29 de septiembre de 2014

Es una pregunta que muchos nos hacemos con frecuencia pero que la mayoría de las veces no va más allá de una pasajera reflexión ocasional. Se queda estancada en la visión lúgubre que nos causa pensar en nuestro país como un lugar donde nada marcha bien y en el que no se ve por dónde pueda ir a mejores términos.

Pues bien, creo que cada quien puede dar una respuesta muy personal a esa pregunta tan frecuente o, mejor aún, aportar propuestas para un incremento en la calidad de vida (que mucha falta hace) por mínimas que estas sean o puedan parecer.

Mi aportación bien podría ser como sigue.

Somos un país que vive bajo el yugo de una serie de costumbres arraigadas que oprimen y nublan nuestra percepción de una vida en mejores condiciones, de más inteligentes relaciones interpersonales y de una escalada sustancial en nuestra persona de manera integral.

Entre las costumbres que menciono, destacan unas cuantas que, a mi manera de ver, son las peores que nos podrían haber pasado y que seguimos fomentando día a día sin percatarnos del gran daño que nos están provocando a nivel nacional:

1. El inmenso daño que nos causa el hecho de ser una nación en su gran mayoría católica. Es una muestra de cómo los mexicanos estamos atados a ideales que lejos de mejorar nuestras vidas las hacen cada vez más pesadas, llenas de rencores y miedos. Nos venda los ojos de la realidad que la ciencia y el conocimiento nos ofrecen. Y en muchos casos la gente ni siquiera sabe que existen otras formas de ideologías que son y han sido factores fundamentales en la creación de naciones con índices de pobreza y corrupción menores y que sustituyen los dogmas arcaicos por quehaceres científicos, artísticos y esquemas políticos más democráticos.

2. Tenemos la terrible (y estúpida) costumbre a contribuir a un sistema democrático que cada vez tiene menos de eso que se llama “democracia”. Estamos estancados desde hace ya varias décadas en una mediocracia mantenida por los partidos políticos todos donde su Statu Quo es algo invaluable y que nunca dejarán que nadie ni nada se los arrebate. Y todo esto consentido por la ciudadanía que sigue participando como rebaño de ovejas cómodamente obedientes al mandato de los partidos y de los medios masivos de comunicación que, en contubernio, guían a los ovinos a los corrales en lo que deben permanecer pasivamente, sin cuestionar nada.

3. Una costumbre verdaderamente alarmante es esa que tiene que ver con querer ser ignorante. Escoger la ignorancia por comodidad, por convicción. Esto representa un estancamiento intelectual que lleva la nación a un abismo sin fondo. Caemos cada vez más en el conformismo de la ignorancia, ese conformismo que alimenta y fomenta la religión católica y la clase política de México. Los índices muestran que en el país no se lee ni por accidente. La gente no está interesada por salir de su ignorancia. Prefieren pensar que todo se resolverá por obra del espíritu santo (tiene mucho trabajo por delante esa palomita sagrada) o que el gobierno debe solucionar los problemas como por arte de magia: para eso están en el poder, piensan las masas renuentes al autodidactismo. La importancia de la lectura es tan fundamental que ha definido los caminos que recorren las naciones.

4. Es de gran preocupación (o debería serlo) la manera en que cada vez más y más mexicanos creen en el esoterismo, en la lectura de cartas, en la acción de piedras poderosas para remediar situaciones personales urgentes, en la adivinación del futuro y en cualquier otra superchería que tiene que ver con brujas y demonios, magia negra y blanca. La cantidad de gente que cree y afirma que todo eso es verdad aumenta considerablemente. Como prueba tenemos todas esas líneas telefónicas cuyos propietarios se vuelven millonarios al establecer un vínculo “mágico” con su clientela; cobrando cantidades inmensas de dinero a cambio de mentiras y/o placebos que la gente acepta sin cuestionar absolutamente nada. La veracidad de estas “fuentes divinas de consolación y alivio” es irrisoria para cualquier ciudadano con ideales y creencia en el porvenir que la ciencia aporta, es de chiste para cualquier persona que haya encontrado en la lectura y la educación los medios para comprender la vida y el entorno en el que se desenvuelve. Es ridículo pensar que: la alineación de ciertos astros espaciales en el momento del nacimiento de una persona, determinan su personalidad. Regresamos a la edad media al aceptar y apoyar estas prácticas retrógradas.

Y podría seguir esta lista de muchas otras cuestiones que me parecen de extrema preocupación, pero no se trata de seguir con una lista interminable, se trata, por el contrario, de establecerse cada quien como individuo útil al funcionamiento práctico y positivo del entorno dejando de lado las ataduras mentales que llevamos arrastrando durante décadas, siglos, milenios.

Lalo MandragoreLalo Mandragore

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