AGUAVIENTO
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 
AGUAVIENTO[1]
 Por: María Teresa Colchero Garrido[2]

 
 Aguaviento, la novela que presentamos esta noche pertenece al discurso de la postmodernidad dado que el enfoque central se encamina a la memoria. La historia es uno de los elementos de la obra de la escritora poblana María Sanz. Filones de historia se intercalan en la diégesis del discurso. Ejemplo:

 “tarde o temprano la gran madre se traga a sus hijos; él no podía hacer nada para impedirlo. Los sepultaron en el cementerio de la hacienda, también con tierra fértil; dos fecha en una tablita de madera: 1849-1863” (:17).

 


 

 El personaje don Luis nació en Texas, los esclavistas del sur de los Estados Unidos querían más tierras y codiciaban el norte de México; los capitalistas deseaban apoderarse de los recursos minerales. Todos ambicionaban ese territorio. España trató de impedir que los anglosajones continuaran asentándose en esa región, pero el gobierno independiente de México permitió que nuevas familias llegaran a Texas. Así don Luis y su familia decidieron emprender la huída. El discurso entrevera lo histórico a lo literario refiriéndose a la misión de San Antonio Valero, a la que llaman el Álamo, había sido fundada 70 años atrás y los nativos texanos vivían del cultivo de las tierras. Después se convirtió en una fortaleza custodiada hasta que las tropas del general mexicano Antonio López de Santa Ana anunciaron su arribo. Nadie quería tomar partido y por eso los padres de don Luis decidieron empacar sus pertenencias y resguardarse en las montañas. Fueron 12 días de fuego intermitente, en especial durante la noche. Santa Ana jugaba con los defensores del fuerte como lo hace un gato con los ratones que están en la alacena. En aquel entonces don Luis tenía 17 años. Estaba fascinado con el teniente coronel William Travis, así que Luis aceptó trabajar como limpiabotas con tal de permanecer dentro del fuerte. Más tarde descubrió que a Davy no sólo le gustaba cazar el oso salvaje sino también cazaba a los nativos: cheyenes y comanches. En el Álamo quedaron los cuerpos de cientos de mexicanos, carne de cañón, porque eso eran los soldados para el altivo Napoleón del oeste, su alteza serenísima, general Antonio López de Santa Ana. Ante tal masacre la familia de don Luis por senderos estrechos, por matorrales, arrastrando su pánico lograron escapar y seguir el viaje hacia el sur de México. Don Luis en definitiva había roto el etéreo cordón que lo unía a sus padres y a Texas. Esta escena de la batalla del Álamo se recrea en la diégesis con el objetivo de desmentir la historia oficial. Pareciera que el ejército de Santana había triunfado en el Álamo, pero según marca el discurso, en realidad nuevamente habían perdido la vida montones de mexicanos. Incluso la diégesis incluye la soterrada conducta de los líderes norteamericanos que bajita la mano siempre están fusilando nativos o indígenas. El discurso deja clara la política norteamericana con relación a los ciudadanos mexicanos. El estudio de los indígenas es otro de los puntos que nos permite calificar a este discurso: Aguaviento dentro de la postmodernidad. Porque todos los seres alienados mujeres, indígenas, pobres, seres abandonados, son los protagonistas del discurso postmoderno. Otro de los recuentos históricos que se entrevera en el discurso tiene que ver con los muertos del castillo de Chapultepec:

 “ – Son del batallón de San Patricio. A unos les dio tiempo de pasarse de nuestro lado, a los otros los arrestaron y los marcaron con una letra D, como si fueran marranos.

- ¿Una letra D”?

  - Sí don Luis, por desertores. Vaya usted a saber qué les harán después.

- O sea que se pasaron con ustedes. Las cosas se han de haber puesto muy mal.

- Ni se imagina. Los americanos, que aún están bajo el mando del general Scout, mataron a más de sesenta en el castillo de Chapultepec, junto con algunos cadetes mexicanos; a estos dos irlandeses los dieron por muertos. Se pusieron flojitos y dejaron que los echaran en la pila de cadáveres, entre piernas, cabezas y brazos sueltos. La noche alcanzó a los soldados que hacían la fosa. Ellos se rodaron poco a poco hasta esconderse entre los matorrales. Nosotros los encontramos al día siguiente

- ¿Cuándo fue?

