INDIVIDUALISMO Y TRIBALISMO: DOS PERSPECTIVAS SOBRE EL INDIVIDUO Y LAS SOCIEDADES POSMODERNAS
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     Pérdida de un sentido de continuidad histórica y de pertenencia a proyectos a largo plazo. Ello implica el alejamiento de la política y rechazo o indiferencia por el pasado reciente. La sociedad contemporánea, podríamos decir, carece de una visión y preocupaciones reales por el futuro no meramente inmediato y concerniente a las propias necesidades. Como consecuencia de la devaluada o nula imagen del futuro, la pasión dominante es vivir el momento, vivir para uno mismo y no para nuestros predecesores o para la posteridad. La supervivencia individual se considera un bien de mucho valor. Fuerte tendencia a la introspección y el conocimiento de uno mismo que, sin embargo, no logra realizarse de manera adecuada. Preocupación por la “salud mental”. Escrutinio ansioso de uno mismo. Cualidad ensimismada y fantasías de grandeza. Pero pese a sus ilusiones de omnipotencia, el narcisista depende, para su autovalía, de la aceptación y admiración que otros le prodiguen. Un enorme vacío, una avidez insaciable de experiencias emocionales fuertes para sentir un saciamiento (efímero) del vacío que perciben en su interior. Las relaciones interpersonales forman parte de este conjunto de experiencias emocionales; se vuelven pasajeras, superficiales, falsas, mezclada con temor a la dependencia. Viven la sexualidad de manera promiscua y a menudo son pansexuales. Su personalidad consiste sobre todo en defensas contra la ira. Predominan elementos arcaicos, primitivos, (escasa capacidad de sublimación) y se someten al orden social más por temor al castigo que por conciencia de la necesidad de los códigos morales o sentimientos de culpa por dañar a otros.

 

 

 

     Lasch admite además que ciertos factores sociales influyen en la conformación de tal personalidad. Sociedad e individuo se correlacionan dando lugar a un nuevo tipo de sujeto. Estos pueden ser, según recava Lasch de otros autores: “ […] la estimulación de los anhelos infantiles por la publicidad, la usurpación de la autoridad paternal por los medios de comunicación y la escuela, y la racionalización de la vida interior acompañada de la falsa promesa de realización personal”. (Ibid., p. 66) En la sociedad contemporánea el impulso del individuo es “[…] estimulado, pervertido y privado tanto de un objeto adecuado con que satisfacerse como de formas  coherentes de control. El escenario es el de la alineación antes que de control”. (Ibid.)

 

 

 

     A su vez, algunas de las características de esta personalidad se ven reflejadas en ciertos fenómenos de la sociedad posmoderna, como el miedo a la vejez y la muerte, con un poder tal que la sociedad misma idea sin cesar formas de retrasar la muerte e impedir o simular la vejez, métodos que no sólo atañen al aspecto fisiológico del individuo, sino también al mental y sicológico. Hay también, según nuestro autor, una cierta percepción alterada del tiempo, fascinación por los famosos y la fama, temor a la competencia, mengua del espíritu lúdico; relaciones deterioradas entre hombres y mujeres.

 

 

 

     La perspectiva ofrecida por Lasch nos remite a una visión del sujeto actual (posmoderno) como tendiente cada vez con más claridad a atomizarse, a aislarse del vínculo real afectivo y dependiente de sus semejantes. Las sociedades modernas no crean las condiciones necesarias para que sea posible revertir este proceso; todo lo contrario, únicamente perpetúan aquellas en las que el narcisista puede desenvolverse. Podríamos decir que la correlación sociedad- individuo actúa en conjunto para configurar una forma de socialidad que no sólo permite, sino que exige del sujeto su individualización y aislamiento. Ambas condiciones dejan a su paso, sin embargo, una estela de ansiedad e insatisfacción generalizadas, y una escalada de indiferentismo hacia los demás y hacia el futuro.

 

 

 

     También podríamos hablar entonces de indiferentismo político, social y comunitario. Los átomos narcisistas que las condiciones sociales han ayudado a proliferar y crear, no hallan formas de agregación en que puedan darse nuevas formas de socialidad. En autores como Lasch, que afirman una tendencia individualista-narcisista de los sujetos y las comunidades, se plantea a la personalidad narcisista como la dominante en nuestra época, hallando a la vez un énfasis en el predominio cada vez mayor de las estructuras arcaicas y primitivas de la psique (pérdida de complejidad), todo ello aunado a una intrincada correlación con fenómenos socioculturales contemporáneos. Se gestan nuevas formas agregativas que no consolidan el establecimiento de modos de convivencia pacífica y regulada. Operan en función de la violencia reprimida de sus miembros, represión llevada a cabo por la culturización. Lasch pone énfasis en los caracteres individualistas que, trabajando conjuntamente con las condiciones sociales posmodernas, llevan a una creciente atomización de los sujetos en las sociedades. El narcisismo que predomina en las formas de socialidad contemporáneas es el que desvincula a los individuos de otros.

 

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