MUSEO, ARTE E HISTORIA
Minuto a Minuto

 

 

 

 

Por un lado el museo de arte resguarda y conserva objetos con valoración estética importante para su exhibición; pero esa exhibición contiene características específicas hacia la mirada de sus visitantes, muy distinta la que se practica en un museo de antropología, ciencia o historia; el proceso hermenéutico es imperante. La exhibición, en el museo de arte, procura una mirada hacia la contemplación con la experiencia estética como objetivo principal -más no único. Experiencia que se encuentra delimitada por lo que debe verse según un discurso a través de un patrimonio instituido. Esto es, si bien el museo  protege y procura un patrimonio ¿cómo se valora y selecciona dicho acervo para instituirlo? Esta pregunta es pertinente entonces para quien se enfrenta a obras de arte «dudosas»[2] que están exhibidas en un museo de arte. Seguramente la cuestión no es si esos objetos son patrimonio o no -pero puede suceder-, sino cómo es que llegaron ahí; qué criterios se utilizan para darle valor de patrimonio artístico, quiénes deciden ello, pero sobre todo: ¿el museo tiene la autoridad de presentar lo que presenta? Esta pregunta es pertinente porque, hoy día, el museo se transforma en una –última- opción del tiempo libre del ciudadano común y, buscando entretenimiento y recreo; así, la obra pierde el valor propuesto por el museo de arte pues los valores sociales han modificado su jerarquía. Si antes la belleza era el punto medular de lo artístico, ahora rondan otras categorías –algunas impensables- en la experiencia estética y pasean preguntas inconexas en las salas de los museos de arte.

 

El museo juega un papel en la esfera de las necesidades de recreo de una sociedad de consumo y, entonces, incluye en su dinámica la cafetería, el souvenir, el restaurante, la tienda o algún otro espacio que refleja ser parte de ese sistema. Dentro de las necesidades de dicha sociedad también se encuentra el espectáculo y, algunos museos, involucran esa necesidad en sus exhibiciones o en su arquitectura, dando valor a lo espectacularmente arquitectónico o al espectáculo museográfico antes que a la colección. Cuando a la colección se refiere, el fenómeno publicitario entra en acción y eleva algunas piezas a fetiches artísticos; más por la mecánica publicitaria que por el valor artístico y/o estético del objeto. Sin ir más lejos, también existen museos que rentan sus espacios para eventos sociales y tener otro ingreso además del de la taquilla o de las donaciones. Todo ello, y otros aspectos más, terminan tergiversando una postura cultural y distorsionando la percepción del mismo museo de arte ante la sociedad. Claro está que las reglas del juego del consumo le atrapan, pues el museo está en el sistema, es parte de él desde lo instituido, sin embargo, se ha distorsionado la visión del objetivo del museo como institución cultural para sobrevivir al sistema, como seguramente también sucede con la biblioteca o alguna otra institución que confluya en lo cultural, pues esta situación no es un problema exclusivo del museo sino del contexto que interactúa en un conflicto entre el ocio como respuesta a la enajenación de un trabajo impulsor de productos industrializados y la cultura como producto humano.

 

Así que se tienen dos visiones extremas del museo de arte, sin dejar de abarcar la gama entre ellas, pero que en los extremos se presenta una reflexión más flexible por las características de oposición y que, de alguna manera, parece que la segunda es el cobro histórico de la primera hacia lo instituido. Por un lado está el museo percibido como mega-sujeto, concepto arraigado por su institucionalidad, que impide una respuesta directa por parte del visitante; entendiendo esto como una actitud de réplica y una relación dialógica entre los sujetos que administran el museo de arte y los que lo visitan. Si hay que agregar lo anterior a que la valoración de la colección del museo de arte es alta por su carácter de patrimonio y su representación estética, lo que tenemos es un templo artístico con carácter religioso donde existe la pulcritud y el silencio como ambiente y guardianes del tesoro… un mausoleo. Por otro lado existe la visión del museo como centro recreativo o comercial dentro de la esfera del ocio en una sociedad industrializada en la que es participante desde esta manera y por ello, entre otros aspectos, se cuestiona sus funciones en el rol social.

 

 

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