SOBRE LAS RAÍCES MÍTICAS EN LAS NOCIONES DEL TIEMPO Y DE LO LÍQUIDO

 

EN LA OBRA DE CARPENTIER

 

 

Por: Rodolfo Pineda Bernal*

 

 1.- La noción de tiempo en Carpentier

 

 

 La noción de tiempo fue analizada por el propio Carpentier quien, en una conferencia titulada Problemática del tiempo y el idioma en la moderna novela latinoamericana expresó:

 

 

Personalmente he tratado de especular a mi manera con el tiempo, con el tiempo circular, regreso al punto de partida, es decir, un relato que se cierra sobre sí mismo, en Los pasos perdidos y en el Camino de Santiago; el tiempo recurrente, o sea, el tiempo invertido, en retroceso, en El viaje a la semilla; el tiempo de ayer en hoy, es decir, un ayer significado presente en un hoy significante, en El siglo de las luces, en El recurso del método, en el Concierto barroco; un tiempo que gira en torno al hombre sin alterar su esencia en mi relato “Semejante a la noche” (…) Lo que se mueve en torno a él es la época; él es perfectamente inmutable, en una acción que comienza en la guerra de Troya y termina en la guerra de Troya, pasando por las cruzadas, la conquista de América, el desembarco de los norteamericanos en Francia durante la segunda guerra mundial, etcétera. (216)

Por ello afirmamos que uno de los aspectos que se plantean en la obra de Carpentier es que, ante el tiempo y la vida, el hombre es siempre el mismo. Otra constante de sus novelas es que se nos muestra la historia de un hombre inconcluso. En este sentido se nos narra el trayecto de un antihéroe que ha sido sacado de su centro; es decir, se nos muestra la vida de un hombre que vive atrapado en la redes del tiempo, la esencia de un ser humano que existe detenido en los límites de la visión de una época o la historia del hombre que es aplastado por el peso histórico de sus actos, que a su vez, paradójicamente, (como ocurre con el personaje de Cristóbal Colón de El arpa y la sombra o, salvando todas las diferencias, con el personaje de Víctor Hugues de El siglo de las luces) son juzgados para recrearlos o destruirlos a través de la visión de su propio tiempo; visión a través de la cual la figura de los personajes de la obra de Carpentier (seudo-ficticio, seudo-biográfico o seudo-histórico) se ven condenadas a quedar inconclusas e inmutables ante el peso del tiempo. En este sentido cabe añadir que, tanto las huellas del trayecto de vida, como la visión de la realidad de dicho hombre; se ocultan bajo el peso de un tiempo que se muestra aplastante y abrumador. Para cerrar este punto y teniendo en cuenta lo que hasta aquí se ha planteado, podemos afirmar que la noción del tiempo en la obra de Carpentier es un problema ético y estético; pero a la vez es materia de creación novelística de una realidad maravillosa, por lo que dicha noción se convierte en un acto de creación-destrucción poética, apocalíptica y mítica de una realidad concreta donde, según el propio Carpentier: “la nueva novela latinoamericana no puede ser diacrónica sino sincrónica, es decir, debe llevar planos paralelos, acciones paralelas y debe tener al individuo siempre relacionado con la masa que lo circunda, con el mundo en gestación que lo esculpe” (217) En las novelas de Carpentier aparecen varios planos y acciones paralelas donde, hay que tener en cuenta que, la noción de tiempo afectará en varios planos la estructura y el sentido de toda su obra. Nosotros sólo mostraremos una pequeña parte de las posibles significaciones de la noción del tiempo para lo cual creemos importante señalar que, en su obra, la noción de tiempo puede verse simultáneamente, como una especie de cárcel o ser parte del recorrido, del camino, de la vuelta a todos los orígenes. Por lo tanto, la noción de tiempo tiene múltiples significados y significantes. Dicha noción funciona en un primer momento como una pesada carga real, mítica, ficticia o histórica que impide que la vida del personaje se libere de la realidad que lo rodea y que hace que el sujeto de la ficción, sea prisionero del mundo que lo ha gestado; es decir, la problemática que se plantea en la obra de Carpentier es que el hombre aparece como prisionero de los actos y circunstancias de su época, es decir, de un tiempo del cual desea evadirse.

 

 

 

2. La noción de lo líquido en Carpentier

 

 

 

Ante este deseo de evasión y en contraposición o como complemento de la noción del tiempo, en la obra de Carpentier surge la noción de lo líquido. Si como hemos dicho, la cárcel que aprisiona al hombre es la materialización del tiempo; lo líquido es la llave que sirve para abrir la visión y la prisión del hombre ante el tiempo. En este sentido la noción de lo líquido representa el origen de la vida del planeta y por ello, es la puerta que abre el camino de todos los tiempos; es decir, es el estrecho sendero que conduce hacia el encuentro de lo real-maravilloso. La noción de lo líquido es la explosión, el inicio de la aventura que nos lleva hacia el descubrimiento de una nueva visión del sentido primigenio y esencial de la vida de toda la humanidad.    

