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El presente ensayo es una aproximación sociológica que busca comprender y explicar, de alguna u otra manera, la constitución de la cultura del goce en el contexto peruano. Se trata de abordar la cuestión del goce como un elemento que está presente en el imaginario, mentalidad y subjetividad de los sujetos sociales. Se puede decir que en las prácticas, acciones interacciones y discursos de las personas se gesta, en términos de Portocarrero y Ubilluz, un imperativo o mandato a gozar, un dejarse llevar por las pasiones, placeres, deleite y disfrute de forma excesiva. Entonces, la configuración o establecimiento de la cultura del goce sería causante y determinante del mal y los diversos problemas sociales que esta implica.
Para estructurar este análisis he tomado las categorías y nociones de Gonzalo Portocarrero y Juan Carlos Ubilluz, intelectuales de las ciencias sociales que han estudiado, directa o indirectamente, la cultura del goce desde perspectivas o miradas distintas pero con conclusiones y afirmaciones análogas. Complemento mi disertación con otros estudiosos que se acercan de un modo u otro a la cuestión planteada inicialmente. No obstante, para poder abarcar de mejor manera el tema en el cual se centra nuestro ensayo, nos servirá de guía el análisis y revisión de las siguientes frases: “donde se aplica el dedo brota la pus” y “el Perú es un burdel”.
Por lo expuesto en los párrafos anteriores, nuestro trabajo sociológico se ordena de la siguiente manera: 1) la definición teórico – analítica del goce, 2) la revisión de la frase “donde se aplica el dedo brota la pus”, 3) el análisis de la frase “el Perú es un burdel”, 4) los elementos relacionados a la constitución de la cultura el goce y finalmente 5) las reflexiones finales del estudio. A continuación paso a explicar de manera clara y precisa lo precedente.
La definición del goce
De forma poco clara y directa, Portocarrero y Ubilluz definen y explican el goce a partir de la teoría psicoanalítica, vale decir que si queremos dar un esbozo acertado sobre el goce tenemos que revisar, primero y ante todo, los aportes de sujetos como Jacques Lacan, Sigmund Freud, entre otros. Claro está, en el presente escrito no pretendemos profundizar y menos complejizar los postulados de ambos intelectuales. Sin embargo, implícitamente, y quizás desvirtuadamente, se dará a conocer las ideas de Lacan, ya que tanto Portocarrero como Ubilluz –especialmente el segundo– argumentan o sustentan sus estudios en los textos de dicho personaje.
Para que se pueda entender vamos a partir de la definición simple, popular y de sentido común que existe sobre el goce; entonces el goce es sinónimo de placer, deleite y disfrute que experimenta un individuo o grupo de individuos en un tiempo, espacio y situación determinado. El haber aprobado el examen de la materia que consideramos difícil, es para deleitarse, que tu mamá halla cocinado tu plato favorito es, sin duda alguna, para disfrutarlo. Que la chica que tanto te gusta acepte ser tu novia produce placer y que el Perú valla a un mundial de fútbol genera goce, aun que no a todos, y es que cada ejemplo que acabamos de mencionar no a todos les produciría un deleite o disfrute, cada sujeto encuentra el placer en especificas y particulares situaciones, condiciones, objetos y circunstancias diferentes o iguales a de los demás.
Con la idea común y simple sobre el goce, podemos pasar a definirlo desde la perspectiva psicoanalítica que analiza Portocarrero, sustentándose en Braunstein, el cual se basa el Lacan. Bajo esta mirada, el goce es un “exceso intolerable” del placer, es decir, es en demasía y extremo, a tal punto que se acerca al dolor y al sufrimiento por encima de la ley y sin importar el colectivo. “Braunstein –dice Portocarrero– también define el goce como una manifestación del cuerpo próxima al dolor y el sufrimiento”. En tal sentido, el goce no se limita a un placer y deleite, sino implica también el daño, dolor y sufrimiento de uno mismo y de los demás. Entonces, esta situación se caracteriza por dejar a un lado al prójimo, a los otros y al colectivo al cual pertenecemos, e incluso no importa nuestra integridad física y psicológica, ya que el fin u objetivo es el gozar. En este especifico sentido, Ubilluz va a decir que el imperativo al goce se gesta por la desaparición o muerte del gran Otro –que para Lacan es el orden simbólico–, que no es otra cosa que la comunidad, el colectivo y las metas comunes. Esto es una consecuencia del individualismo y de la ideología narcisista que promueve el mercado como parte del sistema posmoderno del capitalismo tardío.
