POSITIVISMO Y EVOLUCIONISMO SOCIAL: ENTRE LA REFORMA JUARISTA Y EL PORFIRIATO
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 En general, la importancia del descubrimiento de las leyes que rigen todos lo procesos, naturales y sociales, aporta la ventaja de poder actuar sobre dichos procesos, pudiendo intervenir así a favor del progreso.

 El estado positivo es aquel donde el intelecto y la socialidad humanas deben haber alcanzado su punto más alto, y esto sólo puede lograrse a través del positivismo como doctrina universal. Con tal progreso en las cualidades sociables del hombre, en el estado positivo resulta ya innecesario y además injustificable la guerra y las aspiraciones belicosas, en principio, porque se habría alcanzado una homogeneización de las opiniones, basada en la objetividad provista por el método positivo de las ciencias, y después, porque es el industrialismo, la división del trabajo y de las ciencias, la que en adelante ha de ordenar la sociedad, que encuentra mediante estas condiciones una feliz convergencia de todos los intereses.

 Un régimen predominantemente militar o belicoso, sólo podía servir para mantener un orden social cuya autoridad se sustentaba en lo teológico: las jerarquías eclesiales que pretendían haber obtenido su poder de fuerzas sobrenaturales.

 

Orden y Progreso
 

 Comte, heredero del pensamiento ilustrado racionalista, cree firmemente en el progreso. La dinámica entablada entre el progreso y el orden se explica a través de dos nociones: la de dinamismo o actividad y la de estabilidad, respectivamente.

 

 Las nociones de orden y progreso se imponen como necesarias al intelecto humano. Son dos ejes sobre los cuales se erige la comprensión de las ciencias y su dinámica más íntima. Para el planteamiento de leyes naturales es fundamental establecer un equilibrio entre lo estático de la forma legal, vertido en la necesidad y universalidad de la ley, además de su invariabilidad, y la dinámica de los fenómenos observados. El vínculo entre lo estático y lo dinámico en la naturaleza es el vínculo del orden y el progreso. Orden y progreso se conforman mutuamente. Ninguna anula a la otra, por más contradictorio que pudiera resultar la unión armónica de lo estable (orden) con lo dinámico (progreso). Pero existe siempre una cierta subordinación del progreso al orden: “Para la nueva filosofía [positiva], el orden constituye siempre la condición fundamental del progreso; y, recíprocamente, el progreso se convierte en el fin necesario del orden (…).”[4]
 

 La política y en general todo el tratamiento de las ciencias sociales como ciencias positivas, constituirá el cuerpo de la sociología, el estudio científico de las leyes y principios que determinan y rigen el orden social a través de su desarrollo histórico, con lo que la historia se supeditaría también al método positivo. Es del estudio de esta “física social” del que depende el develamiento del proceso civilizatorio de la humanidad como dinámica orden-progreso: “Los dos principios, el orden y el progreso, representan las dos nociones fundamentales, cuya deplorable oposición trae consigo el trastorno de las sociedades humanas.”[5] 

 El progreso es perfeccionamiento del hombre dentro de sociedad, colectivamente, haciendo a un lado impulsos egoístas, individualistas, para dar paso a los impulsos altruistas, condicionantes de toda vida pacífica en sociedad. El espíritu positivo es social, esta idea se repite en los escritos de Comte. “Para él [Comte se refiere aquí espíritu positivo], el hombre propiamente dicho no existe, no puede existir más que la Humanidad, puesto que todo nuestro desarrollo se debe a la sociedad (…).”[6] Es necesario el dominio de lo social sobre lo individual porque la urgencia de Comte es la de establecer el orden para dar fin a las revueltas civiles, y el orden sólo se logrará a través de la inclinación de los hombres hacia la sociabilidad, que descansa en impulsos altruistas y que resulta imposible si lo que se estimula son los impulsos egoístas.

Orden, anarquía. Heterogeneidad, homogeneidad. 

