INDIVIDUALISMO Y TRIBALISMO: DOS PERSPECTIVAS SOBRE EL INDIVIDUO Y LAS SOCIEDADES POSMODERNAS
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      En consonancia con los estudios sobre la personalidad narcisista, podríamos aventurarnos a establecer algunas analogías. Si consideramos, con Caruso, que la civilización occidental se ha fundado en el Yo, y éste ha sostenido la creación de determinadas estructuras de poder que desencadenaron el extremo dominio del Yo sobre el nosotros, y consideramos además que el Yo se forma paulatinamente  mediante la conciencia de la separación del sí mismo de los objetos a los que tiende libidinalmente, podemos entender por qué para Bauman la diferenciación, segregación, clasificación, es también la estrategia que la cultura se ha impuesto para establecer el orden.

 

 

 

     Autores como Lasch, pero también como Bauman, observan en la tardomodernidad una tendencia hacia una individualización que desmonta las formas típicas de socialidad y las sustituye por otras falsas, efímeras y superficiales. Lo efímero parece un elemento desvalorizado en las perspectivas de estos autores. Sólo aquellas formas que perduran, que son estables, son capaces no sólo de conformar comunidades verdaderas, sino individuos verdaderamente vinculados, socio-política y hasta espacio-temporalmente. Es interesante resaltar falsedad y banalidad que Barman adscribe a las “comunidades percha”. Tales formas nuevas de “pseudsocialidad”, diríamos, no poseen las características de las viejas formas que, parece querernos decir Barman, sin ser necesariamente mejores al menos no eran tan catastróficas[5].

 

 

 

     Las propuestas que hemos estado analizando difieren en muchos y muy importantes puntos. El más importante es justamente su visión general de la tendencia en la sociedad posmoderna. Para unos, la tendencia es la individualización, para otros, dentro de los que se encuentra Maffesoli, la tendencia no es segregativa, sino, por el contrario, agregativa. En particular, Maffesoli piensa que interpretar a la sociedad posmoderna y a los sujetos que en ella se correlacionan bajo las tendencias del individualismo-narcisismo (como lo hacen Lasch y Barman, v.gr.), no es sino una apreciación miope y superficial, propia de aquellos que han perdido todo contacto real con las sociedades reales, y que siguen estudiando sociedades ideales imaginadas por ellos en sus gabinetes universitarios. Examinemos ahora la segunda perspectiva, la del tribalismo, e intentemos finalmente sacar nuestras conclusiones y plantearnos algunas preguntas.

 

 

 

 

 

M. Maffesoli: la tendencia tribalista del sujeto posmoderno

 

 

 

     El tribalismo de Maffesoli es una visión opuesta de las circunstancias en que se moldean las nuevas sociedades y piensa, además, que esos nuevos moldes determinarán en el futuro la nueva sociabilidad humana. No ve en ello un peligro, aunque sí ve en ello un retroceso, una vuelta a las formas primitivas, acercándose aquí de manera inquietante a las observaciones hechas por Caruso y Lasch.

 

 

 

          Maffesoli es también un crítico de la tardomodernidad o posmodernidad. Para él, la idea fundamental sobre la que se estructuraron las sociedades modernas fue la idea del progreso. Pero esta idea degeneró en violencia totalitaria, develando como mito lo que se creía era verdad absoluta. El tribalismo es para Maffesoli una paradoja, lo suficientemente efectiva para explicar la correlación que entre los individuos y las nuevas formas de socialidad contemporánea. Si el tribalismo funciona como una paradoja, es justamente porque sólo esta figura (lo paradójico) es apta y adecuada para explicar la dinámica de la posmodernidad, de sus individuos y sus sociedades. A una realidad paradójica, correspondería un método que no elimine de su estrategia de comprensión y explicación lo paradójico, lo ambiguo, lo efímero. Podemos notar que todos estos elementos fueron valorados negativamente por autores como Bauman y Lasch; sin embargo, en esta nueva perspectiva, dichos elementos no son sino los indispensables para analizar la posmodernidad.

 

 

 

[…] ya no se trata de definir algo negro o blanco, sino de entender el vaivén en el seno de la vida social, entender el claroscuro de la dinámica social, es precisamente aquí, donde encontramos la referencia a la ambivalencia, la ambigüedad. Es esto lo que se encuentra en la paradoja intrínseca de la vida social en donde uno no se puede dividir de manera tajante, dicotómica, donde siempre existe una ida y vuelta entre un polo y otro, entre una circunstancia y otra venidera. (Maffesoli, 2000, p. 12)

 

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