Particularmente para Portocarrero “el goce es una experiencia de satisfacción, que cuando no está ligado a la ley y el amor se transmuta en una excitación desequilibrante, mortífera. El goce se convierte entonces en un sustituto del sentido, en un intento de llenar el vació de la existencia sobre la base de abandonarse a una impulsividad ciega”. Con esta redefinición se aclara lo descrito anteriormente, esto es, que el goce va mas allá del placer, es satisfacer la pulsión y el instinto de una u otra manera sin importar nada ni nadie, ni siquiera la ley e ignorando el discurso, la posición y los anhelos de los otros. En síntesis, el goce nos embrutese, controla, nos lleva a la autodestrucción y nos conduce, en términos de Portocarrero, al mal. Por tanto, habría una relación estrecha entre al mal y el goce, en tanto que el segundo razonado desde el psicoanálisis, es un exceso que causa daño, dolor y sufrimiento, entrando de esta manera a una situación de maldad, vale decir, (re) creando o construyendo el mal en sus múltiples rostros y modalidades. Es así que, Portocarrero plantea “entender el mal como algo que implica dañar gozosamente la humanidad propia o ajena, es decir, atentar de una manera u otra contra la singularidad de las personas”.
Por otro lado, para Ubilluz el goce no solo se relaciona con el mal sino también se enlaza con el narcisismo, en donde yo soy el centro del mundo, digno de amor a diferencia de los demás. El narcisismo es el amor excesivo de uno mismo –tal como es entendido el goce desde la mirada psicoanalítica–, en tal sentido para Ubilluz el ser narcisista equivaldría a ser individualista. Para Lacan el estado narcisista de una persona es el “yo – ideal”, en donde el individuo rechaza y desafía la “castración simbólica”, es decir, la ley paterna y su orden social. En este sentido, el sujeto solo busca su goce individual imaginario –un ideal omnipotente del Otro que no existe o que es inalcanzable– sin importarle la colectividad, esto es, el “ideal del yo”. “Narcisista por definición –dice Ubilluz–, el yo ideal apunta hacia el goce: de primar en el sujeto, este ideal lo lleva a desafiar la castración simbólica y a procurar una completud imaginaria, a buscar sentirse completo como cuando en el regazo materno”. De esta manera, el “yo – ideal” es entendido como el narcisismo e individualismo de una persona, solo busca su goce aunque este sea algo ideal, imaginario e inalcanzable. Entonces, tanto el narcisismo como el goce son excesos construidos en la subjetividad del sujeto por la acción del mercado y el sistema social posmoderno en el cual está inmerso.
Como se viene analizando, el goce es una categoría abordada exclusivamente por la teoría psicoanalítica. Por lo cual es necesario acercarnos a su gestor más directo, nos referimos a Sigmund Freud. El psicoanálisis para Freud se ordena de acuerdo a tres aspectos básicos: inconsciente, pre – consciente y consciente, los mismos que se estructuran biológicamente. Su teoría, tal como lo señala Marcos Victoria –un estudioso de su filosofía-, es profundamente biológica, en donde el hombre no es un animal social –como lo sostuvo Aristóteles–, sino un animal más que se guía por sus instintos. Es el “instinto” el motor de la actividad humana, específicamente Freud se refiere al instinto sexual que no es otra cosa que lo “libido”. Es así que, para Freud –tal como lo sostiene Portocarrero– la teoría de lo “libido” es la teoría del goce, esto quiere decir que el iniciador del psicoanálisis no estudio en términos directos y precisos el goce, sino lo abarco de manera implícita en lo “libido”. Si para Lacan el goce es un elemento que dinamiza la subjetividad y actividad del hombre, para Freud lo “libido” cumple la misma función. “La libido –dice Victoria– seria para Freud el núcleo dinámico de nuestra actividad mental”.
En síntesis, el goce desde la óptica psicoanalítica es individualista, narcisista, equivalente a lo “libido” y por lo tanto nos conduce al exceso y a las múltiples manifestaciones del mal. Así, al individuo no le importa los objetivos y metas colectivas, ya que lo prioritario es el goce. En esta situación el goce no se sujeta a la ley, las normas, orden social y ética o moral de la comunidad, y es que “el goce tiende a ser personal y autista”. Finalmente, podemos afirmar que la definición teórica – analítica del goce va mas allá del simple placer –definición del sentido común– y se aproxima al daño, dolor y sufrimiento de los otros, e incluso de uno mismo, es un exceso que reproduce el mal. En consecuencia es parte del imaginario, mentalidad y subjetividad del sujeto posmoderno. “De acuerdo con Slavoj Zizek –dice Portocarrero–, el mandato ¡goza! es el comando orientador mas vigente en la subjetividad contemporánea”.
Donde se aplica el dedo brota la pus
En 1888 Manuel González Prada, uno de los pensadores más reconocidos de nuestro país, escribió un artículo titulado “Propaganda y ataque”. En este trabajo se encuentra la frase “donde se aplica el dedo brota la pus”. Desde luego que esta afirmación se anoto hace muchos años, sin embargo tiene validez en el Perú de hoy. No dudo que existan diversas explicaciones al respecto, vale decir, que la frase de Prada se haya analizado e interpretado. No obstante, en este apartado pretendo (re) construir y recrear lo planteado por Gonzalo Portocarrero sobre la presente frase.