 “La anarquía espiritual ha precedido y engendrado la anarquía temporal. Incluso el malestar social depende hoy mucho más de la primera causa que de la segunda.”[7] Si existe un continuo choque entre las doctrinas, las personas que las profesan estarán continuamente en estado belicoso, debido a que las diferencias entre sus puntos de vista redundan en diferentes formas de actuar que encuentran invariablemente opositores. La heterogeneidad de opiniones conlleva la anarquía. En este sentido la filosofía positiva también es el remedio al mal social. La neutralidad de su método, que se abstiene de indagar con pasión o especulación metafísica los hechos del mundo, proporciona una forma de conocimiento verdadero, basándose exclusivamente en la experimentación empírica rigurosa. La verdad para ella no es cuestión de fe, sino de análisis empírico. La objetividad es su ley y ésta, por encima de cualquier credo o doctrina, es verdadera en todo tiempo y lugar, es una verdad universal y necesaria.

 

 La filosofía positiva y su método, de ser aplicado a todos los ámbitos de la sabiduría humana, inclusive a la religión y a la política, pondría fin a la heterogeneidad de las opiniones, y con ello al desorden y la anarquía. La importancia de las implicaciones políticas y sociales de la aplicación universal del método positivo, redunda en la necesidad de hacer recaer en los sabios o científicos, aquellos que poseen la doctrina de la ciencia y saben ejecutarla, la administración de las cuestiones sociales. “…la naturaleza de las cosas evita en este punto toda divagación (…) prohíbe en absoluto la libertad de elección al mostrar a la clase de los sabios (…) como la única adecuada para ejecutar el trabajo teórico de la reorganización social.”[8]
 

 El carácter científico-positivo del conocimiento como principio normativo del mismo, el estudio de la historia y la política como ciencia positiva, la homogeneización de las opiniones como medio para erradicar la anarquía; el fin del paradigma teológico como horizonte explicativo, la jerarquización comtiana de las ciencias, la secularización del conocimiento humano y la emancipación mental como resultado gradual de esa sustitución; el orden como medio para alcanzar el progreso, son todas ideas centrales del positivismo Auguste Comte.

 

 

EL EVOLUCIONISMO SOCIAL DE HERBERT SPENCER

 

Aplicación de la ciencia biológica a la explicación del desarrollo de las entidades sociales.

 El programa comtiano de las ciencias y la universalidad de la aplicación del método positivo, es cabalmente llevado a cabo por Spencer. Éste desarrolla un sistema filosófico evolucionista. Dentro de su doctrina, todo cuerpo colectivo, todo grupo y división social, toda institución, es explicada desde los principios biológicos de su época.

 
 Herbert Spencer establece una analogía entre el modo de comprender a los organismos vivos, desde los más primitivos a los más complejos, y el modo de comprender a los organismos sociales. Spencer sostiene que la evolución, el desarrollo de cualquier organismo, está determinado en parte por las acciones externas del ambiente a las que está expuesto, y en parte depende de la naturaleza misma de las unidades o partes que componen el todo del organismo vivo[9]. En este doble juego de factores, extrínsecos e intrínsecos, se encuentra la dinámica de la evolución. Y, dado que los organismos sociales funcionan también según las leyes que rigen a la naturaleza, éstos también, en su evolución, presentan la misma doble determinación.
 

 La sociedad es para Spencer un organismo, mucho más complejo quizá que los demás organismos vivos simples, pero finalmente un organismo. Reconoce muchas similitudes entre los organismos vivos y las sociedades, así como también algunas diferencias. Pero: “The principles of organization [de los organismos vivos y los sociales] are the same; and the differences are simply differences of application.”[10] Las analogías que Spencer encuentra son las siguientes:

 

 Tanto sociedades como organismos vivos, comienzan, en su proceso evolutivo, por pequeños agregados hasta lograr un aumento masivo. Avanzan de la simplicidad a la complejidad de su estructura. En los estadios menos avanzados de su evolución, las partes constituyentes del todo no guardan ninguna, o apenas guardan alguna dependencia con las otras partes, mientras que en las fases más avanzadas, cada parte constituyente depende íntima y esencialmente de todas las demás. Otra similitud es que la vida y desarrollo del colectivo es más duradera e independiente de la vida y el desarrollo de cada una de sus partes. En ambas entidades analogazas (sociedades y organismos vivos) la progresiva diferenciación de estructuras está acompañada por una progresiva diferenciación de funciones.

