21 de noviembre de 2014
El reciente exhorto del papa Francisco a sus correligionarios de ser tolerantes –se trata de eso- con los homosexuales, resume una actitud muy extendida en las sociedades postmodernas: APARENTAR apertura mental ante lo tradicionalmente rechazado, sólo para volver en la primera oportunidad a lo más convencional y provinciano del medio, cuyo paradigma bien podría ser la familia, último reducto de la ideología dominante. (En 1982, el escritor español Carlo Frabetti publicó un esclarecedor ensayo sobre el tema, titulado CONTRA EL AMOR, en que usando conceptos psicoanalíticos accesibles, comenzó –como instaba a hacerlo a sus lectores- a desarticular el mito.)
En el contexto de las actitudes sociales, la tolerancia no sólo es engañosa en sí misma al no declarar abiertamente ya sea aceptación o rechazo –“sino todo lo contrario”, como suele decirse en política-, también delata la intención de quien la asume de no variar su posición –moral, en este caso- inicial, refrendando lo ya establecido. Aquí, la enigmática fórmula institucional de “se condena el pecado, no al pecador” (¿?). Una manera expedita de NO afrontar una contradicción que puede resultar incómoda y hasta dolorosa para el sujeto (hecho al dogma) corporativo.
Con un valor instrumental agregado: “te tolero que seas, actúes o realices esta cosa que me disgusta, a cambio de que hagas esta(s) otra(s) de mi agrado”, obteniendo así lo más por lo menos al instaurar un PODER sobre el individuo discordante, el que no se adapta al modelo –o molde, como en inglés outcast, fuera del molde-, en este caso el señalado como “eróticamente diverso”, con el objetivo último de reconducirlo al redil y ya dentro… (No es la primera vez que el más alto Clero católico recurre al aggiornamento –puesta al día- para no perder o incluso ganar clientela: ya en los años ’60, como un resultado del Concilio Vaticano II, vistió de folk y hasta de pop su liturgia para verse más joven, llevando a la práctica una vieja máxima –sólo que con los términos permutados- al verter vino viejo en nuevos contenedores, novísimos para la época.)
Lo que falta es precisamente la crítica de la ideología que sostiene la actitud antihomosexual, para que al desvirtuarla –quitarle la fuerza- se inhiba efectivamente la discriminación. De otra forma, los furibundos clérigos tradicionalistas nulificarán por la vía de los hechos cualquier efecto positivo que pudiera haber tenido la petición papal, como ya sucedió.
Como tantas otras cuestiones prácticas, las medidas políticas no tienen por qué estar exentas de la reflexión filosófica, sea para darles un sustento teórico firme y no se desmoronen al aplicarlas o, por el contrario, demostrar su inviabilidad en la vida real.
En lo personal, sigo siendo escéptico de las intenciones “progresistas” del clero como CORPORACIÓN, por aggiornati que parezcan –o tal vez sean- algunos de sus miembros.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.