Reflexiones sobre la Trata
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

19 de noviembre de 2013

-Varones en la Intimidad-

En el mes de abril de 2012, la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, informó (con algo de bomba y platillo), que a finales del pasado ejercicio fiscal se contaría con un Diagnóstico Nacional sobre Trata de Personas, documento que, por un lado, permitiría el establecimiento de políticas públicas y la definición de bases estratégicas sobre las rutas utilizadas por quienes trafican, y por otro lado, el conocimiento de las diferentes formas de enganche de las víctimas (formas en que los explotadores capturan, convencen, engañan a sus víctimas).

Al enterarme yo de la noticia, me llamó la atención que a escasos 7 meses del término del sexenio Calderonista y a menos de 3 meses de elecciones federales, se anunciara el desarrollo de un diagnóstico (del que, eso sí, no se dio a conocer la forma en que habría de realizarse) que requeriría la aplicación de un presupuesto específico para su desarrollo. Porque basta solicitar información correspondiente al ejercicio fiscal 2011 y 2012 para ver que no estaba contemplado, en esos periodos, tal diagnóstico. Y quienes hemos trabajado al servicio de la Administración Pública Federal conocemos bien de los vericuetos sin fin del Clasificador por Objeto del Gasto y su complicada pero obligada aplicatoriedad para el ejercicio del mencionado gasto: no se trata sólo de contar con la voluntad manifiesta de desarrollar un programa o, como en este caso, un diagnóstico, sino que es menester cumplir con un procedimiento específico que corresponda según al objetivo deseado.

El punto es: se requirió cumplir un procedimiento complejo para lograr la autorización del desarrollo del diagnóstico en cuestión, no era ‘sacar dinero de un costal’ para ‘meterlo’ a otro, pues las formalidades son demasiadas. Claro, suponiendo que, efectivamente, el anuncio se haya hecho sobre una acción y no sobre una simulación… Porque es importante mencionar que en Agosto de 2011, se anunció que el Gobierno Federal avalaba la elaboración de un Diagnóstico Nacional del Delito de Trata de Personas que sería realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), análisis que permitiría conocer la situación actual del fenómeno de trata de personas, y consolidar políticas públicas transversales para prevenir y sancionar ese delito. Ese diagnóstico nunca se publicó, y misma suerte corrió el que habría de quedar listo para fines de 2012.

Tan grave sería que en uno y otro caso se hayan asignado recursos federales para el desarrollo de un diagnóstico del que no se conoce no sólo su contenido sino su paradero (incumpliendo así el fin último que debería alcanzar); como aún más grave resultaría que nos estemos enfrentando a una serie de simulaciones que giran en torno al fenómeno de trata de personas, simulaciones que en nada ayudan a combatir el problema, mucho menos a encarar las deficiencias que el Estado Mexicano alberga en las políticas de prevención de este delito.

Lo dije en aquel entonces, y lo reitero ahora: la trata de personas, específicamente la explotación sexual, es un tema del que se tiene noticia en nuestro país desde hace tiempo. Por mencionar tan sólo dos datos relevantes de los últimos años, en junio de 2006, en un estudio realizado por la Comisión Especial de la Niñez, Adolescencia y Familia de la Cámara de Diputados, se denunció el crecimiento de redes de pornografía y turismo sexual infantil en nuestro país. Según dicho análisis, los ‘focos rojos’ se encontraban en Tijuana, Ciudad Juárez, Tapachula, Guadalajara, Puerto Vallarta, Acapulco, Cancún, Estado de México y Distrito Federal… Y hoy, 7 años después, los focos rojos incendian las noticias de los medios informativos.

Posteriormente, en el año 2008, en otro estudio elaborado por la Organización de Estados Americanos, se dio a conocer que México ocupaba el noveno lugar en explotación sexual infantil. En ese mismo año, según informes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y del Fondo Internacional para la Infancia, 16 mil personas menores de edad eran sujetas de explotación sexual cada año, informándose que en 21 de las 32 entidades del país existía turismo sexual.

¿Por qué razón, después de, al menos, estos dos datos, el Estado Mexicano no realizó acciones contundentes para detener el avance del fenómeno de trata de personas? Sólo se me ocurre una respuesta: la trata de personas no es, ni ha sido, tema prioritario en la agenda política de nadie. Lo que me parece más triste, es que México, a nivel mundial, es un país que tiene poco cuidado y respeto por los derechos de la infancia y la niñez, pues no se puede tener, por un lado, una producción y demanda tan intensa e importante de pornografía infantil, y por otro lado, un exceso de discursos que hablan de la preocupación del estado mexicano por los derechos de las niñas y los niños…

Porque las palabras no bastan, como tampoco bastan los disimulos que se disfrazan de acciones y diagnósticos inexistentes; no se trata sólo de sancionar, sino de prevenir; no es sólo atacar, sino alimentar a quienes padecen hambre y que por esa situación inhumana son blancos fáciles para la trata de personas. Ojalá tantos datos estadísticos, presentes y futuros, sean una herramienta eficaz para proteger a la niñez de una amenaza constante, que se asoma con facilidad a miles de vidas inocentes y se esconde detrás de centenares actos de corrupción. En otras palabras: al final del día no se trata del trabajo que el Estado dice que hace, sino de los resultados reales y efectivos que tiene ese trabajo que dice el Estado que hace… ¿en realidad sirve? ¿se refleja en el ejercicio de derechos de niños y niñas? ¿se refleja en el acceso a la justicia de las mujeres?

Quizá las y los ciudadanos deberíamos de convencernos de que, a pesar de la reconocida obligación del Estado de garantizarnos seguridad y libertades, es en la comunidad donde están nuestras opciones reales de protección, prevención, y desarrollo de acciones que permitan que las niñas y niños, y la sociedad en general, vivamos en un entorno seguro. Si no actuamos hoy con diligencia, en un futuro cercano podría llegarse al absurdo de poner sobre la mesa la posibilidad de regular la trata, y no de combatirla. Y eso, desde luego, nunca será lo que desee para generaciones futuras en mi país. ¿Y tú?

 Leticia del Rocio HernandezLeticia del Rocío Hernández. Abogada y escritora, consultora y conferencista en Prevención de Trata de Personas. Productora y directora del programa de televisión por Internet Rostros de la Trata. Autora del libro Dignidad para llevar.

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