- El 13 de septiembre” (:39)

 


 

 

La memoria colectiva recuerda estos episodios tanto del asalto del Álamo como del castillo de Chapultepec, la intención por la cual a mi juicio quedan referidas estas escenas de la historia; es mostrar un contexto histórico social inestable donde nada arrancaba la miseria de las panzas y por eso se daban al vicio del alcohol. Los asaltantes y las diligencias estaban a la orden del día, máxime en el macizo montañoso de las cumbres de Acultzingo entre Veracruz y México. En ese contexto don Luis le salvó la vida a don José María de Ovando dueño de la Hacienda San Pedro de Ovando, que se ha eregido en el espacio donde se desarrollará la fábula de Aguaviento. San Pedro de Ovando, hacienda que corresponde a lo real, es el espacio mítico donde veremos correr a los personajes vivos y muertos del discurso: Aguaviento. El tiempo prerrevolucionario nos permite conocer las condiciones que marcan la explotación de los campesinos en los años anteriores al porfiriato y posteriormente en el porfiriato mismo. Éste es otro de los elementos que dota a la obra del toque postmoderno, me refiero a todos los acontecimientos que dieron juego al estallido de la Revolución Mexicana. De ahí pues Aguaviento queda enmarcada en el grupo de obras que recrean lo histórico revolucionario. Este relato está hermanado con Pies descalzos de Luis Enrique Erro, donde igualmente coincide el tiempo histórico del porfiriato que da lugar a la revolución en una hacienda donde por órdenes del dueño el administrador mandaba a quemar todas las casas de los indígenas del condado, quedando depredados y arrasados con el único consuelo de que las iglesias habían quedado invictas. Así los indígenas corrían en busca de cobijo en alguna de las grandes haciendas. Aguaviento también colinda con otra de las grandes obras que pertenecen al discurso histórico revolucionario de la tercera etapa, me estoy refiriendo a Pedro Páramo de Juan Rulfo. El tema del caciquismo en este caso ya en un periodo postrevolucionario. Comala el espacio de la diégesis que entrevera vivos y muertos coincide con San Pedro Ovando espacio de la diégesis que entrevera vivos y muertos. Vuelta de tuerca, Henry James. La muerte del machito primogénito, Miguel Páramo que muere a caballo coincide con la muerte de Luisito quien también muere a caballo. La presencia de lo fantástico o lo que aún no terminamos de definir si real mágico o real maravilloso es el elemento más importante que me permite aseverar que Aguaviento es un discurso postmoderno. En definitiva Aguaviento cuenta con los elementos más importantes del discurso postmoderno; a saber: la memoria colectiva, los pasajes históricos, la presencia de los indígenas, lo fantástico o real maravilloso, la mujer.

 En Aguaviento la intriga de la fábula se teje a través de la conducta de una mujer: Lola, quien se encarga de administrar una pócima a su hermana cuando da a luz y con esa pócima queda envenenada. Así don Luis queda viudo recién casado y con un niñito recién nacido. El embarazo de su hermana Rosa causó una gran envidia en Lola, también el hecho de que don Luis hubiese preferido a Rosa, de hecho Lola había tenido un romance y por eso muchas tardes sumergía su cuerpo desnudo en el jagüey para provocar a su cuñado don Luis. La fábula va desarrollándose entreverada con la descripción de la naturaleza que es cómplice de los acontecimientos trágicos que acaecen en la Hacienda de San Pedro de Ovando ejemplo:

 “La Matlalcuéyetl fue creada con cuerpo de tierra fértil, corazón de piedra volcánica y alma guerrera. Desde los tiempos en que los valles estaban habitados por gigantes, observó que los humanos tenían una existencia efímera, casi insustancial. Esa tarde, la reciedumbre de la guerra se resquebrajó ante la muerte de Luisito. En setenta años ningún joven, ningún niño habían fallecido en San Pedro de Ovando, y ella la majestuosa Malinche, no pudo escapar ante el asombro y el sufrimiento de todos los pobladores de la hacienda. Lloró aguaviento” (:88).

 Un aspecto más que cumple con los elementos del discurso de la postmodernidad tiene que ver con el carácter no lineal de la narración o por mejor decir, el discurso no sigue un orden cronológico. También encontramos la ausencia de títulos a los capítulos siguiendo el modelo de la narrativa contemporánea en la cual se inscriben Elena Garro, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, etc. Por último quiero felicitar a María Sanz (María Eugenia Bear), por su excelente manejo del lenguaje, códigos de léxicos apropiados que construyen un relato muy ameno. También quiero decir que considero a la autora una amante de la narración su tema lo expresa y lo que quiero decir es que no se trata de un discurso autobiográfico; sino que ha logrado manejar una distancia que le permite la recreación de los sucesos acaecidos en la Hacienda San Pedro de Ovando, dejando libre la imaginación y tejiendo una fábula sumamente interesante.

[1] Intervención en la presentación de la novela “Aguaviento”, efectuada en Bellas Artes, ciudad de México, el 12 de marzo de 2008.

[2] Doctora en Filología Hispánica, egresada de la U. de Málaga , España. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Autora y compiladora de varios libros sobre: poesía (Federico García Lorca), teatro(Teatro evangelizador y los Prelopistas) novela (Carlos Fuentes, Elena Garro y Rosario Castellanos) ensayo (Carlos Fuentes, Octavio Paz) cuento(Carlos Fuentes, Elena Garro, Rosario Castellanos) Otros(investigaciones de carácter histórico social: El Barrio de San José, Juan de Palafox y Mendoza) Crítica literaria(Germán List Arzubide: Gutierre de Cetina) creadora de Diálogo con Aristóteles, Virginia Woof y Sigmund Freud y otros más. Actualmente Directora de Extensión Universitaria de la BUAP.

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