Para Portocarrero, “la idea de González Prada es que todo está mal en el Perú (...) La frase donde se aplica el dedo..., pretende ser movilizadora. Todo está mal, la podredumbre es generalizada”. Ahora bien, la cuestión del mal tal como lo sostienen varios intelectuales –incluido el mismo Portocarrero–, viene de atrás, es una construcción social, tiene un proceso de formación que se gesta en la colonia, vale decir, es un herencia colonial. Desde la conquista española y la configuración del sistema colonial se ha constituido lo malsano, eran los frailes, corregidores y demás autoridades, los que hacían lo que querían, excesos, abusos y transgresión en contra del indio y todos los considerados inferiores. Por tanto, “... no hay remedio”, el Perú desde mucho antes no está como debería de estar, lo malsano se reproduce permanentemente desde que los otros –los españoles y su orden colonial– llegaron a nuestro contexto social. Entonces, la pus no es nueva o coyuntural, sino viene desde muy atrás, y es allí en donde se encuentra la explicación. Los problemas, la enfermedad y la crisis social, política y económica del Perú son históricos, el mal es algo que siempre ha existido en nuestra sociedad.
En forma análoga, Luis Alberto Sánchez afirma que el Perú es un país adolescente, esto es, subdesarrollado, tradicional, inestable y lleno de problemas sociales. En efecto, para Sánchez, al igual que Prada, el Perú puede compararse y simbolizarse con cuerpo humano, ya que “un país es como un ser viviente; de hecho es un ser viviente. Posee cuerpo y espíritu; inteligencia, sentimiento, subconsciencia y voluntad. Disfruta de infancia, adolescencia, juventud, madures, y sufre también su edad senil”. Sin embargo, para Sánchez nuestra sociedad, entendida como un cuerpo humano, no está enferma y menos aún tiene pus, sino es inmaduro, no ha alcanzado la edad suficiente para afrontar o solucionar sus múltiples y variados problemas sociales. Somos un país adolescente, y como tal no hemos logrado superar las condiciones de pobreza, racismo, corrupción, etc. En resumen, la situación malsana del Perú equivaldría a ser adolescente. Entonces, nuestra realidad social es compleja, complicada e impredecible por los problemas que tiene. “En el Perú –como diría el presidente Manuel Prado– hay dos clases de problemas: los que se resuelven solos y los que no se resuelven”.
Pero, ¿en qué momento se jodió el Perú? pregunta Zavalita, el personaje principal de la obra de Vargas Llosa, “Conversaciones en la Catedral”. Sin duda alguna, la interrogante también busca retratar o reflejar que en nuestro país todo es esta mal, podríamos preguntarnos entonces lo siguiente: ¿en qué momento se inicio la enfermedad en el Perú?, vale decir, cuando y como se gesto la infección y la pus en nuestro contexto social. La respuesta a tan complicada pregunta lo han dado intelectuales como Julio Cotler, Hugo Neira, Gonzalo Portocarrero, entre otros. No obstante, lo más acertado es reconocer que son “traumas coloniales”, una “herencia colonial” y que al fin y al cabo somos hijos de nuestra historia, y es que lo malsano, la enfermedad, la inmadurez –por la condición de ser adolescentes– y lo jodido en que se encuentra nuestro país, es una construcción social. Por tanto, la frase “donde se aplica el dedo brota la pus” se explica por la cuestión histórica y no coyuntural, esto es, momentánea o pasajera. La pus hace del Perú una sociedad impredecible, lleno de sorpresas, novedades, el “país de las maravillas”, en donde nada funciona, nada está en su lugar y en consecuencia todo puede pasar. En síntesis, el Perú, por la enfermada y pus que tiene, es “pensar lo impensable”.
En este sentido, la frase de Prada, en términos de Portocarrero, “describe la sociedad peruana como enferma”. Bajo esta perspectiva, la constitución de lo malsano es parte de la realidad social, económica y política de nuestro país. La enfermedad, la infección y la pus representan los problemas que tiene el Perú, y la formación del mal en la subjetividad de los sujetos y colectividades. El exceso, el hedonismo y la cultura del goce serian la consecuencia directa o indirecta de lo insano en que se encuentra nuestra sociedad. El goce entendido como un exceso próximo al daño y sufrimiento de uno mismo y de los demás, reproduce el mal, la enfermedad y la pus social. Así, lo malsano va a la par con la constitución de la cultura del goce, vale decir, la infección permite la configuración del goce, ya que este es individualista y narcisista que implica la desaparición o olvido del Otro colectivo. En conclusión podríamos decir que la cultura del goce se constituye a partir de la situación malsana en la cual históricamente se encuentra el Perú.