 

En este breve ensayo intentaremos mostrar cómo funcionan y se relacionan las nociones de lo líquido y del tiempo en una parte significativa de la obra de Carpentier; para ello daremos una interpretación posible de dichas nociones y su significado a través de lo real-maravilloso. Nos centraremos en dos de las obras más significativas de Alejo Carpentier: Los pasos perdidos y El siglo de las luces. En ambas obras es posible analizar cómo funciona la noción de lo líquido y la noción del tiempo; nociones que a la vez, por otro lado, servirán para explicar una parte significativa de la problemática y del trayecto de vida de los protagonistas de dichas obras. Los antihéroes de estas dos novelas acceden, a través de la noción de lo líquido y del tiempo, a una visión totalizadora, donde lo líquido es lo único completo. La noción de lo líquido es, en ambas obras, el único medio para invertir el tiempo y alcanzar a través de las raíces humanas más profundas, una visión de todos los tiempos.

 

 


  

 

 

3. Sobre las nociones de lo líquido y del tiempo en Los pasos perdidos

 

 3.1 La explosión de la lluvia como primer indicio de liberación del tiempo

 

 

 Para ejemplificar y comprender la noción del tiempo y de lo líquido, partamos del primer indicio del viaje hacia lo real maravilloso que se nos presenta en Los pasos perdidos, donde la noción de lo líquido surge como una explosión de lluvia a través de la cual se nos advierte que: “Debemos buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde, con tan inesperada violencia que sus truenos parecían truenos, de otra latitud.” (135) Pero, ¿a qué comienzo; a qué otra latitud se refiere esta noción de lo líquido? Para intentar responder éstas preguntas, relacionemos, en primera instancia, la noción de lo líquido y del tiempo de este primer indicio de la novela, con el epígrafe que abre Los pasos perdidos: “Y tus cielos que están sobre tu cabeza serán de metal; y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Y palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad. (Deuternomio 28-23-28)” Al relacionar el sentido de la explosión de la nube con el epígrafe tenemos que, algo sólido, una prisión que como hemos dicho desde el principio no es otra que el tiempo, aplastará y cegará al hombre. Dicha advertencia se cumplirá apocalípticamente sobre la realidad de toda la época del Hombre-Ninguno. La posibilidad que tiene dicho personaje de evadirse de su cárcel; es decir, de su tiempo, debe buscarse en la nube que reventó y que ha hecho líquida la prisión del tiempo. Esto quiere decir que se nos anuncia que la cárcel del tiempo se abrirá y permitirá que el hombre alcance una visión que de otra manera le sería imposible pues, como dice el epígrafe, palparía como el ciego en la oscuridad. Una vez planteado esto, ahora es posible preguntarnos: ¿cómo funcionan la noción de lo líquido y del tiempo en una parte significativa del desarrollo de la trama de la novela?  

 

 

 Desde el inicio de Los pasos perdidos se muestra el problema del tiempo como época y como circunstancia que agobia, aplasta y anula el sentido de la vida del protagonista. En la novela el problema del tiempo se plantea en un primer nivel a través de la escenografía teatral, que es la materialización de la cárcel de Ruth. La esposa del protagonista es una actriz que lleva una máscara sobre su rostro de mujer; máscara de ficción que se confunde con su rostro humano. Ruth es la mujer sin rostro propio, la cárcel de sí misma que, desde hace “cuatro años y siete meses” (125) se ha condenado a expresar un mismo gesto que no es otro que el de la monotonía, la sinrazón de la vida en su propio tiempo: “había comenzado a decir el texto a la edad de treinta años, se veía llegar a los treinta y cinco, repitiendo los mismos gestos, las mismas palabras, todas las noches de la semana, todas las tardes de domingos, sábados y días feriados” (127) La noción del tiempo a través del personaje de Ruth se reduce a los años de representaciones muertas, con las cuales encarna y materializa su propia cárcel, que es, por otra parte, la misma prisión a la cual se condenan todos los seres humanos de su época. En este sentido la visión que se tiene de Ruth es la visión que tienen todos los seres humanos que viven en el tiempo en que transcurre la novela. Se nos presenta la visión de un tiempo muerto, vacío, como una escenografía de cartón, sin vida y esta visión es, por último, la visión del Hombre-Ninguno.

