DOS CONCEPCIONES DIFERENTES DE LA HISTORIA: LA REALISTA DE MARX, Y LA IDEALISTA DE KANT. LA CONFIGUR
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 Kant jamás habla de los desposeídos, de los condenados al destierro social y cultural, como lo hace Marx. Podríamos decir, que de acuerdo al segundo principio de Idea de una Historia Universal en sentido cosmopolita, Kant consideraría como necesario el sacrificio de unos (el proletariado, para Marx) en beneficio de los otros, y precisamente para que el telos que la Naturaleza ha destinado al hombre pueda cumplirse. Pero esta perspectiva sólo se mantiene si se sigue configurando la realidad de los hombres a partir de ideales abstractos, que poco o nada atienden a la realidad material (única realidad para Marx) que debería fungir como ordenadora de las sociedades.

 

 

 

  La Historia Universal es para Kant universal, precisamente porque todos los hombres y sus formaciones sociales responderían a una constitución que legisla según principios de razón. Esto no quiere decir que una sola constitución gobierna a los diferentes Estados, pero sí quiere decir que una sola idea de justicia (por mencionar una) perfila las leyes que se dan los Estados al interior y al exterior; esto otra vez sirve al telos que la Naturaleza ha destinado al hombre y por ese telos ese derecho queda justificado. Para Marx, el derecho y la política, y podemos decir también que la propia idea de justicia, no son sino “fantasmas cerebrales” en tanto pretendan tener realidad y verdad más allá de las condiciones materiales que les dieron existencia. Como ideología que son, no responden sino a los interreses de una determinada clase social (la única clase social), la de los propietarios.

 

 

 

 Cuando los hombres de los que Kant habla conocen (mediante la continua ilustración, por ejemplo) el telos de la Historia humana, que es universal por estar regida por ideas, deben aceptarla queriendo hacerlo, pues no es un hombre el que ha ordenado así las cosas, sino la Naturaleza. Y si el hombre pretende serlo verdaderamente, es decir, si hace uso de su razón y no obedece ciegamente a sus impulsos, entonces esos principios de los que Kant habla han de parecerle muy sensatos.[5] 

 

 

 

 Los hombres a los que Marx habla están en posibilidad de no creer lo que la idea y lo arreglado según ésta dictan, sino que pueden oponerse (como desde luego también pueden los hombres a los que habla Kant) a un determinado de cosas mediante la acción (concretamente, la acción revolucionaria, fundadora de lo existente), sintiendo esto además como un deber histórico.

 

 

 

 La historia de los hombres, según Kant, parece darse independientemente de las acciones concretas de los mismos. Más bien parece que debe darse en arreglo a determinada ordenación racional. Los hombres deben enfilar sus esfuerzos hacia un determinado telos, que se vuelve determinante.

 

 

 

  Para Marx, la historia de los hombres está determinada por condiciones materiales reales e inobjetables, empíricamente constatables, que, sin embargo, pueden y deben transformarse. Pero pueden y deben transformarse también en relación a un telos. Este telos parece corresponder al comunismo. Aquí, el que haya una especie de finalidad en la Historia, que entonces también es universal (y que además sólo bajo las condiciones de la universalidad puede y debe transformarse al comunismo), no significa que esté determinada por ideas. Significa, como también para Kant, que la Historia sigue un curso regular no de acontecimientos, pero sí de formas; curso que ha de detenerse en un momento, precisamente en ese telos:

 

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