5 de septiembre de 2014

- La Historia Jamás Contada -

Una grata sorpresa sobre el Inventario Combinado de Identidad de Género y Transexualidad (COGIATI) de Jennifer Diane Reitz fue descubrir que, por fin, alguien había hecho una de las cosas más lógicas y necesarias para una Orientación Sexual efectiva: diseñar una herramienta para el autorreconocimiento que “brillaba por su ausencia”, aun siendo perfectamente posible hacerla, pues ahí estaban los conocidos tests empleados en Orientación Vocacional para estimar, aunque sea toscamente, el campo profesional en que probablemente se desempeñará mejor un(a) estudiante según sus cualidades, aptitudes, gustos, inclinaciones y otros rasgos NATURALES, tanto objetivos –perceptibles desde fuera- como subjetivos –sentidos por dentro-.

La prueba COGIATI por sí sola no es suficiente –como advierte la propia autora- para dirimir la cuestión de la identidad de género en cada persona específica, pero contribuye a centrar su atención en las preguntas relevantes que debe formularse para establecer si se encuentra en una fase de TRANSEXUALIDAD, esto es, a disgusto –“disforia”, anteriormente “inconformidad”- con su género asignado, que puede ya estar resultándole una carga y llevándola a pensar en el otro. Una aproximación de lo más práctica, después de todo. (Es básicamente el tabú sobre el tema, que aún pesa sobre sexólogos y educadores sexuales, el que los aleja de discutir esta posibilidad entre sus alumnos y consultantes, remitiéndolos a “instancias superiores”.)

No faltan detractores de Reitz por los más diversos motivos, algunos totalmente fuera de lugar, pero su cuestionario y la teoría subyacente son tan sólo un prototipo para ser perfeccionado, como expresa ella misma. En síntesis, que se trata de un territorio todavía virgen teóricamente que explica, entre otras cosas, la desesperante parsimonia de los “especialistas” cuando abordan estos casos, cautela que no es otra cosa que inacción por desconocimiento.

Importancia decisiva tiene cómo llegó Jennifer Reitz a los conceptos sobre los que fundamenta su sondeo, que no fue otra cosa sino la reflexión sobre su propia biografía, expuesta detalladamente en el apartado MY OWN STORY –“Mi Propia Historia”- de su dossier. Por eso, a mi parecer, quien responda al COGIATI debe anexar también su propia biografía en referencia a los aspectos de: 1. Identidad de género, 2. Incomodidad –disforia, inconformidad, inadaptación, decepción, etc.- con su género asignado y 3. Transexualidad, para contar con un (auto) diagnóstico más sólido, pues finalmente se trata del conocimiento de uno mismo y ninguna teoría puede enumerar todos los detalles subjetivos de cada caso particular.

También hay que generalizar el test a situaciones que no sean precisamente la preoperatoria a que se circunscribe Jennifer, que implicará una ardua investigación y su correspondiente discusión académica –en cuanto a nivel, no tanto a instituciones concretas-, para que el tema no continúe como una “ciencia oculta” aún dentro de la Sexología.

En conclusión, antes que desechar sumariamente el COGIATI como hacen sus críticos superficiales, habría que superarlo dialécticamente, es decir, absorbiéndolo en uno mejor, recogiendo el reto lanzado por su creadora en 1998. Es una buena idea como para dejar que se pierda.
 
Fernando Acosta ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.