LA LEGITIMACIÓN DEL ARTE MODERNO
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Otra razón histórica que se impone al público es la del arte como “religión de la cultura”, como la exaltación de la misma, el estado cumbre; y entonces la experiencia estética sólo puede ser concebida en las obras de arte y no en los objetos sensibles, en los cotidianos o en la naturaleza; donde no es un hecho cultural ni estético escuchar música pop o el cauce de un río, pero si lo es oír música clásica, por citar un ejemplo. Como la cultura implica conocimiento, pareciera que únicamente, las obras de arte están erigidas sobre éste y no los objetos habituales, despreciándoles o categorizándolos en un nivel inferior e impidiéndoles la competencia con lo artístico. Este problema emerge también en una concepción de la estética y comprensión de ésta, donde lo sensible, que es materia de estudio de la disciplina, no aparenta dar el conocimiento que otorga la ciencia y la tecnología, característica del siglo XX."El arte como provocación del artista moderno", sitúa a este último en una nueva postura de la que tradicionalmente se conocía o apreciaba, a fin de cuentas, una postura histórica en la que el artista pretendía conmover al espectador a través de su obra, pero ahora, como el artista "nuevo" "[paga con su marginación social el precio de]… [una especie de nuevo redentor en su proclama a la humanidad,]… [siendo un artista ya sólo para el arte"], provoca conmoción social a través del objeto creado, y de esta forma se aleja de una tradición histórica para comprometerse con una actitud liberadora del género humano, con objetos indeterminados en lo artístico para la historicidad humana, porque "la ingenua obviedad de que un cuadro es una visión de algo, ha quedado claramente destruida" en esta nueva condición de ser artista. Ahora es difícil, extraño, mirar una obra de arte, hay que escudriñar en ella su contenido y su forma, cuando antes estaban presen tes sin más preguntas o tanta atención, era parte de una representación de algo tangible y "coherente", no porque el arte moderno no lo sea, sino porque la digestión de lo visto era casi inmediato y ahora, asimilarlo implica más que sólo verlo. Esta es otro de los valores de ruptura histórica del arte moderno, la presentación mimética o representación de lo divino o lo humano se pierden en signos de formas y colores con diferentes composiciones que no aparecen más que en una realidad del artista y por lo tanto el público no se identifica. La obra de arte se aleja en su significación expedita de quien la ve, ya que el sujeto no puede ver mas que el sentido de una realidad individual, que por desgracia no es la suya pero que dice construirse de una realidad social."En las pretensiones del artista moderno hay un agente social nuevo... [que] …tiene la pretensión de hacer de la nueva concepción del arte, a la vez una nueva solidaridad, una nueva forma de comunicación de todos con todos"; implicándonos en ese hacer novedoso contrapuesto a un arte pasado y dándonos realidades presupuestas construidas en un seno común. Esto implica esa postura de hacernos reflexionar sobre nosotros y nuestra propia historia proponiendo obras con el fin de la conmoción a nuestra tradición y experiencia del arte, una experiencia del reconocimiento de lo que nos hace y de lo que somos; incluso, "reflexionamos del mismo modo sobre las tradiciones y las formas artísticas de otros mundos y culturas que no han determinado la historia occidental, pudiendo, precisamente así, hacerlas nuestras en su alteridad". No importa donde nazca, ni el tiempo en que lo haga, sino el ser una construcción humana para que nos represente, nos identifique.

 

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