El Perú es un burdel
En los años 80 Pablo Macera, intelectual de las ciencias sociales, acuño la frase “el Perú es un burdel”, han pasado varios años desde entonces y la reflexión que hiciera esta personalidad sigue teniendo vigencia en realidad social, económica y política. El escenario peruano actual se puede explicar a partir de la frase mencionada, ya que los sucesos, acontecimientos y novedades del mismo, representan de alguna u otra manera el significado que le da Macera a este aforismo. Pero ¿por qué la situación de nuestro país seria representado, simbolizado y comparado con un burdel? En esta parte buscamos responder a dicha interrogante.
Sin duda alguna, este pensamiento es una metáfora, y es que la palabra burdel se traslada en sentido figurado al ámbito social, económico y político del país. El burdel es definido como un prostíbulo o una casa de prostitución en donde existen personas –específicamente mujeres– que brindan servicios sexuales a cambio de una remuneración. Puede entenderse también como un centro mercantil de transacciones reciprocas con fines económicos, y claro está, también sexual. En estos espacios todo cuesta, todo tiene su precio, yo te doy algo y a cambio recibo mi parte. Por lo general los burdeles en el Perú son clandestinos, ya que culturalmente estas actividades son consideradas inmorales y propio de personas de mal vivir. Por otro lado, en nuestro contexto social abundan los prostíbulos, es quizás por eso que a Macera se le ocurrió la idea de comparar al país con un burdel.
Para Gonzalo Portocarrero, “la metáfora insinúa una sociedad en donde nadie se salva, presa de un debacle moral cada vez más generalizado, pero donde el humor y el goce reinan con irresponsabilidad”. En efecto, se trata de una sociedad en donde cada uno hace lo que quiere a partir de lo que posee o tiene, vale decir, si mi posición económica lo permite. En este sentido, se puede afirmar que vivimos en un país horrible, específicamente “Lima la horrible” diría Salazar Bondy, ya que actualmente todo se ha comercializado, todo tiene su precio, un costo o valor, si yo tengo lo suficiente o lo necesario puedo realizar las transacciones que desee en beneficio propio. En palabras de Ubilluz, el sujeto posmoderno es individualista y narcisista, primero yo, segundo y tercero yo. Por tanto, el Perú es por excelencia un país mercantilista, comercial y utilitarista, en donde todo, incluso la vida humana, tiene su precio, cualquier cosa o elemento sociocultural se convierte en una mercancía u objeto para vender, y es que el mercado nos controla, domina y lleva al consumo y goce permanente.
En los contextos políticos, económicos y sociales del Perú todo discurso ético y moralista está ausente o en todo caso se presenta deteriorado. El hombre de hoy es hedonista, espontáneo, consumista e individualista, no le importa lo que pueda pasar mañana siempre en cuando el presente sea vivido intensamente. Es así que, asistimos a la constitución de la cultura del goce. Nuestros sentimientos, pasiones, instintos e intereses nos consumen y controlan, solo yo y mis deseos, necesidades, satisfacciones, placeres y deleite. En consecuencia, “el Perú es un burdel”, ya que cuando una persona cualquiera –un parroquiano– va a un prostíbulo, su fin es la satisfacción y goce sexual, de la misma manera en la política y los asuntos socioeconómicos de nuestro país, las acciones, discursos y prácticas de los individuos solo buscan el consumo, goce e interés personal. Claro está, no podemos generalizar, pero sin duda alguna lo que acabamos de describir es parte del sentido común de la gente.
Si nos ponemos a observar detalladamente la realidad social actual, podemos encontrar problemas, fenómenos y situaciones que ejemplifican la metáfora que en este apartado analizamos. La corrupción de los funcionarios públicos y políticos, la informalidad en sus diversas modalidades, el tráfico de órganos –incluido seres humanos–, la explotación sexual de menores de edad, la delincuencia y los homicidios, el problema de las drogas y los vicios, entre otros casos en donde no se respetan los derechos humanos, el hombre –entre varones y mujeres por igual– es reducido a un objeto o mercancía con fines económicos. Desde luego que son múltiples y variados los hechos sociales que nos caracterizan, simbolizan y comparan con un burdel. Si en el prostíbulo uno puede encontrar el goce sexual, en el Perú como un burdel el goce está en la transgresión, abuso, explotación, engaño y daño a los demás, es allí en donde se encuentra el nudo crítico de muchos problemas sociales como la corrupción, informalidad, delincuencia, racismo, etc.
