LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ Y UN ENSAYO DE: "LA CHINGADA"
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LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ Y UN ENSAYO DE: “LA CHINGADA”

 

Por: Alejandro Tamariz Campos*

 “…la has acarreado durante toda tu vida: esa cosa:
 eres un hijo de la chingada
 del ultraje que lavaste ultrajando a otros hombres
 del olvido que necesitas para recordar
 de esa cadena sin fin de nuestras injusticias…”
 (La Muerte de Artemio Cruz. Editorial Planeta DeAgostini.
Capítulo 1927:23 DE NOVIEMBRE. pp. 147) 

 

  Lenta, inmóvil, y pesada agonía. Sólo esperas la muerte, para que silencie el dolor, para que termine de podrirse lo que ya apesta, para que te des cuenta que no te llevas nada de lo que tu tan desmedida ambición acaudaló, para que ese nombre quede sin semilla propia, y sólo sea la semilla de tu ambición la que perdure el tiempo, y sean tus hijos los que continúen devastando la tierra que devastaste tú. Y no serán Cruz como tú, serán los herederos de la traición los que encarnarán tu astucia, los arribistas de siempre al amparo de tu legado, los advenedizos que serán poderosos y de poderosa ambición también.

 

 

Artemio Cruz se muere, pero no muere nunca, porque los traidores, los vende patrias, no mueren, siempre están ahí, esperando la coyuntura histórica para hacerse de lo que puedan, para corromperse y corromper al hombre, para apropiarse de lo ajeno, para despojarse del honor y del valor, para continuar el eterno mito del cobarde, del que siempre tiene miedo, y que se reviste de la riqueza. Y entre más riqueza menos miedo, porque ahora el poder de la plata te cobija, como una manta tibia en medio de la noche y de tu oscuridad, de tu pánico, y te hace sentir seguro, como si fuese un amuleto o una lámpara, como el no tener nada y andar en la bola, como ese hilo que te permite recorrer sin perderte en el laberinto de la guerra.

 

                            Antes de la muerte, el recuerdo, la melancolía, la ironía, todas juntas se hacen imágenes que se derrumban produciendo olores, sentimientos, remordimientos, culpas, suspiros, y ese incierto llamado vida, la misma que te puso en ese paredón, la misma que como albur te dejó vivir a ti y no a Gonzalo Bernal, un volado, de una cara Gonzalo y de otra Cruz. Ese azar te dejó sólo unas pistas, sólo esa esperanza, un lugar a donde ir, y tener eso en la revolución era tener mucho, cuando ya casi no tenías nada, por poco ni la vida. Puebla, la Familia del Cacique Gamaliel Bernal, saber ese apellido, esa dirección, era saber mucho. Y así fuiste y arrebataste, y lo hiciste tuyo, primero a ese terrateniente, luego a esa mujer, después a este país, ¿Quién podría parar esa fuerza arrolladora?

 

 

 

 

 

 

“Tu la pronunciarás: es tu palabra: y tu palabra es la mía; palabra de honor: palabra de hombre: palabra de rueda: palabra de molino: imprecación, propósito, saludo, proyecto de vida, filiación, recuerdo, voz de los desesperados, liberación de los pobres, orden de los poderosos, invitación a la riña y al trabajo, epígrafe del amor, signo del nacimiento, amenaza y burla, verbo testigo, compañero de la fiesta, y de la borrachera, espada del valor, trono de la fuerza, colmillo de la marrullería, blasón de la raza, salvavida de los límites, resumen de la historia: santo y seña de México: Tu palabra:…” (La Muerte de Artemio Cruz. Editorial Planeta DeAgostini. Capítulo 1927:23 DE NOVIEMBRE. pp. 144) 

 

 

 

 

Artemio Cruz, el bastardo de una antigua familia de terratenientes, la bala perdida, el que no tiene un lugar en el mundo, al que no invitaron, el que llegó solo, el del terco deseo por vivir, el audaz, el aventurero, revolucionario de sincero radicalismo, y de práctica acomodaticia, al que le emocionaba la revolución y le gusta la comodidad del nuevo gobierno, hecho a la fragua del tiempo de México y de su Revolución, hecho por el acaso y la fortuna de su arrojo y de ese conjunto de circunstancias, de combinaciones y recombinaciones de la revuelta, de ese tiempo y espacio del México Revolucionario. Pero ¿Es acaso la muerte de Artemio Cruz una Historia Regional?, ¿Es sólo parte de esta idiosincrasia del mexicano que traiciona sus ideales?, o sólo es una expresión del cobarde de todas partes, del traidor eterno, del ruin y del débil, que lo mismo es en la revolución que en la política, que en el arte y en la filosofía se vende al mejor postor, se corrompe y se prostituye, se enajena y se malversa y se degrada.

 


 

 

               La muerte de Artemio Cruz es universal en su caída, trasciende las fronteras del México Revolucionario para hacerse inmortal en el drama humano, en la tragedia humana, en el ser que se deslumbra por el dinero, el poder, la ambición y los espejismos de esta tierra, un verdadero hijo de la chingana, un ser venido a menos, un “chingaquedito”, un “chingón”, un “chinguetas”, el que “chinga” bien sin ver a quien, hijo de esa palabra, “la Chingada”.

 

 

 “Ella da la cara, ella reparte la baraja, ella se juega el albur, ella arropa la reticencia, y el doble juego, ella descubre la pendencia y el valor, ella embriaga, grita, sucumbe, vive en cada lecho, preside los fastos de la amistad, del odio y del poder. Nuestra palabra. Tu y yo, miembros de esa masonería: la orden de la chingada. Eres quien eres porque supiste y no te dejaste chingar; eres quien eres porque te dejaste chingar y no supiste changar…” (La Muerte de Artemio Cruz. Editorial Planeta DeAgostini. Capítulo 1927:23 DE NOVIEMBRE. pp. 145) 

 

 

 

 

                     Miembros de esa corrupción, de esa palabra, de ese verbo degradante que se hace acción, a cada instante renace y muere Artemio Cruz, y se acomoda, se vende, se mueve como buscando abrigo, y luego como buscando muerte, no tiene tiempo, no tiene patria, no tiene religión, para él sólo existe el beneficio propio, no hay sentido del honor o del sacrificio, se encuentra en cualquier país y en cualquier lenguaje, y si yo soy traidor y cobarde, se encuentra en mi, agazapado, acechando ese momento de debilidad, de codicia, de tentación.

 

 

 Que se muera, que lo maten, que no nazca más Artemio Cruz, que se acabe su descendencia, su semilla, su palabra y su verbo; y que en su lugar venga el guerrero, el que venza esas flaquezas, el que sea capaz de luchar su tiempo de mejor manera, y que Lorenzo Cruz, su Hijo, no sea el de la Guerra Civil Española, si no ese que a cada día se espera, no sólo en México si no en el mundo, el hombre nuevo, el esfuerzo de vencerse a uno mismo.

 

  BIBLIOGRAFÍA:

                          La Muerte de Artemio Cruz. Editorial Planeta DeAgostini. Capítulo 1927:23 DE NOVIEMBRE

 

 * Alejandro Tamariz Campos (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) egresado de la Facultad de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.

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