SOBRE LAS RAÍCES MÍTICAS EN LAS NOCIONES DEL TIEMPO Y DE LO LÍQUIDO EN LA OBRA DE CARPENTIER
Minuto a Minuto

 

 

 

 

Me vuelvo hacia el río. Su caudal es tan vasto que los raudales, torbellinos, resabios, que agitan su perenne descenso se funden en la unidad de un pulso que late de estíos a lluvias, con los mismos descansos y paroxismos, desde antes de que el hombre fuese inventado. Embarcamos hoy, al alba, y he pasado largas horas mirando las riberas, sin apartar mucho la vista de la relación de Fray Servando de Castillejos, que trajo sus sandalias aquí hace tres siglos. La añeja prosa sigue válida. (…) El río entra en el espacio que abarcan mis ojos, por una especie de tajo, de desgarradura hecha al horizonte de los ponientes; se ensancha frente a mí hasta esfumar su orilla opuesta en una niebla verdecida de árboles, y sale del paisaje como entró, abriendo el horizonte de las albas para derramarse en la otra vertiente, allá donde comienza la proliferación de sus islas incontables, a cien leguas del Océano. Junto a él, que es granero, manantial y camino, no valen agitaciones humanas. (237, 238)

 

La noción de lo líquido surge de la contemplación del río que es a la vez el Océano: “granero, manantial y camino”; es decir, al río se le atribuye una función de proceso de vida, a través del cual se traza un camino. Por medio de los pasos que se dan en este camino, se desgranan y fluyen todos los tiempos. Dicha función se pondrá en marcha cuando el río se bifurca y se transforma en el Origen a través del trayecto del Hombre-Ninguno. El Hombre-Ninguno pasará de contemplar el río a cruzar la puerta del tiempo a través del río. En este sentido la noción de lo líquido es como una puerta o como un puente que permite cruzar, de una latitud a otra y de un tiempo a otro, a través de un Océano que contiene, en sí mismo, todos los ríos; es decir todos los caminos de todos los tiempos: “De pronto me despierta un grito del Adelantado: “¡Ahí está la puerta!”… Había a dos metros de nosotros, un tronco igual a todos los demás: ni más ancho, ni más escamoso. Pero en su corteza se estampaba una señal semejante a las tres letras V superpuestas verticalmente, de tal modo que una penetraba dentro de la otra, una sirviendo de vaso a la segunda, en un diseño que hubiera podido repetirse hasta el infinito, pero que sólo se multiplicaba aquí al reflejarse en las aguas.” (290) De la visión de algo cotidiano, el tronco, se logra la contemplación de unas formas que penetran una dentro de la otra –como ocurre con la noción de lo líquido, que penetra en la noción del tiempo y viceversa- formando un reflejo que se multiplica hasta el infinito.

 

En un primer paso o nivel de significación a través de la noción de lo líquido, se produce el efecto de que lo real se convierte en una especie de espejismo, un reflejo infinito que, a través de su visión, abarca en un instante el reflejo del tiempo de vida y muerte de toda la humanidad. Sin embargo no se trata de un espejismo pues: “nuestra embarcación se introdujo en ese angosto túnel” (290) y más adelante, luego de pasar por una fauna de insectos que habitan en lo líquido y:

 

al cabo de algún tiempo de navegación en aquel caño secreto, se producía un fenómeno parecido al que conocen los montañeses extraviados en las nieves: se perdía la noción de la verticalidad, dentro de una suerte de desorientación, de mareo de los ojos. No se sabía ya lo que era del árbol y lo que era del reflejo. No se sabía ya si la claridad venía de abajo o de arriba, si el techo era de agua, o el agua suelo (…) Como los maderos, los palos, las lianas, se reflejaban en ángulos abiertos o cerrados, se acababa por creer en pasos ilusorios, en salidas, corredores, orillas, inexistentes. Con el trastorno de las apariencias, en esa sucesión de pequeños espejismos al alcance de la mano, crecía en mí una sensación de desconcierto, de extravío total, que resultaba indeciblemente angustiosa. Era como si me hicieran dar vueltas sobre mí mismo, para atolondrarme, antes de situarme en los umbrales de una morada secreta.” (291, 292)

 

El siguiente paso, como dice el texto, conduce al Hombre-Ninguno a una morada secreta. ¿Cómo? A través del reflejo de lo líquido se genera, en este punto, la confusión ante el reordenamiento de la realidad que se percibe y se recrea otra realidad donde: no se sabe dónde es arriba o abajo. En la noción de lo líquido se pierde, se confunde, se trastorna la noción del tiempo y se transforma la visión del viajante; se genera por ello una percepción angustiosa de espejismos que ahora se presentan al alcance de la mano. Así tenemos que, en lo líquido, se transforma la visión y percepción de todo lo preestablecido y de esta manera es posible viajar a través del espejismo del tiempo, lo cual genera un trastorno de la visión y concepción del tiempo: “como si tuviera el poder de andarse por el tiempo al derecho y al revés.” (299)