Las novedades, sorpresas y acontecimientos de la coyuntura política y social, nos permiten explicar de mejor manera el aforismo “el Perú es un burdel”. El caso de corrupción del Aprista Rómulo León y compañía, el asunto de Manuel Burga y el fútbol peruano, el libertinaje de Magali Medina –lo cual la llevo a la cárcel– y los últimos sucesos de violencia provocados por Sendero Luminoso son, sin duda alguna, el reflejo de que en nuestro país todos, o por lo menos la mayoría, hacen lo que les da la gana sin importarles si afectan o no a los demás. Sobre el problema de Sendero Luminoso, Portocarrero afirma “que el mal no está solamente arriba, en las clases altas. Está en todas partes, quien puede abusa. Esa es la lección que nos dejó la insurrección senderista”. Entonces, quien puede abusa sin importar su condición o posición social, ya que así como en el burdel nadie se salva, todos son parte de un modo u otro de los actos que se producen allí. Es quizás por todas estas cosas que Guillermo Nugent dice que el Perú es un “país complicado” y una “caja de sorpresas”, en donde todo puede pasar.
“El Perú es un burdel”, metáfora que compara, representa y simboliza a nuestro país con un prostíbulo, nos explica de manera directa o indirecta los cambios que se dan en la mentalidad, subjetividad e imaginario peruano, en donde la constitución de la cultura goce es una realidad en los escenarios políticos, económicos y sociales. En efecto, todo se consume, somos espontáneos, hedonistas, individualistas y utilitaristas que nos dejamos dominar por los sentimientos, pasiones, placeres y deleite personal. A todo le ponemos precio, un costo o valor económico, somos histórica y culturalmente mercantilistas y nuestra identidad es la corrupción. En síntesis, conformamos, en términos de Nicolás Maquiavelo, una sociedad en donde “el fin justifica los medios”.
La cultura del goce
El goce es elemento moderno, ya que es en este nuevo orden social en donde se puede encontrar la raíz de su configuración. En el discurso, acción, interacción y práctica social la cultura del goce se comienza a constituir a partir de la formación de la modernidad. La modernidad, entendida como un distinto y diferente orden, organización y estructura sociocultural, se gesta en los siglos XV y XVI –al respecto ver; Walter Mignolo (2007), Aníbal Quijano (2000) y Augusto Castro (1994), entre otros–. En efecto, existen diversos intelectuales que relacionan la modernidad con la colonialidad, vale decir, que las conquistas sociales que se dan en los siglos XV, XVI y XVII, no hacían otra cosa que constituir el sistema moderno en nuevos espacios o territorios. Particularmente para Giddens; “modernidad se refiere a los modos de vida u organización social que surgieron en Europa desde alrededor del siglo XVII en adelante y cuya influencia, posteriormente, los han convertido en más o menos mundiales”. En consecuencia, la modernidad es un proyecto europeo – occidental.
Por tanto, 1532 es el año en donde el orden moderno se inaugura, y es que en el Perú la conquista española significo una distinción y diferenciación sociocultural que cambio radicalmente nuestra nación. Posteriormente, con la configuración del sistema colonial, no solo se modifico la dinámica mercantil, económica y política, sino también instituyo nuevos estilos de vida, interacción y acción social, lo cual implica una distinta cultura, que en términos de Augusto Castro seria la “moral moderna”, ya que “la modernidad europea se nos presenta como un nuevo terreno donde replantear los problemas éticos y morales (...) El sujeto moderno norma la conducta de los hombres y de sí mismo. El es el que justifica su propia acción y su moral”. Es así que, el Otro colonizador influencia, impone y educa al indio. Se trata de una dominación cultural en donde la moral y ética del colonizador se establece en todas los ámbitos sociales. Como sujeto moderno, el conquistador tiene sus propias normas, valores y patrones culturales que tienen que ser aceptados, respetados e incluso imitados por los considerados inferiores, estos son los indios y otros grupos subalternos.
Pero ¿cuál era la moral del sujeto moderno? Castro y Portocarrero dan la respuesta a la presente interrogante. Comenzaremos con Augusto Castro. Para este intelectual la moral moderna –es decir; del conquistador y colonizador– es la moral de picaros, “la picardía es la bribonería. El bribón es el sinvergüenza (...) El pillo o el bribón es un hombre que transgrede la ley para sobrevivir. Usa su ingenio para sortear las dificultades y salir airoso (...) El engaño, el robo, la audacia y la astucia son sus armas y su práctica”. Como podemos ver, la picardía es la ética del conquistador, es decir, transgredir, engañar, robar, abusar, dañar y en fin cualquier acción que busque su beneficio personal. En este escenario lo moderno es ser un pillo, pendejo y bribón, así lo tradicional es ser lorna, zanahoria o el quedadito, que para el contexto de la conquista y colonia era, supuestamente, el indio. La moral de picaros equivale a ser modernos. En este especifico sentido, Castro plantea entender la moral moderna como individualista, utilitarista y corrupta, ya que la condición de pícaro implica olvidar al colectivo, al gran Otro, la comunidad y las metas comunes, el sujeto solo se guía por lo útil en función de su interés y goce individual. “La moral del conquistador –sostiene Castro– no persigue ningún bien colectivo (...) Lo decimos en el sentido de que nunca les importo la organización de la sociedad peruana ni tampoco les intereso darle un curso propio como pueblo y como nación”.
