EL BOCETO ¿UN PROBLEMA TÉCNICO?

 

 Por: Agustín René Solano Andrade[1]

 

 

 

Si bien el boceto es un instrumento muy utilizado por el diseñador, el carácter de éste se ha limitado en la mayor de las veces a objeto de dibujo, y no se le ha dado su importancia como objeto de la disciplina de diseño. Esto es, se ha tratado el tema del boceto solamente desde el punto de vista artístico y dibujístico y no se le ha considerado a la etapa de bocetaje con la importancia que ella implica dentro del proceso proyectual del diseño. Parte de esta conceptualización se debe a los cambios que una época de industrialización y tecnología plantea, avanzando rápidamente sin dejar a los individuos reflexionar el tiempo necesario pues se quedarían atrás. Algunos autores han denominado a esta época como posmoderna y en este término se reparará para penetrar al boceto.

 

 

La sociedad posmoderna y sus características, han llevado a la mayor parte de las acciones del hombre a una desvalorización de sus actos y sus objetos de uso, resguardándose en la técnica y la tecnología como sustento principal del hecho; esto, en todos los niveles humano, por así llamarlos, sin tener prioridad por alguno. Las actividades profesionales han disminuido su construcción en aspectos de  la capacidad crítica del ser humano para realizar dicha  actividad, y han creado la dependencia tecnológica en su seno. “El modo de producción de la vida material condiciona el  proceso de la vida social, política y espiritual en general”[2]. De esta forma, los extremos de esta situación han hallado un campo fértil para su procreación en vez de entenderse, complementarse y crear un equilibrio para sus partes; así el ser humano se encuentra con escenas contrapuestas en el mismo contexto. “A  pesar de la ampliación del horizonte del pensamiento y de la acción a efectos del saber técnico, la autonomía del individuo, su capacidad de ofrecer resistencia al aparato creciente de la manipulación de las masas, la fuerza de su fantasía, su juicio independiente, parecen retroceder claramente”[3].

 

En este contexto, el boceto puede ser visto o abordado desde dos aspectos polarizados (que no siempre tienen que estar contrapuestos), y que a fin de cuentas es lo que lo componen: desde su valor en sí o su valor para sí, desde una razón objetiva o subjetiva; “que viene a coincidir con la distinción entre una razón que se preocupa de encontrar los  fines que el hombre ha de perseguir, si quiere configurar su  vida y su historia de una manera humana, y una razón que sólo se preocupa de resolver los problemas técnicos de la relación entre medios y fines, sin detenerse a examinar la racionalidad de estos últimos”[4]. Se puede ver al boceto como comúnmente se hace, como el objeto dibujístico clasificado por su terminación técnica o entender el proceso que éste requiere para ser elemento de la metodología del diseño y un sustento importante de la disciplina.

 


 

 

Para ser más claros en la apreciación de dibujo que toma el boceto en su contexto, se encuentra que la mayor parte de los textos que lo incluyen son libros sobre dibujo, y los libros de diseño que lo llegan a tocar, lo incluyen en apartados de ese tipo. Se entiende que es necesario tratar al boceto desde esta cara, una razón que sólo se preocupa de resolver los problemas técnicos de la relación entre medios y fines, sin detenerse a examinar la racionalidad de estos últimos; pero hace falta detenerse en el otro lado de la moneda para presentarlo también como objeto de una metodología del diseño.

 

Regularmente, el alumno de la carrera de diseño cuestiona el número de bocetos para realizar un proyecto, cuando esa respuesta no dará  pauta a la solución gráfica correcta del problema planteado, sino a una recopilación de resultados sin orientación explícita, que llegan al número designado. El indicar una cifra de bocetos no asegura que el problema será  resuelto. Sin embargo esto no es caso único del diseño, sino que en la mayor parte de las disciplinas como actividades humanas, la extensión y la técnica sustenta el contenido. Así vemos cómo el reporte en alguna empresa causa angustia a quien lo realiza ya que debe de resultar amplio y hecho en computadora para obtener cierta validez, en lugar de que lo prioritario sea el de ser sintético y comprometido con los objetivos y valores de la compañía; por poner un ejemplo.

 

Todo esto lleva a la reflexión sobre la actividad del diseñador y la manera en que la lleva a cabo, creando cuestiones que cimientan el valor del diseño para una sociedad a la que corresponde con su trabajo. Así, la falta de conocimiento del proceso de bocetaje y las actitudes denominadas posmodernas, han dado la pauta a poner un número de bocetos para resolver el problema, o por lo menos a preguntar si eso existe y ha generado una razón instrumentalista del objeto a tratar; lo ha puesto, como acción,  solamente en su carácter técnico. Por tanto, el boceto debe ser una solución gráfica significativa contextualizada que se debe a una sociedad específica que solicita el objeto de diseño.

 

El conocer y comprender al bocetaje como una de las bases para la disciplina del diseño, es de gran valor para quien se encuentra en ella, ya que es una etapa que todo diseñador aborda. Esto abrirá sentido a un proceso mejor estructurado y por lo tanto con mayor dirección a objetivos definidos, creando soluciones en estadios conscientes, con sistemas específicos, parámetros establecidos y actitudes críticas.

 

El resultado de tener el proceso con una estructura y elementos definidos desde un punto de vista distinto del dibujo, ayudará a la realización del proyecto que pretende aprovechar los recursos que éste disponga; poniendo más atención a la solución, y por consiguiente, esto evitará errores, asegurando un trabajo profesional, la satisfacción de a quienes se encuentra dirigido el proyecto y el reconocimiento de quien lo realizó.

 

 

 



[1] Agustín René Solano Andrade ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ) es Maestro en Comunicación y Diseño (UIA) y Maestro en Estética y Arte (BUAP). Combina su quehacer académico con las letras y las imágenes. Sabersinfin.com agradece a Agustín René la autorización para publicar el presente trabajo. 

 

[2] Labastida Jaime, Producción, ciencia y sociedad,  Siglo XXI, México, 1969, p. 36

 

[3] Horkheimer Max, Crítica de la razón instrumentalista, Trotta, Madrid, 2002, p.43

 

[4] Menéndez Ureña Enrique, La teoría crítica de la sociedad  de Habermas, Tecnos, Madrid, 1978, p.48