MURIÓ LA POETA JOSEFINA ESPARZA SORIANO (1934-2009)
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martinez garcilazo.jpgMURIÓ LA POETA JOSEFINA ESPARZA SORIANO (1934-2009)

Por: Roberto Martinez Garcilazo*

12  de abril del 2009 

En América, el auge de los himnos nacionales ocurrió en el siglo XIX: el siglo del surgimiento de las naciones independientes, el del nacionalismo musical y del romanticismo literario.

 

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Pero también, el XIX  fue el siglo del surgimiento de una poderosa y longeva corriente literaria que se negó a cantar al estatus quo y denostó ferozmente sus instituciones sociales y sentimentales.

Paradójicamente, en el siglo XIX, convivieron los poetas nacionales -que pusieron sus plumas al servicio de la lírica patriótica escribiendo los himnos de sus países- y los poetas malditos que usaron sus versos para dinamitar el estatus.

Abono lo anterior; recuerdo y cito estas líneas de Carta de creencia de Octavio Paz: Las palabras son puentes. / También son trampas, jaulas, pozos.

Para Josefina Esparza Soriano, las palabras fueron puentes. La poeta murió la semana pasada, aquí en la ciudad de Puebla, a la edad de 75 años. Dedicó su vida a la docencia y a la literatura. Ganó más de 300 concursos de poesía. Fue  la primera mujer que ganó el Premio Aguascalientes de poesía, en 1956.  Y en el 1999 ganó el concurso de poesía épica que puso letra al himno de Puebla, convocado que fue  por el gobierno de Melquiades Morales Flores.

Sobre este último aspecto quiero abundar. El himno, como forma literaria, es una versión de la historia nacional o regional. Esta versión de la historia se realiza – o se dice que así es- en determinadas instituciones sociales. A través de determinados programas de gobierno se opera cierta política social ideológicamente enfocada.

El himno es un instrumento simbólico de transmisión de valores y creencias. Dice Melquiades Morales Flores –en el texto de presentación de la edición del Himno a Puebla que realizó la Secretaría de Cultura en el 2001-  que los himnos “Encierran  una identidad, como los valores, tradiciones y aspiraciones que se tienen. (…) Los valores y la identidad deben ser los factores que impulsen una mejor convivencia. De esta manera, el devenir, para cada uno de nosotros está garantizado”.

No debemos dejar de apuntar que el himno es un producto literario sujeto a caducidad: pierde vigencia cuando cambian las circunstancias históricas que lo originan. Sin embargo, el himno es siempre –mientras rige- un instrumento de afirmación nacionalista y, de manera dominante, un canto guerrero.

Es también un ensalmo proferido en colectividad que busca propiciar la buena fortuna y una divisa que singulariza a la tribu mediante la instauración de un repertorio de símbolos y locuciones características.  

No olvidemos que el himno es un remanente de la vida religiosa tribal: es un canto de adoración a la divinidad elevado al cielo por una grey sufriente y desorientada. Es por esto que el liderazgo político moderno tiene su origen en el management profético de los años del desierto: el profeta es líder porque tiene una relación personal directa con la divinidad, es su intermediario humano; sabe, conoce, relatos y explicaciones que la tribu ignora.

Volvamos… El himno de Josefina Esparza Soriano es un himno liberal que recupera la dimensión juarista del general Ignacio Zaragoza, y también la imagen heroica –maderista, libre sufragista y revolucionaria- de los Hermanos Serdán.

Esto es de vital vigencia en nuestros días: el himno no es únicamente una pieza retórica, es –fundamentalmente- una toma de posición ideológica en la arena política. Lean, si no, sus palabras clave: patria, valentía, lealtad, gloria, inmortalidad, laurel, guerra, invencibilidad, trabajo, progreso, porvenir, justicia, unión, esperanza y amor fraternal.

El combate  político es por naturaleza un terreno inestable y mudable –círculo infinito. Es evidente que el enfrentamiento entre liberales y conservadores no ha terminado. Existen sectores sociales que no comparten los valores del relato mítico que propone el himno de Josefina Esparza Soriano. Seguramente,  si llegan al poder estatal lo derogarán  y cambiarán  por un Te deum.  Pero mientras ese improbable y  pernicioso  escenario no ocurre,  el himno de Esparza es el símbolo de Puebla.

Al punto... Ha muerto Josefina Esparza Soriano, la poeta que concibió y escribió el himno de Puebla (la música es del maestro Juan Arturo Ortega Chávez).

 


 

 

¿Qué debemos hacer los poblanos para honrar su memoria?   ¿Erigirle una estatua de bronce; escribir su nombre en los muros del Congreso, concederle una pensión financiera a sus herederos por concepto de derechos de autor; publicar sus obras completas; distribuir masivamente millones de copias del himno a todos los alumnos de todas las escuelas de Puebla? Los poblanos tenemos (¿tenemos?) la palabra.

Ha muerto la poeta Josefina Esparza Soriano. Así, con sus cinco letras precisas; poeta. Porque digan lo que digan  las capillas literarias y las cúpulas académicas –tan distantes de la vida del pueblo-, era una gran poeta de Puebla. Lectora, lector, cuando cantemos los versos del himno que escribió para nosotros  advirtamos  la sentida esperanza de justicia social que  vive  en esta imagen del futuro idílico, tan lejano: Hoy en Puebla florecen los campos / con destellos de un gran porvenir. Q e p d.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla. 

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