INDIVIDUALISMO Y TRIBALISMO: DOS PERSPECTIVAS SOBRE EL INDIVIDUO Y LAS SOCIEDADES POSMODERNAS
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     Ya podemos atisbar que el narcisismo puede ser interpretado como actuando a favor o en contra de las tendencias agregativas o segregativas. También la idea de que en la posmodernidad opera una regresión a las estructuras primitivas de la psique, puede ser interpretada en ambos sentidos: como un signo negativo o como un signo positivo para la socialidad. Lo que se mantiene, sin embargo, es un rechazo del individualismo y la individualización como un estado de cosas deseable y benéfico. Posteriormente veremos que, desde la perspectiva contraria, es decir, desde aquella que ve en las sociedades modernas y los sujetos que las conforman una clara y creciente tendencia de agregación, y no de individualización o segregación, aparecen de nuevo muchas de las ideas.  

 

 

 

 

 

Z. Bauman: La tendencia individualista del sujeto posmoderno

 

 

 

          Para Zygmunt Bauman la tendencia de las sociedades contemporáneas es también de individualización y atomización. A partir de la lectura de algunos artículos contenidos en su texto La sociedad individualizada, inferimos que el discurso eminentemente mercantilista-liberal que intenta apropiarse de la configuración de sentido de la modernidad contemporánea ha llevado a la lógica del aislamiento, a una tendencia cada vez más particularista en los individuos. Éstos finalmente se muestran indiferentes frente al sufrimiento y las necesidades de sus semejantes. Podríamos decir que incluso la idea misma de “semejante” o “prójimo” se ha vaciado del sentido moral del que antes estuvo revestida.

 

 

 

     Pero al perderse el vínculo primordial con los otros, al volverse superficial y tornarse una forma hueca de relación simplemente necesaria y redituable, carente de empatía, se pierde también el sentido de la comunidad verdadera. Lo que queda son las falsas comunidades, impotentes para configurar un sentido de identidad estable.  No se logra forjar lazos verdaderamente vinculantes que proporcionen a los individuos ese sentimiento tan indispensable de pertenencia, que no de disolución e indistinción, que lograban proporcionar las verdaderas comunidades.

 

 

 

     En su artículo “La identidad en un mundo globalizador” (Bauman, 2001), Bauman analiza la relación entre la búsqueda de identidad que caracteriza a los sujetos de la modernidad contemporánea y la pérdida de la comunidad[2]. Pero la pérdida del sentido de la comunidad conlleva asimismo la pérdida de criterios universales de valor. Por ejemplo, la ética se individualiza en la misma proporción que lo hace el sujeto. Y, según entendemos, una ética individualista deja de operar precisamente allí donde se buscaba su efectividad: en la conformación de comunidades o modos de convivencia.

 

 

 

[…] el dilema que atormenta a hombres y mujeres en el cambio de siglo no es tanto cómo conseguir las identidades de su elección y cómo hacer que las reconozcan los que están alrededor, cuanto qué identidad elegir y cómo mantenerse alerta y vigilante para que sea posible hacer otra elección si la identidad anteriormente elegida es retirada del mercado o despojada de su capacidad de seducción. La preocupación principal […], no es cómo encontrar un lugar dentro del sólido marco de una clase o categoría social […], lo que causa  preocupación es la sospecha  de que ese marco, arduamente conquistado, pronto se romperá o se fundirá. (Bauman, 2000, p. 169)

 

 

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