31 de octubre de 2014
Vende tu inteligencia y compra asombro:
la inteligencia es mera opinión, el asombro es intuición
Buda
El asombro es un estado o sentimiento que afecta a las personas y que se desencadena tras apreciar algo totalmente fuera de lo habitual. El Diccionario define el asombro como: “Admiración, sorpresa o impresión que algo causa en una persona”. Según Aristóteles “El hombre aprendió a filosofar gracias al asombro”, recomendaba que para ejercitar la capacidad de asombro en el adulto y en consecuencia potenciar nuestro ser creativo, era necesario volver a ser niño. Con ello se trata de sacar a la superficie esa capacidad que todos poseemos y que la cultura se ha ocupado de que la dejemos olvidada: la ingenuidad, ya que aquella suele pedirnos que para aceptarnos entre el mundo de los adultos abandonemos aquello que se considera cosa de niños, la cual se refleja en la pregunta ¿por qué?
La palabra asombro significa “al lado de la sombra” (a= junto, sombro= sombra), es por ello que cuando uno se abre a la posibilidad de asombrarse es posible observar el lado luminoso de las cosas y cuanto más abiertos estamos a recibir lo nuevo como nuevo y no intentamos ubicarlo en alguna categoría preexistente en nuestra mente, más nos descubrimos y más confianza sentimos en el futuro. Somos nosotros los que fabricamos ese estado y cuando ocurre, aflora la creatividad ya que sin factor sorpresa ni deseo, nuestro cerebro anticipa y anula, muriendo definitivamente el asombro.
El concepto de asombro se encuentra en estrecha relación con otras acepciones como son: sorpresa y admiración, que muchas veces se usan como sinónimo para expresar lo mismo. El asombro, tiene como denominador común de su aparición el desarrollo de un evento que no se esperaba, que no estaba previsto o que sale de lo que normalmente vemos y puede deberse a un acontecimiento positivo, lo que reportará beneficios a las personas, o por el contrario, tratarse de una situación desagradable, que sorprenderá más que nada al ocurrir algo realmente inesperado, o bien haber sido provocado por una situación o hecho muy extraño.
El asombro es una emoción que se distingue por presentar una importante variedad de señas físicas que son las que nos permiten reconocerla e identificarla como tal, entre las más comunes que se presentan tenemos: elevación al máximo de las cejas, apertura enorme de los ojos, boca abierta, acompañado por una elevación de los párpados, agarrarse con las manos alguna parte del cuerpo, habitualmente la cara o el pecho durando tan solo unos segundos, pasando inmediatamente a la alegría o a la tristeza, según haya sido el acontecimiento.
Los escritores bíblicos manifiestan sentimientos de asombro o maravilla cuando aluden a las obras y los atributos de Dios, en Lucas 5:26 se indica: “Y el asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios; y se llenaron de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias”. El concepto que se contrapone al de asombro es el de apatía (a = prefijo de negación y pathos = emoción, sentimiento) y esto es justamente porque la apatía es una emoción que también se experimenta con facilidad y recurrencia y que se caracteriza por la ausencia total de interés en algo, prevaleciendo la indiferencia.
Los seres que más han aportado intelectualmente a la humanidad son aquéllos que se han asombrado ante la verdad que ayer no conocían y hoy se les presenta de manera clara y sencilla. Aun así, el hombre de nuestros días a pesar de tantos avances nunca había sido tan ignorante y nunca tan ignorante de su ignorancia. Cree conocerse porque ha descubierto una serie de códigos, pero cada vez se pierden más en su existencia. Sin asombro no hay conclusión posible de los fenómenos que tenemos delante, los que deben tener explicación, una respuesta a las innumerables preguntas que pueden circular por nuestra mente.
Es por ello, amable lector, que lo que ha ocurrido últimamente en nuestro país sólo con la ayuda del asombro será posible comprenderlo, no hay otra forma. Para esto es necesario que dejemos lugar para el asombro, es claro que para cultivar esa capacidad se requiere de honestidad, de humildad, de amor por la verdad, de constancia y de ingenuidad, traducido todo esto a cierta pureza intelectual, valores que en esta época muy difícilmente se pueden encontrar entre nosotros, no lo cree así.
Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce:ConoSERbien en Sabersinfin.com