 

Por ello es que en este primer nivel de la novela, estamos ante la imagen de un tiempo inalterable pero devastador, donde la noción de tiempo no sólo afecta a Ruth, sino que, de manera similar, como hemos dicho, atrapa al Hombre-Ninguno quien, como su esposa, está condenado al automatismo de un trabajo sin creatividad y por supuesto a la repetición monótona del amor a través de la unión del séptimo día. Los viajes que hace el Hombre-Ninguno a bares y conciertos permiten trasladar la monotonía y sinrazón del peso del tiempo a la piedra que carga simbólica que lleva en hombros nuestro moderno Sísifo. Dicha carga es a la vez metáfora y materialización de la noción del tiempo; noción que desgasta los días sinsentido, días de los cuales el protagonista desea, como hemos dicho, evadirse. De este deseo que siente el Hombre-Ninguno de evadir la prisión del tiempo, volvemos al indicio del viaje hacia América; es decir, del viaje hacia lo real-maravilloso; indicio con el cual hemos abierto el presente capítulo. Limitémonos, a partir de aquí, a mostrar algunas particularidades y rasgos que nos permitan ver cómo funciona la noción de lo líquido ante la noción del tiempo en la presente novela.

 

 Primer rasgo; la noción de lo líquido es el anuncio de un viaje a través de la lluvia; viaje que, a través de lo líquido permitirá que el Hombre-Ninguno se evada de su tiempo. Segundo rasgo; el viaje que realiza el protagonista integra, por un lado, el recorrido de una distancia física y el transcurrir de un tiempo real: cientos de kilómetros de la capital, ciento ochenta minutos de viaje en avión. Tercer rasgo; con el recorrido que se realiza a través de la noción de lo líquido, noción que, como veremos afecta y cambia la noción del tiempo; se genera un viaje de cincuenta y dos siglos. Cuarto rasgo; argumental y conceptualmente, el viaje hacia América, integra ambas posibilidades –del viaje real y del viaje en el tiempo- en una relación de estrecha dependencia donde, como veremos, la noción de lo líquido y del tiempo se vinculan y afectan mutuamente generando así la visión de lo real-maravilloso.

 

 

 

3.2 Lo líquido, el segundo indicio para viajar en el tiempo

 

 

 

La noción de lo líquido en la novela contiene el pulso e impulso de la visión y el deseo de evasión del tiempo. En este sentido lo líquido puede pasar por varios cambios, por ejemplo, puede iniciarse como lluvia y transformarse en tormenta; puede parecer un descenso y ser un ascenso; puede iniciarse en una latitud y pasar, de manera violenta, a otra latitud. Dicho lo anterior tenemos que la noción de lo líquido en Carpentier permite viajar en un tiempo que se vuelve otro tiempo. ¿Cómo? La balsa del Hombre-Ninguno es, a la vez, la nave de Argos; pero, lo mismo que sus tripulantes, su trayecto es otro. Al navegar a través de túneles, espejismos, reflejos el hombre ninguno da pasos que lo conducen hacia la visión totalizadora en la cual se unifican y detienen todos los tiempos. El Hombre-Ninguno pasa del acto de navegar por agua de un río, al acto de dejarse arrastrar por túneles, en los cuales sufre la confusión de los espejismos y reflejos que transforman su visión y por ende, lo hacen retroceder en el tiempo. En Los pasos perdidos la noción de lo líquido afecta, de manera violenta, la noción del tiempo. Por otra parte y para demostrar lo que se ha dicho, tenemos que la noción del tiempo queda expresada en la novela a través de la observación y contemplación que, en el diario de viaje, hace el narrador del viaje que no es otro que el Hombre-Ninguno:

 


 

 

Me vuelvo hacia el río. Su caudal es tan vasto que los raudales, torbellinos, resabios, que agitan su perenne descenso se funden en la unidad de un pulso que late de estíos a lluvias, con los mismos descansos y paroxismos, desde antes de que el hombre fuese inventado. Embarcamos hoy, al alba, y he pasado largas horas mirando las riberas, sin apartar mucho la vista de la relación de Fray Servando de Castillejos, que trajo sus sandalias aquí hace tres siglos. La añeja prosa sigue válida. (…) El río entra en el espacio que abarcan mis ojos, por una especie de tajo, de desgarradura hecha al horizonte de los ponientes; se ensancha frente a mí hasta esfumar su orilla opuesta en una niebla verdecida de árboles, y sale del paisaje como entró, abriendo el horizonte de las albas para derramarse en la otra vertiente, allá donde comienza la proliferación de sus islas incontables, a cien leguas del Océano. Junto a él, que es granero, manantial y camino, no valen agitaciones humanas. (237, 238)

 

