INDIVIDUALISMO Y TRIBALISMO: DOS PERSPECTIVAS SOBRE EL INDIVIDUO Y LAS SOCIEDADES POSMODERNAS
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     El narcisismo atribuido al proceso individualizante de las sociedades y formas modernas de socialidad conllevaría una tendencia atomista de los sujetos; de desvinculación e irrealidad en las relaciones. “El narcisismo es, siendo realistas, la mejor forma de lidiar con las tensiones y ansiedades de la vida moderna. Las actuales condiciones sociales tienden a hacer aflorar rasgos narcisistas que están presentes en mayor o menor grado en cada uno de nosotros”. (Ibid., p. 74) Podemos decir entonces que las sociedades modernas y sus diversas formas de sociabilidad coadyuvan a sacar de nosotros nuestras tendencias narcisistas.

 

 

 

          Podríamos sin embargo ofrecer aquí la perspectiva de otro estudioso de la psicología que, contrariamente a que opina Lasch, piensa que el narcisismo es justamente el factor que posibilitaría el vínculo entre los individuos. Para Igor A. Caruso, que explícitamente concuerda con Freud: “ […] el estadio más profundo, originario, del amor, es el  ´amor narcisista’”. (Caruso, 2000, p. 9). Este autor explica que el narcisismo es una etapa del desarrollo normal del humano que, sin embargo, puede volverse patológico. El narcisismo primario sería aquel estadio que, evolucionando normalmente, juega un papel de suma importancia en la capacidad socializadora del individuo sano. El narcisismo secundario sería una deformación del primario, marcando a  la personalidad así caracterizada, entre otras cosas, por el egoísmo, el aislamiento y la absoluta incapacidad de vincularse.

 

 

 

     El narcisismo primario, el que propiamente constituye la fuente de todo amor (y con ello, podríamos agregar, quizá también de otras formas de socialización), se presenta como una relación diádica entre el niño recién nacido, dependiente de otros para la satisfacción de sus necesidades, y la madre, de quien el niño no logra aún distinguirse y quien satisface todos sus requerimiento básicos y amorosos. El niño no experimenta amor, sólo es él el objeto del amor. No posee aún un “yo”. Este se va formando durante el proceso de separación del infante y su entorno. El niño se supera en la madre. Hay una transferencia de deseos y sentimientos del uno al otro. “Esta participación, ser parte, es una de las raíces de las ulteriores ‘relaciones de objeto’, que sólo son posibles mediante proyecciones e introyecciones”. (Ibid., p. 14)

 

 

 

     Caruso explica que el amor a sí mismo del narcisismo bien evolucionado debe transformarse en amor al prójimo, dirigiéndose en primer lugar hacia la madre. “El estadío narcisista normal no es la soledad de uno, sino la comunidad de dos […]”. (Ibid. p. 15). Pero el narcisismo patológico o secundario desemboca en un aislamiento. Éste se caracteriza porque “[…] la libido se aparta de los objetos del mundo exterior, normalmente los primeros en ser explorados, y se dirige aun yo no totalmente formado”. (Ibid., p. 40) El narcisismo secundario se tornó en un estado autista, y contrariamente a lo que sucede en el narcisismo primario, hay un miedo insuperable al contacto. Así entonces, el narcisismo primario es indispensable para desarrollar las formas básicas de la sociabilidad en los individuos sanos, mientras que el narcisismo secundario o patológico, según hemos alcanzado a entender, crea el estado autístico en que la imposibilidad de establecer relaciones y vínculos es casi absoluta. No deben ser confundidos ambos estados.

 

 

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