Castro expone tres casos en donde la acción de los conquistadores retrata la moral de picaros, nos referimos a García Diez de San Miguel, Diego de Agüero y Sandoval y Don Alonso de Alvarado. Desde luego que asistía un orden socioeconómico y político que partía de España, no obstante como ya se diserto, los colonizadores eran individualistas, utilitarias y picaros, aceptaban los mandatos y leyes de la corona pero no necesariamente lo cumplían, ya que “como se decía en la época, acato pero no cumplo”. Todas estas prácticas morales, éticas y culturales nos han influenciado –en ese tiempo específicamente al indio y otros subalternos–, lo hemos heredado y se ha hecho continuo de generación en generación. Por otro lado, Portocarrero no analiza al sujeto moderno, vale decir, al pícaro, sino se centra en el sujeto criollo. El criollo a diferencia del pícaro surge después de la conquista y del sistema colonial propiamente dicho, ya que su constitución en forma real o total se produce, en palabras del mismo autor, en la época republicana, y tiene vigencia en el Perú de hoy.
El sujeto criollo en el contexto peruano se presenta más como una práctica, conducta, estilo de vida y representación social, que como un determinado grupo humano, clase o sector social. Ahora bien, la palabra criollo es algo ambivalente, por un lado simboliza la alegría, el ingenio y otros aspectos relacionados a esto, pero también significa lo repudiable y abyecto. Sin embargo, en el imaginario y sentido común de la gente se enlaza básicamente con lo abyecto, inmoral y pendejo, de allí que se suele hablar de una “criollada” o de “viveza criolla”, ya que este término representa la continuidad o permanencia de algunos elementos socioculturales del pasado, tales como: el abuso, la transgresión, el engaño, la corrupción, etc. Por lo cual, lo criollo se refleja en prácticas o hechos sociales específicos que se dan en nuestra vida cotidiana, y que no se enfrascan en un grupo o colectivo particular. Esta cotidianidad y dinámica es resultado directo de nuestro pasado colonial y republicano, es decir, lo criollo es una reproducción cultural del mal, una pesada herencia que nos han dejado las generaciones que nos precedieron.
Para Portocarrero, “la sociedad criolla se caracterizo por la transgresión del orden, por la pendejada, es decir, por el rechazo subterráneo de un sistema legal sentido como abusivo, ilegitimo y corrupto. En este rechazo se inscribe un goce, una excitación o una emoción...”. En efecto, en el mundo criollo la transgresión y el goce son elementos que configuran su dinámica social, en tanto que el primero lleva al segundo. La perspectiva de Portocarrero se centra en afirmar que “la transgresión como forma específica de goce del mundo criollo”, es una reproducción del orden colonial, vale decir que es una herencia colonial, ya que es en este contexto en donde se gesta. Se sustenta en Ricardo Palma y sus “Tradiciones Peruanas”, al respecto dice; “quizás por ello es que podemos considerar a Palma como el ideólogo del mundo criollo”. Con el análisis de las narraciones de Palma, Portocarrero encuentra la constitución de la cultura del goce desde la sociedad colonial, y es que la transgresión de las leyes, la corrupción, el libertinaje y la pendejada no hacían otra cosa que producir deleite y disfrute en el sujeto. En el colonizador y específicamente en el criollo, el goce de la transgresión es generalizado, el que puede abusa, engaña o roba sin importar su situación socioeconómica, ya que lo moviliza su goce, un mandato a gozar.
Lo análogo en Castro y Portocarrero tiene que ver en que el pícaro y el criollo son sujetos surgidos como consecuencia de la conquista y el orden colonial, ambos transgreden la ley en busca de su beneficio y goce. Su moral o ética gira en torno al individualismo, utilitarismo, hedonismo y el “imperativo goza”. Bajo esta lógica, la constitución de la cultura del goce es resultado de un proceso social e histórico, un constructo gestado en la conquista, configurado en la colonia, con continuidad y permanencia en el Perú de hoy. No obstante, abordar la cultura del goce como algo que exclusivamente viene del pasado, seria limitarnos y por tanto no abarcarlo de manera profunda o compleja. Por lo cual, es necesario explicar y comprender el sistema posmoderno en el cual estamos inmersos, ya que actualmente no hablamos de modernidad sino de posmodernidad, y es que el primero se establece a partir de la ocupación española que posteriormente construiría la colonialidad europea – occidental. Entonces, somos una sociedad no solo “posmoderna” sino también “poscolonial”.