La noción de lo líquido surge de la contemplación del río que es a la vez el Océano: “granero, manantial y camino”; es decir, al río se le atribuye una función de proceso de vida, a través del cual se traza un camino. Por medio de los pasos que se dan en este camino, se desgranan y fluyen todos los tiempos. Dicha función se pondrá en marcha cuando el río se bifurca y se transforma en el Origen a través del trayecto del Hombre-Ninguno. El Hombre-Ninguno pasará de contemplar el río a cruzar la puerta del tiempo a través del río. En este sentido la noción de lo líquido es como una puerta o como un puente que permite cruzar, de una latitud a otra y de un tiempo a otro, a través de un Océano que contiene, en sí mismo, todos los ríos; es decir todos los caminos de todos los tiempos: “De pronto me despierta un grito del Adelantado: “¡Ahí está la puerta!”… Había a dos metros de nosotros, un tronco igual a todos los demás: ni más ancho, ni más escamoso. Pero en su corteza se estampaba una señal semejante a las tres letras V superpuestas verticalmente, de tal modo que una penetraba dentro de la otra, una sirviendo de vaso a la segunda, en un diseño que hubiera podido repetirse hasta el infinito, pero que sólo se multiplicaba aquí al reflejarse en las aguas.” (290) De la visión de algo cotidiano, el tronco, se logra la contemplación de unas formas que penetran una dentro de la otra –como ocurre con la noción de lo líquido, que penetra en la noción del tiempo y viceversa- formando un reflejo que se multiplica hasta el infinito.

 

En un primer paso o nivel de significación a través de la noción de lo líquido, se produce el efecto de que lo real se convierte en una especie de espejismo, un reflejo infinito que, a través de su visión, abarca en un instante el reflejo del tiempo de vida y muerte de toda la humanidad. Sin embargo no se trata de un espejismo pues: “nuestra embarcación se introdujo en ese angosto túnel” (290) y más adelante, luego de pasar por una fauna de insectos que habitan en lo líquido y:

 

al cabo de algún tiempo de navegación en aquel caño secreto, se producía un fenómeno parecido al que conocen los montañeses extraviados en las nieves: se perdía la noción de la verticalidad, dentro de una suerte de desorientación, de mareo de los ojos. No se sabía ya lo que era del árbol y lo que era del reflejo. No se sabía ya si la claridad venía de abajo o de arriba, si el techo era de agua, o el agua suelo (…) Como los maderos, los palos, las lianas, se reflejaban en ángulos abiertos o cerrados, se acababa por creer en pasos ilusorios, en salidas, corredores, orillas, inexistentes. Con el trastorno de las apariencias, en esa sucesión de pequeños espejismos al alcance de la mano, crecía en mí una sensación de desconcierto, de extravío total, que resultaba indeciblemente angustiosa. Era como si me hicieran dar vueltas sobre mí mismo, para atolondrarme, antes de situarme en los umbrales de una morada secreta.” (291, 292)

 

El siguiente paso, como dice el texto, conduce al Hombre-Ninguno a una morada secreta. ¿Cómo? A través del reflejo de lo líquido se genera, en este punto, la confusión ante el reordenamiento de la realidad que se percibe y se recrea otra realidad donde: no se sabe dónde es arriba o abajo. En la noción de lo líquido se pierde, se confunde, se trastorna la noción del tiempo y se transforma la visión del viajante; se genera por ello una percepción angustiosa de espejismos que ahora se presentan al alcance de la mano. Así tenemos que, en lo líquido, se transforma la visión y percepción de todo lo preestablecido y de esta manera es posible viajar a través del espejismo del tiempo, lo cual genera un trastorno de la visión y concepción del tiempo: “como si tuviera el poder de andarse por el tiempo al derecho y al revés.” (299)

 

 

 

 

 

3.3 El tiempo anterior al tiempo, el último indicio de lo líquido

 

 

 

Hasta aquí hemos mostrado que lo líquido es, como se anunciaba al inicio, una especie de explosión –como la nube que reventó o como la brutalidad del viaje en balsa por el río- y en este trayecto a través de lo líquido se alcanza lo alto, el suelo donde se alzan las Grandes Mesetas y donde se vive: “olvidados de la Historia y hasta de las oscuras migraciones de las eras sin crónicas” (316) En este punto, lo líquido permite que el Hombre-Ninguno perciba que: “Lo que se abre ante nuestros ojos es el mundo anterior al hombre.” (318)

 

