DOS CONCEPCIONES DIFERENTES DE LA HISTORIA: LA REALISTA DE MARX, Y LA IDEALISTA DE KANT. LA CONFIGUR
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 La Naturaleza, un todo ordenador, externo al individuo, posee leyes inmutables. Bajo una concepción que Marx llamaría críticamente “personalizada”, la Naturaleza es el principio y criterio para juzgar de todas las cosas; la Naturaleza quiere, planea. Y aquello que quiere y planea abarca al hombre y su naturaleza, al destino de los hombres en la configuración de la Historia, e incluso el modo general en que viven los hombres, por ejemplo, padeciendo penurias como el trabajo y el esfuerzo[2]. “Ella” ha querido que sea el antagonismo la forma bajo la cual los hombres desarrollen y acrecienten sus disposiciones y fuerzas. Así, para Kant la insociable sociabilidad del hombre no es sino una fuerza propulsora planeada por la Naturaleza para que mediante la confrontación y oposición, el hombre cumpla su destino: el desarrollo total de sus disposiciones naturales. Pero para que este destino sea cumplido, es necesario que la insociable sociabilidad no exceda su cometido y arroje al hombre a la barbarie.

 

 

 

 El comportamiento del hombre en la constitución de su Historia debe cumplir determinadas tareas: llegar a la conformación exitosa de una Sociedad Civil, ya que lo que ésta permite y posibilita es que se cumpla el telos que la Naturaleza ha planeado para el hombre. La Sociedad Civil es una sociedad donde “se encuentra unida la máxima libertad bajo leyes exteriores con el poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa…”  La Sociedad Civil, este “señor[3]” de los individuos insociablemente sociables, puede funcionar sólo si, a su vez, los diferentes estados se legislan, protegiéndose unos de otros como en el caso de los individuos, según una legal relación exterior entre ellos. Y todo este proceso, si bien es cierto que no está exento de experiencia, se logra fundamentalmente mediante el uso de la razón, mediante ideas e ideales. La Historia, para Kant, es “la ejecución de un secreto plan de la Naturaleza para la realización de una constitución estatal interiormente perfecta…” (p. 57), para que con ello se logre finalmente el telos humano: el desarrollo total de las disposiciones naturales, primordialmente en lo tocante a la razón.

 

 

 

 La visión de Marx de la historia es muy distinta. Los hombres con todo y su otrora libre voluntad, nada pueden para dejar de estar determinados. Sin embargo, en este caso lo determinante no es la Naturaleza ni sus inmutables leyes, sino las condiciones materiales, reales de la existencia, a saber, las fuerzas de producción y los modos de intercambio que una sociedad va desarrollando en virtud de determinados y empíricamente explicables acontecimientos materiales. El hombre es un ente productor, y en su producción manifiesta su modo de ser.[4] Las ideas y representaciones, que manifiestan también los modos del hombre, son producciones que emanan de las condiciones materiales de la existencia y que dependen enteramente de ellas. Bajo la mirada de Marx, se trata de meras “nebulosas”, complejas “sublimaciones”. Las premisas reales de la historia, los hechos históricos, son la producción de la vida material, la creación de nuevas necesidades, la familia y la conciencia que es un producto, una construcción causalmente ligada a ellas.

 

 

 

 La Historia, hecha por los individuos concretos y sin arreglo a plan secreto de la Naturaleza alguno, es la historia de la lucha de clases, es decir, es la historia del antagonismo. Pero a diferencia de Kant, para Marx el antagonismo no responde nunca a un medio ideado por la Naturaleza para cumplir el telos del hombre, sino a relaciones de poder, es decir, de producción, que se dan entre los diversos intereses defendidos por cada clase social para perpetuar su riqueza o sus condiciones de vida. Los Estados políticos no son sino simulaciones de lo común, lo general (abstracciones, que como toda abstracción, no son sino falsas) que interesan sólo a los propietarios del capital y medios de producción. Se trata de superestructuras que tienen como base la economía hasta ese momento desarrollada, pero que cuentan, para hacer valer los intereses de los propietarios, con una ideología. Ésta puede tomar la forma de la filosofía, la religión, la “política”, etc., pero sus pretensiones de verdad, más allá de lo que intente aparentar, responden sólo a la perpetuación de un determinado estado de cosas materiales.

 

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