En esta parte es Ubilluz quien hace un análisis más complejo. No explica como Portocarrero la cuestión colonial, pero si desarrolla de manera clara y precisa el tema de la posmodernidad y los elementos que se relacionan a este, me refiero al individualismo, el mercado y el capitalismo tardío. De forma reducida y sintética, lo que nos plantea Ubilluz es que el capitalismo tardío, como elaboración de la globalización, promueve la ideología individualista, el narcisismo, y nos empuja al goce. Implica entonces la desaparición, inexistencia o muerte del Otro, que como ya antes se diserto, es el colectivo, la comunidad y todo lo relacionado al grupo y las metas comunes. En este escenario social el mercado tiene un papel determinante, ya que es a través de él que el capitalismo tardío se fortalece y reproduce. El mercado, los medios de comunicación –específicamente los TIC– y las industrias culturales, no hacen otra cosa que promover el consumo y “el imperativo al goce individual”. Se trata entonces de la sociedad del consumo gestado a partir de la globalización. Por tanto, la cultura del goce es constituido por la globalización, en tanto que este da como resultado al capitalismo tardío, es decir, el capitalismo tardío es entendido como una elaboración del orden global, en cual el goce es un elemento que es parte de su dinámica y cotidianidad.
Así, “todas las ideas expuestas hasta ahora se apoyan en la tesis central de que la globalización capitalista exacerba el imperativo al goce e impulsa al sujeto a desentenderse de la dimensión colectiva del Otro”. El goce individual, narcisista y consumista implica olvidar y desatenderse del otro colectivo. Quizás por eso se transgrede, se abusa, se practica la pendejada y así uno se vuelve perverso y cínico. Por tanto, el cínico y perverso es resultado de la globalización capitalista y el mercado que lo promueve, ya que todo se consume, personas, bebidas, películas, comida, vestidos, etc. El individuo en busca de su satisfacción y placer hace cualquier cosa perversa o cínica, y es que está controlado o dominado por su goce individual. Ahora bien, la propuesta teórica de Ubilluz no se olvida del todo del sujeto criollo y la tradición e historia del mismo, ya que analiza el “fujimontecinismo”, el perreo y a Mario Varga Llosa, un representante y exponente del mundo criollo actual. De esta manera dice; “el criollo justifica y exacerba su preexistente tendencia a la transgresión a través de la competencia capitalista. El criollo se vuelve así un ser sin escrúpulos, un pendejo para quien la transgresión –y el daño que ésta ocasiona al otro– es el sine qua non del sobreviviente o del ganador”. En el mundo criollo la transgresión, la pendejada y el goce excesivo no sólo serían resultado de la cuestión colonial, sino también de la competencia y el mercado que nos conduce al placer o deleite permanente y sin control. El que no se guía por este mandato es el pavo, el quedadito, el lorna –un individuo tradicional y no posmoderno–, y este, sin duda alguna, pierde, no es el ganador en el sistema posmoderno en cual vivimos, el cual se parece más a una jungla en donde el más fuerte o el mas pendejo, pícaro y corrupto, es el que sobrevive.
Puedo resumir los planteamientos de Ubilluz –quizás de forma inadecuada y desvirtuada– de la siguiente manera. El cínico – criollo y perverso se configura por la ideología individualista y narcisista promovida por el mercado del capitalismo tardío de la globalización, lo cual nos hace súbditos del mismo, de allí que se habla del mandato o imperativo a gozar. En efecto, somos dependientes o vasallos de la cultura del marcado y de la sociedad del consumo del orden posmoderno. Pero ¿qué entendemos por posmodernidad? “Posmodernidad y globalización –sostiene Frederick Jameson– son una misma cosa. Se trata de las dos caras de un mismo fenómeno. La globalización lo abarca en términos de información, en términos comerciales y económicos. Y la posmodernidad, por su lado, cosiste en la manifestación cultural de esta situación”. En consecuencia, ambas categorías deben revisarse al estudiar una determinada situación social y cultural, como la que analizamos en este ensayo.
La cultura del goce es un fenómeno poscolonial –Gonzalo Portocarrero– y posmoderno –Juan Carlos Ubilluz–. Por un lado, es una construcción social que viene de atrás, de la conquista, la colonia, la república y hasta la actualidad, esto es, somos una sociedad poscolonial resultado del fracaso de la descolonización, ya que todavía son continuos diversos elementos socioculturales de la colonia, tales como: la transgresión, el robo, abuso, el daño, la pendejada, la corrupción, la estafa, el engaño, el racismo y en fin la búsqueda del goce de un modo u otro. También el goce es algo constituido por la posmodernidad, la globalización del capitalismo, la sociedad del consumo o mercado, con la revolución de los TIC (Tecnología de Información y Comunicación) y la conformación de las industrias culturales, que promueven la ideología individualista, el narcisismo, el olvido del Otro y el mandato goza. Las frases: “donde se aplica el dedo brota la pus” y “el Perú es un burdel” reflejan o retratan la constitución de la cultura del goce en nuestro país. Lo malsano, el mal en todas partes y en todos trata de explicar que el sujeto de hoy se guía por el placer excesivo. Nadie se salva, todos somos utilitaristas y hedonistas, el goce es generalizado, “nos convertimos pues –en términos de Portocarrero– en maquinas de goce, en personas que compulsivamente buscan salir de la crisis cultural y del resultante sinsentido de la vida apelando al goce que desconoce la ley que establece el respeto al otro. La transgresión sistemática es entonces el antídoto a la depresión o aburrimiento profundo; a la falta de construcciones de sentido que contengan el goce en el placer que relaja, clama y satisface”. En resumen, el sinsentido de la vida, la crisis social, económica, cultural y política como resultado de ser una sociedad poscolonial y estar inmersos en el sistema posmoderno, ha permitido la constitución de la cultura del goce en contexto peruano.