 

 Las diferencias señaladas por Spencer entre sociedades y organismos vivos, son las siguientes: Las sociedades no tienen formas externas específicas. Los elementos constitutivos del todo social no forman una masa continua ni homogénea, como sucede en algunos organismos. Además, las partes del organismo social, a diferencia del vivo, no están sujetas a una posición o función determinadas, y son capaces de movilidad y mutabilidad de funciones. Y la diferencia más importante es que en los organismos vivos, las partes constituyentes no están todas dotadas de sensibilidad, mientras que en el colectivo social cada uno goza de sensibilidad independiente.
 

  El análisis de las sociedades, que Comte había destinado al método de las ciencias positivas y cuya tarea consistía en encontrar las leyes del progreso de la humanidad a través de su historia, es en la doctrina spenceriana supeditado a la aplicación de los principios de la biología en lo concerniente al desarrollo evolutivo de los organismos. Es en este desarrollo evolutivo que las sociedades se asemejan a los organismos y pueden ser estudiadas con la misma precisión. La historia de las sociedades se comprende entonces como la historia de un organismo u organismos en constante evolución.

Idea de Evolución. La importancia de la lucha en el proceso evolutivo.

 La evolución es entendida por Spencer como un cambio, cuantitativo pero, preponderantemente, cualitativo. Es la transición de un estado menos coherente y más homogéneo, a otro más coherente y heterogéneo. 

 La evolución está estrechamente ligada al concepto de progreso. El progreso, según lo hemos entendido, está forjado en la ley de la evolución, que Spencer enuncia como la supervivencia del más fuerte por su mayor capacidad de adaptación. Todos los organismos, tanto individual como colectivamente, crecen y sus funciones se van diferenciando a la par que se van especializando. A mayor diferenciación y especialización, mayor es el grado de evolución. Este es uno de los principios del evolucionismo de Spencer[11].

 De modo que en los organismos muy evolucionados, la estrecha interdependencia entre sus partes ocasiona que cualquier daño causado a la parte, se resiente en el todo. El progreso, en evolución, constituye el avance de lo homogéneo a la heterogeneidad compleja de partes y funciones. Evolución es diferenciación y complejidad; y esa es también la forma del progreso.

 Dentro de la doctrina spenceriana, la ética también queda referida y subordinada a la biología. Incluso el mal, tanto moral como físico, se explica por la evolución: “All evil results from the non-adaptation of contitution to conditions. This is true of everything that lives.”[12] El principio que Spencer enuncia, de manera subyacente en esta afirmación, es el de la supervivencia del más apto, del mejor adaptado, lo que conlleva a la permanencia de su especie. Este principio es una ley de todo lo viviente. Pero también es una ley el que el mal tienda a desaparecer, es decir, que la adaptación ser imponga a la desadaptación; así la vida perdura y se reproduce. Los organismos tienden naturalmente a adaptarse al medio, modificándose ellos mismos o bien, modificando el medio. La lucha por la supervivencia tiende a eliminar paulatinamente a los débiles, y hace prevalecer a los más fuertes, los mejor adaptados. Las actividades de hostilidad y lucha crean las condiciones necesarias para el mejoramiento de las especies, porque incrementan en ellas la fuerza, la sagacidad, la inteligencia. Este principio se aplica a todos los organismos vivos, incluidos los hombres y las sociedades. El principio de la selección natural, la supervivencia del mejor adaptado, es un factor de avance, de progreso.

Algunas diferencias con Comte e implicaciones del evolucionismo spenceriano.

 A diferencia de Comte, en Spencer el progreso (evolutivo) no permite injerencia de la inteligencia ni de la voluntad humana. Tal injerencia terminaría por hacer un mal, modificando aquello que por sí mismo caminaba a la perfección, naturalmente.

 Esta idea de la evolución y del progreso, aunada a su idea de la supervivencia del mejor adaptado como medio de mejoramiento de las especies (idea más lamarckiana que darwiniana), llevan a Spencer a pugnar por un individualismo exacerbado, que la filosofía de Comte rechazaba, y por pugnar por una no injerencia del Estado en la evolución natural de las sociedades. La sociedad pensada por Spencer, a diferencia de la pensada por Comte, está sustentada en el individualismo.

 

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