UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES - Sinopsis: Elda Ruíz Flores
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            El sentido del heroísmo, las reacciones humanas y el universalismo del tema, a la luz de aquella creación cervantina, son los puntos que estudia el ensayista cubano en su trabajo. Toda la producción menor de Cervantes ha estado siempre más o menos oscurecida junto al magno resplandor del Quijote. Sobre todo en su obra teatral, y puede decirse que, en particular Numancia, cuyos versos, como todos los de Cervantes, se suelen subestimar desde los tiempos mismos en que su autor los producía. Sin embargo, respecto a la Numancia, recuerda Mañach los elogios que mereció, muy posteriormente, a hombres como Federico Schlegel, Goethe, Shelley, Humboldt y Schopenhauer.

 

            Los términos "necesidad" y "libertad" como origen conflictivo de lo trágico se concilian, según Jorge Mañach, no sólo en la Numancia, sino en todas las tragedias sean o no clásicas. La intervención de "error" es un factor de la tragedia que ya consideraba Aristóteles.

"Ese conjurarse las circunstancias por sobre toda humana previsión parece ser el signo de lo trágico."

 

            El concepto de la libertad arrastra inevitablemente el perpetuo dilema entre el determinismo y el libre albedrío. El principio de Necesidad, sea o no esta una fuerza sobrenatural, se advierte siempre en el hecho trágico.

La tragedia griega representa la expiación impuesta por los dioses al individuo culpable.          Durante el Renacimiento lo que se dramatiza es el conflicto del hombre consigo mismo, o entre la pasión y la razón—Corneille, Racine, Shakespeare, Calderón—. Modernamente el conflicto se establece casi siempre entre el individuo y su prójimo o entre el individuo y la sociedad.

 

            La tragedia renacentista sufre una etapa de transición en la evolución del género. La Numancia marca ese momento, con la variante de que el sacrificio del héroe o su destino no es ya   individual, sino  colectivo. Pasa seguidamente el ilustre pensador cubano a exponer el asunto de la obra: la ciudad de Numancia, cercada por las ¿ropas de Escipión, resiste durante catorce años el terrible asedio  hasta que los sitiados, incapaces ya de prolongar la lucha, prefieren matarse unos a otros o arrojarse a una hoguera que han encendido en la plaza.

 

            Cervantes perfila las figuras principales con un sentido ético profundo, animándolas con sobria dialéctica y amor a la libertad, sentimiento "muy vivo siempre en él" y que sabe conjugar con el espíritu de unidad y disciplina política, propios de la España de entonces.

 

Hay una contrastación entre la voluntad impotente y el destino inexorable que acentúa el sentido trágico visto por los dos bandos. Escipión es Roma, el imperio que ha de oponerse sin opción posible a realizar otra cosa. Numancia tampoco ve ni quiere ver otro camino que el de su resistencia hasta la muerte.

            El agorero Marquino confirma el rigor del lado adverso, luego de haber oído una voz de ultratumba que asegura la inutilidad del esfuerzo numantino. La superstición, la esperanza, el pesimismo se suceden y alternan en el espíritu de los sitiados que, a veces, confían en pueriles recursos, como el de resolver la situación mediante una "breve y singular batalla". Escipión se ríe de la propuesta. El cuadro, cada vez más sombrío, ofrece aquí y allá notas animadas, como la del amor de Marandro por Lira. ¿Qué fuerza podría dominar este sentimiento ideal, purísimo, entre los dos enamorados? Ninguna otra que la más zoológica e instintiva de todas: la fuerza del hambre. Hasta este punto eleva Cervantes el patetismo del conflicto. La materia y el espíritu en lucha, como en el Quijote, subraya Mañach, quien nos hace notar que esa pugna es tema cardinal en toda la obra de Cervantes.

 

            Fracasado el asalto al campamento enemigo para tratar de romper el cerco, muertos Marandro y su gran amigo Leonicio, perecidos sucesivamente Lira y las madres con sus hijos en brazos, y los hombres jóvenes y viejos, y las mujeres y los niños, obedientes todos a la terrible consigna de Teógenes, quien al disponerse a morir proclama la voluntad de los "cielos, de justa piedad vacíos", sólo queda el adolescente Bariato, a quien Escipión incita con tentadoras promesas a que se entregue, pues el general romano desea poder presentar siquiera un numantino vivo "para disimular en Roma—escribe el ensayista—la indignidad del triunfo". Pero Bariato prefiere también morir y se arroja desde lo alto de una torre.

            ¿Triunfa, pues, Roma, la fuerza material, con su violencia, base del poder? Frente a este poder se ha alzado triunfante otro con decisiva energía: la razón moral. O, en otros términos, "la voluntad histórica de libertad". Como afirma sagazmente el autor, la Numancia de Cervantes y Fuenteovejuna, de Lope de Vega, tienen el común de haber elevado el ser colectivo, el pueblo, al rango de protagonista.

            Otra circunstancia es de notar en esta creación  cervantina:   la  aparición  del  sentido  nacionalcional, que, lo mismo que las proyecciones del aspecto humano y del universal, está encomendado a las figuras alegóricas de la obra: España, el Duero, la Guerra, la Enfermedad, el Hambre, la Muerte y la Fama.

 

            Estas alegorías desempeñan en Numancia función análoga a la del coro griego, y sirven de contrapunto a la acción dramática. Pero si en cierto modo, más formal que virtual, esa obra de Cervantes responde al espíritu fatalista de la tragedia griega, en su alcance intencional muestra claramente su espíritu renacentista que era, en definitiva, el espíritu de Cervantes.

            Todavía flotaba en el ambiente español la rigidez preceptiva de la Escolástica, y el humanismo iba abriéndose camino trabajosamente. La doctrina fatalista (el determinismo había de esperar dos siglos a tomar carta de naturaleza) estaba descartada por la doctrina católica. Pero supervivía el pensamiento estoico, senequista, al que Cervantes no era del todo ajeno. Muy discutible la afirmación de Mañach "Cervantes era un católico cabal", queda con muchos visos de certidumbre la idea de su escepticismo racionalista, al menos en el orden de la crítica.

 

            Los numantinos de Cervantes cayeron, en última instancia, por decisión de su libre albedrío, y lejos de significar su heroico sacrificio una negación desesperada de la ley moral, representó la afirmación de ella, quintaesenciada y trascendente.

            Las ideas de dignidad, responsabilidad y libertad son las que engendran verdaderamente el heroísmo de los numantinos y las que dan valor imperecedero a la versión de Cervantes. El ensayo de Mañach El sentido trágico de la "Numancia" es magistral. Concepto y forma se aúnan en él para esclarecer al Cervantes poeta dramático, apenas estudiado por historiadores y críticos.

 

*Elda Ruíz Flores es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva, y  Coordinadora  de Difusión Cultural en la Universidad Pedagógica Nacional U 211 Puebla; dirige el programa de radio:  InteligenciaSexual.com

 

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