martinez garcilazo.jpgABISMAL

Por: Roberto Martínez Garcilazo*

Reconsiderar teóricamente la existencia de lo sagrado por simple oposición esquemática a lo profano sería una actitud intelectual desprejuiciada que nos permitiría una actitud intelectual desprejuiciada que nos permitiría arribar a terrenos de reflexión y de conocimiento, por decir o menos, novedosos. Una primera acotación metodológica sería establecer la diferencia entre lo sagrado y las religiones constituidas en iglesias ya que éstas son, en verdad, estructuras burocráticas con expresiones teológicas y políticas.

 

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Siguiendo esta línea de especulación, podríamos decir que la reconsideración de la existencia de lo sagrado implicaría el reconocimiento de otro ámbito de conocimiento, uno que no es estrictamente instrumental ni tiene tampoco verificación positiva. Tal vez un conjunto de ideas, o mejor aún, un conjunto de relatos sobre asuntos fundamentales de la vida de los hombres; sobre acciones y pasiones comunes a todos los hombres de una cultura determinada. Evidentemente, en este contexto, lo sagrado nada tendría que ver con el uso figurado que suele dársele como sinónimo de valioso o básico en lo general, es decir, sin relación con la oposición de  las esferas de lo celeste y lo terreno, como lo llama Heidegger en El Origen de la Poesía. Más bien, hablaríamos  de lo sagrado como lo sobrehumano, lo que excede a lo humano, a las humanas capacidades de conocimiento y de creación; lo sagrado como el centro mismo de la experiencia poética. Entonces, podríamos considerar el texto poético como hierofanta, como manifestación de lo sobrehumano trascendente en la vida cotidiana de los mortales. Y también como construcción de sentido de nuestro mundo. Lo Numinoso Abismal – el concepto es mitad de R. Otto- irrumpiría entonces en la ciudad y la regeneraría – no olvidemos que nuestra ciudad es la polis degradada-, y nos abriría los ojos y frente a nosotros aparecería el tremendo misterio de la muerte. Hombres expulsados del Jardín Original, desde entonces cubrimos nuestra desnudez con trajes y corbatas y saciamos con monedas sucias vuestra vaciedad. Escribe Mircea Eliade en Lo Sagrado y lo Profano: “Todo espacio sagrado implica una hierofanta, una irrupción de lo sagrado que tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y el de hacerlo cualitativamente diferente. Cuando, en Jarán, Jacob vio en sueños la escala que alcanzaba el Cielo y por la cual los ángeles subían y bajaban, y escuchó en lo alto al Señor, que decía: Yo soy el Eterno, el Dios de Abraham, se despertó sobrecogido de temor y exclamó: ¡Qué terrible es este lugar! Es aquí donde está la puerta de los Cielos. Y cogió la piedra que le servía de almohada y la erigió en  monumento y derramó aceite sobre su extremo. Llamó a este lugar Bethel, es decir, Casa de Dios (Génesis, XX-VIII, 12-19). El simbolismo contenido en la expresión Puerta de los Cielos es rico y complejo: la teofanía consagra un lugar por el hecho mismo de hacerlo abierto hacia lo alto, es decir, comunicante con el Cielo, punto paradójico de tránsito de un modo de ser a otro. Pronto encontraremos ejemplos todavía más precisos: santuarios que son Puertas de los Cielos, lugares de tránsito entre el Cielo y la Tierra”

 

Pregunto y termino: ¿Cuál es tu puerta?

 

* Roberto Martínez Garcilazo es director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, México. 

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