            Así es, la noción de lo líquido permite generar el trayecto de un viaje que se ha llevado hacia el regreso de los orígenes más remotos. A través de navegar por la estrecha puerta de los ríos de abajo se ha viajado hacia arriba; estamos ante el último gran paso de la noción de lo líquido en la novela, el cual conduce al Hombre-Ninguno al tiempo mítico de la creación, tiempo donde: “Acaban de apartarse las aguas, (…) y, por primera vez, se prueban las lumbreras que habrán de señorear en el día y en la noche. Estamos en el mundo del Génesis, al fin del Cuarto Día de la Creación. Si retrocediéramos un poco más, llegaríamos a donde comenzara la terrible soledad del Creador  -la tristeza sideral de los tiempos sin incienso y sin alabanzas, cuando la tierra era desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.” (318) No se puede avanzar más allá porque antes de este punto no hay más tiempo, se ha llegado a donde existe el tiempo de la Creación que es anterior al tiempo que corre junto con la vida en la tierra.

 

 

 

3.4 El descenso de Sísifo, el indicio del desbordamiento del río

 

 

 

A pesar de que el Hombre-Ninguno accede a tocar las alturas de este tiempo, en este momento, como un Sísifo moderno inicia su descenso. Su descenso se inicia cuando intenta saldar, como hombre de su tiempo; las cuentas que ha dejado en el mundo de allá, deudas que nada significan para nadie, excepto para él, en el mundo de acá. Las leyes del tiempo de allá, corren paralelas a las leyes que rigen el pensamiento de la época del Hombre-Ninguno; es decir, se trata de las leyes del mundo de Ruth y de Mouche; en tanto que las leyes del tiempo del mundo de acá son otras, distintas a todo lo preestablecido, tal como ocurre con la figura de Rosario. Esto significa que cuando el Hombre-Ninguno regresa al mundo de allá, vuelve al tiempo de su época y se atiene a sus leyes; es decir, le ocurre que por ir a romper con lo que le impedía estar en el mundo de acá, se condena a sí mismo a volver a la cárcel de su tiempo, o lo que es lo mismo, se ve obligado nuevamente a cargar con la pesada piedra, que ha sido auto-impuesta por ser él: un hombre de su tiempo. El Hombre-Ninguno queda, como Sísifo, condenado e inconcluso; es siempre el mismo, porque a pesar de haber recorrido todos los tiempos, él permanecerá atrapado en su época y sólo ha sido un visitante de otros tiempos.  

 

Por otra parte, aunque el protagonista regrese en busca de la puerta del río (en busca del tiempo perdido) los pasos de lo líquido son ahora inaccesibles para él. No volverá a entrar por la estrecha puerta de lo líquido pues, una inundación; es decir otro tipo de noción de lo líquido, como una especie de cerradura o candado, le impide volver a cruzar por la puerta: “Yo recordaba que cuando habíamos estado aquí con el Adelantado, los remos alcanzaban el fondo en todos momentos. Esto quiere decir que sigue desbordado el río, y que la marca que buscamos está debajo del agua.” (406) El Hombre-Ninguno ha quedado condenado a sí mismo, es el mismo, con la diferencia de que claramente se ha reconocido ante sus orígenes y ante el reflejo, espejismo líquido de sí mismo y gracias a este reconocimiento sabe que ha podido en verdad viajar a través de la noción de lo líquido y del tiempo. Esto queda claro cuando después de dicho viaje el protagonista hace el siguiente balance: “He viajado a través de las edades; pasé a través de los cuerpos y de los tiempos de los cuerpos, sin tener conciencia de que había dado con la recóndita estrechez de la más ancha puerta.” (413) En un sentido amplio creemos que dicho balance, con sus respectivas particularidades, puede trasladarse, a grandes rasgos a la visión de la noción de lo líquido de Esteban y de Víctor Hugues.

 

Para cerrar este apartado hay que agregar que, en cuanto a la noción del tiempo, en Los pasos perdidos se nos da la siguiente conclusión con respecto a la noción del tiempo en la obra de Carpentier:

 

(…) la única raza humana que está impedida de desligarse de las fechas es la raza de quienes hacen arte (…) Marcos y Rosario ignoran la historia. El Adelantado se sitúa en su primer capítulo, y yo hubiera podido permanecer a su lado si mi oficio hubiera sido cualquier otro que el de componer música –oficio de cabo de raza-  (…) Hoy terminaron las vacaciones de Sísifo. (413, 414)

 

La  vuelta a las leyes primarias e inalterables del comportamiento humano provocan que la trama que se desarrolla en la novela se convierta en un ascenso y descenso de Sísifo a través de las nociones de lo líquido y del tiempo. Por otro lado el tiempo y el espacio de la novela cierran un ciclo perfecto, esbozando en el final una calca de la cárcel del tiempo que aprisiona –fuera de su contexto cultural- al Hombre-Ninguno. Se trata de una especie de estructura circular que gira en torno a las nociones del tiempo y de lo líquido a través de un viaje de ida y vuelta, hacia arriba y hacia abajo; donde la utopía es una invención a la cual el protagonista no puede volver y que sólo pudo visitar sin ser parte de ella por no poder renunciar a la noción de tiempo que lo liga con su época.