Reflexiones finales
1 El goce es un concepto que ha sido abordado de manera profunda y compleja por la teoría psicoanalítica –específicamente por Jacques Lacan–. Desde esta perspectiva el goce va más allá del placer, ya que es un exceso próximo al daño, dolor y sufrimiento de uno mismo y de los demás. Es individualista, narcisista, no sujeta a la ley e implica el olvido del Otro colectivo, conduciéndonos directa o indirectamente al mal.
2 Existen frases que con un análisis acertado nos permiten comprender la constitución de la cultura del goce, nos referimos a; “donde se aplica el dedo brota la pus”, “el Perú es un burdel”, “¿en qué momento se jodió el Perú?”, “Lima la horrible”, etc. Estas afirmaciones no hacen otra cosa que describir de un modo simbólico o comparativo, los múltiples y variados problemas sociales que tiene nuestro país. Lo malsano, jodido y horrible, representan las cambios que se han dado en la mentalidad o subjetividad peruana, y es que el sujeto posmoderno es súbdito de su goce, esto quiere decir que el mandato a gozar es generalizado. En consecuencia, todo está mal, el imperativo del goce nos embrutese, destruye y nos arrastra a todos a lo sórdido y abyecto, razón por la cual, ya no queda nada que sea sana en el Perú, la hegemonía de la cultura del goce es una realidad.
3 La constitución de la cultura del goce es resultado de dos procesos socioculturales: 1) viene de atrás, es decir, es una herencia colonial, un constructo histórico – social gestado con la conquista y el orden colonial de antaño, 2) es también producto de la globalización del capitalismo –o capitalismo tardío– y la sociedad del mercado o consumo que esta genera. Por tanto, la cultura del goce es un fenómeno poscolonial y posmoderno. A partir de esto podemos definir la cultura del goce de la siguiente manera; un sistema de valores, normas y redes simbólicas que se dinamizan u organizan en torno al goce, placer o deleite de forma excesiva, dañando de esta manera la humanidad propia o ajena. Se constituye en personajes o sujetos como: el pícaro o bribón y el criollo, los mismos que son identificados por su viveza, audacia, hedonismo, utilitarismo, pendejada, corrupción e incluso achoramiento. Es en la transgresión, abuso, robo, daño, dolor y sufrimiento de las demás –e incluso de uno mismo– y sus leyes o normas colectivas, en donde encuentran el goce. Entonces, las acciones, discursos, interacciones y prácticas sociales obedecen al mandato e imperativo ¡goza! Es así que, en el sujeto de hoy, contemporáneo y posmoderno, la cultura del goce se constituye de forma generalizada, permanente y hegemónica.
Bibliografía:
1) Castro, Augusto: “El Perú un Proyecto Moderno: una aproximación al pensamiento peruano” PUCP – CED Lima, 1994.
2) Castro, Augusto: “Ética y Función Pública en el Perú” (fotocopia sin edición ni fecha).
3) Cornejo Velásquez, Hernández: “¿Existe una mentalidad costeña, andina y selvática?” en Aportes Nº 5 CC. José María Arguedas Huancayo, 1997.
4) Giddens, Anthony: “Consecuencias de la Modernidad” Alianza Editorial Madrid, 1994.
5) Hidalgo Jiménez, Humberto: “Consultor de Psicología Clínica” Editorial San Marcos Lima, 1999.
6) Lazo López, Luis: “Imaginario Moderno sobre las Relaciones de Pareja de los Jóvenes” en www.sabersinfin.com, 2008.
7) Manrique, Nelson: “Las Industrias Culturales en la Era de la Información” en Industrias Culturales. Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. Lima, 2007
8) Nugent, Guillermo: “¿Elites? ¿Masas?” en Cuestión de Estado Nº 4 y 5 IDS Lima 1993.
9) Portocarrero, Gonzalo: “La transgresión como forma específica de goce del mundo criollo” en Estudios Culturales: discursos, poderes, pulsiones. Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú. Lima 2001.
10) Portocarrero, Gonzalo: “Rost