mosquitos portadores Aedes; tanto el Aedes aegypti como el Aedes albopictus, es el mismo mosco que provoca el dengue -enfermedad que es considerada como un problema de salud pública que poco a poco va tomando espacios que estaban considerados como inadecuados para su desarrollo.
El virus chikungunya, tema que empieza a incorporarse dentro de la agenda de prioridades de atención en varios países de la región de América, se transmite de manera
similar a la fiebre del dengue y causa una enfermedad con una fase febril superior a los 40°C que dura de 2 a 5 días, seguido de un período de dolores intensos en las articulaciones de las extremidades; este dolor puede persistir semanas, meses o incluso durante años en un porcentaje que puede rondar el 12 % de los casos. Además, provoca un fuerte dolor de cabeza, dolor intenso de espalda, de músculos, náuseas, manchas rojas en la piel, conjuntivitis (enrojecimiento de los ojos) e hinchazón de las articulaciones. No existe vacuna o fármaco contra la enfermedad, existe en fase experimental una vacuna que el 31 de julio de 2014 dos científicos de la Universidad Estatal de Carolina del Norte anunciaron que cura el virus. Hasta la fecha no hay un tratamiento específico, pero existen medicamentos que se pueden usar para reducir los síntomas (paracetamol). El reposo y la ingesta de líquidos también pueden ser útiles. Las complicaciones graves no son frecuentes, pero en personas mayores y en niños la enfermedad puede contribuir a la muerte.
Se sabe que el chikungunya suele darse sólo una vez, luego del cual se desarrollan anticuerpos que se encargarán de proteger a las personas enfermas y, de acuerdo con evidencias disponibles hasta el momento, la inmunidad sería de por vida. Factores desencadenantes del virus son: el contacto con infectados; viajes a zonas que hayan declarado la epidemia; hemotransfusiones, entre otros. La mejor forma de prevención es el control general del mosquito, el evitar las picaduras de los insectos infectados, usar repelentes contra moscos, mantener el patio casero limpio de cualquier objeto donde se pueda estancar agua y puedan aparecer moscos, no mantenerse a la intemperie de madrugada o por la noche, ya que son horarios en que los insectos hematófagos (que se alimentan de sangre) tienen mayor actividad.
Es por ello estimado lector que debemos estar informados de la forma de prevenir esta enfermedad, para evitar así ser incluidos como un número en las estadísticas, o Usted qué opina.
Imagen: portal.andina.com.pe
Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com