 

El hombre es el mismo siempre. Por ello, la condición de intelectual, visión de artista y de visitador del Hombre-Ninguno que le impiden ser ejecutor y que lo obligan a ser un visitante, se repiten, desde otra perspectiva, en el personaje de Esteban. En adelante y debido a lo limitado del ensayo sólo enunciaré algunas particularidades que nos permitan mostrar, a grandes rasgos, cómo funcionan las nociones del tiempo y de lo líquido en El siglo de las luces.

 

 


 

 

 

4. Más sobre las nociones de lo líquido y el tiempo: El siglo de las luces

 

 

 

En su ensayo intitulado Problemática de la actual novela latinoamericana, recopilado en Tientos y diferencias y en el tomo titulado Ensayos, de las obras completas de Carpentier; él mismo esboza lo siguiente: “es evidente que, en menos de tres décadas, el hombre se ha visto brutalmente relacionado con lo que Jean-Paul Sartre llamaba los contextos. Contextos políticos, contextos científicos, contextos materiales, contextos colectivos; (…) contextos debidos a la praxis de nuestro tiempo.” (22, 23) Un cambio que hay que señalar con respecto del uso de las nociones del tiempo y lo líquido, es que en El siglo de las luces, Carpentier aplica en dichas nociones los contextos de Sartre que él mismo enuncia en su ensayo y que justifica por ser estos: una praxis de nuestro tiempo. En este sentido la noción del tiempo y de lo líquido responden y corresponden a una postura filosófica que irá, de nueva cuenta, en busca de lo real-maravilloso de América.

 

En la noción de tiempo de El siglo de las luces, el tiempo se materializa a través de un contexto político, material, científico y colectivo que se globaliza y particulariza a través del contexto de la revolución francesa. La complejidad de la noción de tiempo que se nos presenta en esta novela, radica en que, se trata de un tiempo que se presenta a través de varios contextos; entre ellos sobresale el de la revolución francesa y el del tiempo y contexto del entorno de la visión de lo americano, donde, además, se nos presentan varios niveles de la noción del tiempo cronológico que, a continuación, intentaré resumir.

 

En un primer nivel de la noción del tiempo cronológico se encuentran los personajes ficticios como son Sofía (símbolo de la sabiduría), Carlos (hermano de Sofía) y Esteban (primo y novio de Sofía.) En este nivel se establece que el tiempo de la época es, como dijimos más arriba, el tiempo de la Revolución francesa que transcurre de 1789 al 2 de mayo de 1808. Aquí aparecen también, dentro de la noción de este tiempo cronológico, las referencias que se hacen a los cuadros de Goya que marcan, en un sentido amplio, el contexto de la noción del tiempo a través de la visión de la guerra pero, sobre todo, a través de una visión artística, que desea descifrar y ser descifrada en el tiempo. Por otro lado y a la par del primer nivel; nos encontramos con un segundo nivel de la noción del tiempo, donde se introduce la acción de un personaje histórico llamado Víctor Hugues quien en 1791 entra al proceso de la Revolución francesa y en 1802 termina, simbólicamente, su labor. A través de órdenes de Robespiere se ve obligado a reestablecer la esclavitud cuando antes había luchado por la libertad y por reestablecer la cultura francesa en La Guadalupe. Ante la existencia de estos dos niveles, podemos decir que hay mucha relación entre la noción de tiempo y lo líquido de Los pasos perdidos y de El siglo de las luces; esto porque el tema central, aparte de la revolución francesa, es que ambas novelas son novelas de aprendizaje. En ambas la noción de lo líquido es fundamental y en las dos novelas se realiza un viaje en busca de lo utópico; es decir, un viaje que, en este caso se hace a través del tiempo del ayer y del tiempo de mañana donde, finalmente y de igual modo que en Los pasos perdidos, el hombre permanece inconcluso e inmutable ante el poder de las nociones del tiempo y de lo líquido.

