MUSEO, ARTE E HISTORIA
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1. MUSEO, arte e historia.

 

Es imposible conocer, conectar y entender el conjunto de eventos que suceden para generar un pasado humano, sin embargo, los historiadores toman en cuenta, entre otros actores, las instituciones sociales como parte de esos eventos para formar una historia instituida y oficializada, aunque sesgada. Otro aspecto a tomar en cuenta son los modos de intercambio cultural y económico y los valores sociales demarcados por su tiempo y geografía, que regularmente implican lo que se denomina época. Aquí, según estos parámetros, el museo se contextualiza y participa tanto como actor  principal, como secundario. Como actor principal adquiere el poder de una institución según su contexto histórico, pero como secundario, es el contexto histórico que cuestiona su importancia.

 

Así que se parte de la idea de que el museo es un organismo que desempeña una función de interés público, por tanto una institución con objetivos y funciones específicos para su desempeño, en este caso, en el área de la cultura donde lo artístico es su objeto de trabajo. Así, la participación de las instituciones culturales en la historia del arte es prevista en Duchamp al intervenir una exposición con un urinario y más que aprendida en Warhol al introducir objetos de uso cotidiano de una cultura específica. Ellos, como muchos más, ven en el museo ese paradigma social como definitorio del arte y que detiene, de alguna u otro forma -hoy día-, la libertad del artista en su producción. Duchamp, más allá de ser antesala del arte contemporáneo al introducir dicho mingitorio y cuestionar al arte mismo para provocar nuevas formas de arte, cuestiona también la legitimación automática del objeto como artístico al estar dentro de la institución y ser exhibido. El problema, bastante mencionado, no se queda en si “eso”, un mingitorio puesto de cabeza y firmado por un tal Mutt, es o no arte, ni tampoco si hacer el arte evoluciona en sus objetos a través de una nueva perspectiva del collage. Punto importante a tomar en cuenta es la fuerza institucional del recinto donde Duchamp introduce sus objetos: ready-mades. ¿Sería lo mismo para el Arte si el mingitorio hubiese sido expuesto en otro lugar no institucionalizado? Definitivamente no. La definición y clasificación de los productos del Arte fueron sacudidas por el mismo producto expuesto, pero también hay que preocuparse por la institucionalización del evento sucedido en un recinto. Parece que la acción-reflexión es más clara en Warhol, que habiendo aprendido de la actitud de Duchamp, advierte la ocasión de ese discurso oficializado para aplicarlo a su obra. Ahí, él ve la oportunidad de las nuevas formas de arte en una cultura donde la estetización y la producción simbólica e industrial imperan y, entonces,  utiliza al museo como catapulta para su obra. Con esto, se está tomando en cuenta al artista como otro actor importante para la historiografía del arte pero, desde la aparición del museo y con las acciones de Ducham y Warhol, la institucionalización del recinto es un factor importante en el hacer del artista. El hecho de negar al museo de arte es una forma de participación en la dinámica, situación que no sucedería si este fuera ignorado, pero no es así. Negar o ratificar es una manera de participar en lo instituido.

 

Los procesos de categorización de la obra artística no se cuestionan dentro del museo, lo que se cuestiona es el hecho de la inclusión del objeto pues el recinto contiene un valor instituido, establecido, que le da poder.  El hecho de que las colecciones hayan formado parte de un patrimonio común para los ciudadanos de un Estado-Nación, y que se necesitaran recintos con características específicas –museos- para su exhibición, definió en el carácter instituido del museo un arma de dos filos desde la aseveración de que el museo contiene objetos valiosos.

 

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