7 de octubre de 2014
- La Historia Jamás Contada -
Fue a mediados de los ’60 que comencé a preguntarme por qué, a pesar de su intensa actividad comercial, esta ciudad era tan monótona, al grado que algunos comenzaron a ufanarse de una supuesta vocación conservadora, recoleta y hasta levítica (sacerdotal), con el absurdo que entraña ponerla a la par de un convento colonial –o peninsular, los más pretenciosos-, revelando un imaginario grupal de Conventos y –empleando el argentinismo- conventillos, es decir, vecindades, como desde los ’80 han tratado de remodelar la zona del Centro –“ahistórico”, porque ahí el tiempo oficialmente no debe transcurrir, una peculiar ucronía-.
¿Cómo han podido permanecer sus habitantes tan provincianos? La respuesta radica parcialmente en el énfasis que dio la escuela elemental de entonces a las tradiciones –genuinas o hechizas-, en detrimento de la vida moderna. Algo parecido sucedía también con la producción radiofónica y cinematográfica autóctona. En contraste, la incipiente televisión resultaba más actual aunque fuera por inercia, al importar del extranjero la mayor parte de sus contenidos. La “ventana al Mundo” se situaba por encima de los niños, siendo un poco accesible a los adolescentes y ya plenamente a los adultos, que sólo excepcionalmente incorporaban algún logro contemporáneo a su propio estilo de vida.
Pero había un pasadizo “secreto” para acceder a la modernidad censurada: la CULTURA, por el que cierta cantidad de niños y jóvenes intelectualmente audaces burlamos una y otra vez el dispositivo reforzador de la ideología, montado por el Estado y la Derecha política para mantener a los habitantes siempre fieles -¿dónde escuché eso anteriormente?- a las costumbres tradicionales.
Y es que el arte en todas sus formas –curiosamente no la ciencia, pues los “divulgadores científicos” suelen ser ultraconservadores-, los idiomas, la cultura popular URBANA, el cine y la literatura de vanguardia, las nuevas tendencias en la vida cotidiana, desde la ropa hasta la habitación y el esparcimiento… todo aquello que exprese a la gente real –no sólo extranjera, también nacional- en su EVOLUCIÓN, contribuye a disolver la rigidez propia de la personalidad provinciana, permitiendo aventurarse en la diversidad. (Lo opuesto, refugiarse en lo provinciano, también conocido como “volver a las raíces”, conduce inexorablemente al fundamentalismo, como es notorio en las sociedades “postmodernas”.)
Así que un factor decisivo del provincianismo crónico de la Ciudad, es la falta de espacios y políticas culturales que hagan de la Cultura una actividad viva, que fije y difunda las nuevas formas de ser, pensar y vivir de sus habitantes, tanto de generaciones recientes como anteriores, más allá de compromisos ideológicos con un “nacionalismo” más que discutible y también de doctrinas espurias que tratan de ocupar el lugar de éste en el imaginario colectivo.
Sí, familiarizarse con la Cultura es la mejor forma de comprender las diversas expresiones culturales cotidianas como elementos del proceso formativo de las sociedades y no como desviaciones, herejías o “ideas exóticas” (Díaz Ordaz) que hay que ocultar o suprimir.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.