 

La maravilla de lo líquido surge de la contemplación. En El siglo de las luces, lo líquido es todos los lenguajes que Esteban escucha en el mar y es, a la vez el silencio; en este sentido es la lengua y el pensamiento completo que se expresa a través de las aguas. Por otra parte, en esta novela, la noción de lo líquido es el Acontecimiento, el acto que sorprende y que ocurre en todas las épocas; en otras palabras, es lo inesperado y lo que siempre se espera, es todo el acontecer de un siglo en el cual fluyen todas las épocas. Pero ¿cómo aparece esto enunciado en la novela?:

 

Esteban se maravillaba al observar cómo el lenguaje, en estas islas, había tenido que usar de la aglutinación, la amalgama verbal y la metáfora, para traducir la ambigüedad formal de las cosas que participan de varias esencias. (…) Alguna vez se hacía un gran silencio sobre las aguas, presentíase el Acontecimiento y aparecía, un enorme, tardo, desusado, un pez de otras épocas, de cara mal ubicada en un extremo de la masa, encerrado en un eterno miedo a su propia lentitud, con el pellejo cubierto de vegetaciones y parásitos, como casco sin carenar, que sacaba el vasto lomo en un hervor de rémoras, con solemnidad de galeón rescatado, de patriarca abisal de Leviatán traído a la luz, largando espuma a mares en una salida a flote que acaso fuera la segunda desde que el astrolabio llegara a estos parajes. Abría el monstruo sus ojillos de paquidermo, y, al saber que cerca le bogaba un desclavado cayuco sardinero, se hundía nuevamente angustiado y medroso, hacía la soledad de sus trasfondos, a esperar algún otro siglo para regresar a un mundo colmado de peligros. Terminado el Acontecimiento, volvía el mar a sus quehaceres. (217,218 las cursivas son mías)

 

La noción de lo líquido es el Acontecimiento; es decir, estamos ante el único acontecer que es completo en la novela, porque ocurre a través de lo líquido. De la noción de líquido surge la ambigüedad de las formas, porque se trata de todas las formas y esencias de vida; insectos, animales, plantas, parásitos y la esencia humana, que surgen de lo líquido a través de la presencia de un pez de otras épocas. A través de lo líquido podemos presenciar el surgimiento de la vida. La noción de lo líquido nos muestra que la vida surge y expresa un eterno miedo ante la noción del tiempo, frente al cual la vida se muestra en toda su lentitud. Así tenemos que a través del Acontecimiento que surge de lo líquido, podemos ver que todas las épocas corren a través de un mismo siglo y que, en todos los tiempos, el hombre es siempre el mismo y termina hundiéndose, inconcluso, angustiado y medroso a esperar ser completado en algún otro siglo que, sin lugar a dudas hará que el hombre se confronte a sí mismo y a su lentitud ante el tiempo, a través de la soledad ante un mundo de contextos, es decir, ante un mundo de peligros donde, según esta tesis, permanecerá inconcluso y sólo podrá completarse, sólo por un instante, ante la visión de algún Acontecimiento.

 


 

 

            Otra característica del hombre ante el tiempo es que, con el surgimiento de la vida, surge también el Gran Teatro de la Universal Devoración. Devoración de Zeus a sus hijos; sacrificio del sacramento, divinidad humana. La esencia incompleta del hombre sólo puede completarse a través de la cadena, pero no a través de la cadena de la evolución, sino a través de la cadena de la universal devoración de la cual, sin lugar a dudas, el hombre ocupa el papel protagónico pues, además de devorarse a sí mismo, es devorado por el tiempo; pero, a través de lo líquido ocurre que, a pesar de su condición, el hombre puede ver la unicidad de su esencia a través de un “auto sacramental”, es decir, a través de una representación donde Carpentier suplanta el papel de Dios o del Autor de El Gran Teatro del Mundo; así nos presenta, en vez de hombres, una cadena de peces: ángel, diablo, gallo y San Pedro que se devoran unos a otros. Carpentier nos confronta a diferencia de Calderón de la Barca, con la esencia humana sin dogmas religiosos. Es la esencia donde el Creador devora a su obra y es a la vez el Creador es devorado por su creación; se trata del drama de todos los tiempos, del Gran Teatro de la Universal Devoración, donde, a través de lo líquido se puede ver: “la unicidad de lo fluido” (218)

 

A través de la unicidad de lo fluido el hombre es el mismo siempre. Esteban, como Adán, aparece “desnudo, solo en el mundo” (218, 219) Y en este punto contempla la creación, sin poder ubicar la época. Esta es la disyuntiva, Esteban busca el origen, el sentido de su propia vida, pero no la encuentra en su siglo. “Tedeum.” (219) Surge la noción que une lo líquido y el tiempo; la noción del caracol: “Mediador entre lo evanescente, lo escurrido, la fluidez sin ley ni medida, y la tierra de las cristalizaciones, estructuras y alternancias, donde todo era asible y ponderable” (219) Esteban contempla este caracol y sabe que la noción de lo líquido contiene todos los tiempos, todos los ciclos de la humanidad y de la naturaleza. Por otra parte enuncia cómo lo líquido, además de contener toda la esencia de la vida es indescifrable para el hombre y cómo lo líquido puede, según sea su esencia, afectar y transformar toda la esencia de la vida, pues: “De la mar sometida a ciclos lunares, tornadiza, abierta o furiosa, ovillada o destejida, por siempre ajena al módulo, el teorema y la ecuación” (219) El caracol es, por otra parte el símbolo del tiempo que se materializa en cifras en lo líquido. La espiral es el símbolo que nos muestra que el tiempo pasa ante los ojos del hombre y este permanece sin ojos para poder contemplar la magnitud del tiempo y, por otra parte, es la manifestación de que, a través de lo líquido se puede materializar en un caracol, es decir en una “Ciencia de las Formas” (219) un mensaje, una advertencia que deberá descifrarse a través de las nociones del tiempo y de lo líquido. Esteban como el caracol, es una espiral del tiempo y de lo líquido en la cual Carpentier se contempla a sí mismo y permite que observemos, junto con él, la espiral de las formas: el barroco de América. 

 

Las nociones de lo líquido y el tiempo pueden tener múltiples significados, nosotros hemos visto sólo algunos que nos han parecido representativos. Debido a lo limitado del ensayo creemos que es importante advertir que la importancia de estas nociones en la obra de Carpentier es fundamental. Hay que señalar que ambas nociones, del tiempo y de lo líquido, pueden ser objeto de estudios desde diferentes perspectivas. En nuestro ensayo nos hemos limitado a señalarlas y estudiarlas, a través de la perspectiva y obra del mismo Alejo Carpentier.

 

Como hemos visto hasta aquí, en la obra de Carpentier la noción de lo líquido es el fluido a través del cual se invierte el tiempo y surge el origen. El hombre, siempre incluso en el tiempo, puede acceder a una visión anterior a la vida y anterior al tiempo. En América este tiempo es la Creación de América, el descubrimiento;  su conquista y liberación; es decir, es toda la historia del tiempo de América, desde las crónicas hasta los personajes que han sido olvidados y por supuesto en la obra y los personajes de Carpentier.

 

Lo líquido en Los pasos perdidos es la vuelta al origen y el retorno al acto de Creación que alimenta la vida humana a través de los mitos, en tanto que en El siglo de las luces, lo líquido es la vida fluye, que brota en una forma de espiral –que contiene la materia del tiempo- En ambas obras la noción de lo líquido se equipara, ante la materia, con la cadena alimenticia o con el cadáver que se descompone para alimentar, con su esencia, los mares y ríos más antiguos; es decir, ante lo líquido la materia del tiempo es el medio a través del cual fluye el drama de la Universal Devoración.

 

En ambas obras ocurre que, a través de la noción de lo líquido se funden y confunden las razas, orígenes y mitos humanos de todos los tiempos; lo líquido es el mar de una única y misma fuente, origen de la cual surge la historia de la humanidad; pero también de lo líquido surge el mito y la ficción; es el Océano Universal. Para citar a Carpentier, tenemos que la noción del tiempo y de lo líquido se funden en el Océano donde se cruzan y encuentran: “en ciertas encrucijadas del mar de Ulises, (…) las grandes razas del mundo, las más apartadas, las más distintas, las que durante milenios permanecieron ignorantes de su convivencia en el planeta.” (304)

 

A través de las nociones del tiempo y de lo líquido Carpentier nos permite ver, en su obra, la maravilla de una realidad que, como si fuera un simple caracol, contiene en sí misma todas las formas de vida, de todos los tiempos a través de una espiral inconclusa y barroca, que retorna al centro de sí misma y elige un lenguaje, un pensamiento, un modo de ver y expresar el mundo donde, como hemos demostrado, la noción del tiempo y lo líquido se fusionan en un mismo origen: América.

 

 

 

Rodolfo Pineda Bernal (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Director de escena y dramaturgo, egresado de la Licenciatura en Teatro por la Universidad de las Américas Puebla y Maestro en Lengua y Literatura Hispanoamericana. A partir del 2006 se convierte en Fundador, Representante Legal y Director Artístico de la Compañía Teatro Niños Aira.  Sabersinfin.com agradece a Rodolfo Pineda la autorización para publicar el presente texto.

 

 

 

Bibliografía.

 

 

 

Carpentier, Alejo. El reino de este mundo Los pasos perdidos. México; Siglo XXI, 2004.

 

Carpentier, Alejo. Ensayos. México; Siglo XXI, 2004.

 

Carpentier, Alejo. El siglo de las luces. México; Siglo XXI, 1984.

 

Carpentier, Alejo. El arpa y la sombra. México; Siglo XXI, 2002.