 

 

 

 

 

3.3 El tiempo anterior al tiempo, el último indicio de lo líquido

 

 

 

Hasta aquí hemos mostrado que lo líquido es, como se anunciaba al inicio, una especie de explosión –como la nube que reventó o como la brutalidad del viaje en balsa por el río- y en este trayecto a través de lo líquido se alcanza lo alto, el suelo donde se alzan las Grandes Mesetas y donde se vive: “olvidados de la Historia y hasta de las oscuras migraciones de las eras sin crónicas” (316) En este punto, lo líquido permite que el Hombre-Ninguno perciba que: “Lo que se abre ante nuestros ojos es el mundo anterior al hombre.” (318)

 

            Así es, la noción de lo líquido permite generar el trayecto de un viaje que se ha llevado hacia el regreso de los orígenes más remotos. A través de navegar por la estrecha puerta de los ríos de abajo se ha viajado hacia arriba; estamos ante el último gran paso de la noción de lo líquido en la novela, el cual conduce al Hombre-Ninguno al tiempo mítico de la creación, tiempo donde: “Acaban de apartarse las aguas, (…) y, por primera vez, se prueban las lumbreras que habrán de señorear en el día y en la noche. Estamos en el mundo del Génesis, al fin del Cuarto Día de la Creación. Si retrocediéramos un poco más, llegaríamos a donde comenzara la terrible soledad del Creador  -la tristeza sideral de los tiempos sin incienso y sin alabanzas, cuando la tierra era desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.” (318) No se puede avanzar más allá porque antes de este punto no hay más tiempo, se ha llegado a donde existe el tiempo de la Creación que es anterior al tiempo que corre junto con la vida en la tierra.

 

 

 

3.4 El descenso de Sísifo, el indicio del desbordamiento del río

 

 

 

A pesar de que el Hombre-Ninguno accede a tocar las alturas de este tiempo, en este momento, como un Sísifo moderno inicia su descenso. Su descenso se inicia cuando intenta saldar, como hombre de su tiempo; las cuentas que ha dejado en el mundo de allá, deudas que nada significan para nadie, excepto para él, en el mundo de acá. Las leyes del tiempo de allá, corren paralelas a las leyes que rigen el pensamiento de la época del Hombre-Ninguno; es decir, se trata de las leyes del mundo de Ruth y de Mouche; en tanto que las leyes del tiempo del mundo de acá son otras, distintas a todo lo preestablecido, tal como ocurre con la figura de Rosario. Esto significa que cuando el Hombre-Ninguno regresa al mundo de allá, vuelve al tiempo de su época y se atiene a sus leyes; es decir, le ocurre que por ir a romper con lo que le impedía estar en el mundo de acá, se condena a sí mismo a volver a la cárcel de su tiempo, o lo que es lo mismo, se ve obligado nuevamente a cargar con la pesada piedra, que ha sido auto-impuesta por ser él: un hombre de su tiempo. El Hombre-Ninguno queda, como Sísifo, condenado e inconcluso; es siempre el mismo, porque a pesar de haber recorrido todos los tiempos, él permanecerá atrapado en su época y sólo ha sido un visitante de otros tiempos.  

 

Por otra parte, aunque el protagonista regrese en busca de la puerta del río (en busca del tiempo perdido) los pasos de lo líquido son ahora inaccesibles para él. No volverá a entrar por la estrecha puerta de lo líquido pues, una inundación; es decir otro tipo de noción de lo líquido, como una especie de cerradura o candado, le impide volver a cruzar por la puerta: “Yo recordaba que cuando habíamos estado aquí con el Adelantado, los remos alcanzaban el fondo en todos momentos. Esto quiere decir que sigue desbordado el río, y que la marca que buscamos está debajo del agua.” (406) El Hombre-Ninguno ha quedado condenado a sí mismo, es el mismo, con la diferencia de que claramente se ha reconocido ante sus orígenes y ante el reflejo, espejismo líquido de sí mismo y gracias a este reconocimiento sabe que ha podido en verdad viajar a través de la noción de lo líquido y del tiempo. Esto queda claro cuando después de dicho viaje el protagonista hace el siguiente balance: “He viajado a través de las edades; pasé a través de los cuerpos y de los tiempos de los cuerpos, sin tener conciencia de que había dado con la recóndita estrechez de la más ancha puerta.” (413) En un sentido amplio creemos que dicho balance, con sus respectivas particularidades, puede trasladarse, a grandes rasgos a la visión de la noción de lo líquido de Esteban y de Víctor Hugues.

 

Para cerrar este apartado hay que agregar que, en cuanto a la noción del tiempo, en Los pasos perdidos se nos da la siguiente conclusión con respecto a la noción del tiempo en la obra de Carpentier:

 

(…) la única raza humana que está impedida de desligarse de las fechas es la raza de quienes hacen arte (…) Marcos y Rosario ignoran la historia. El Adelantado se sitúa en su primer capítulo, y yo hubiera podido permanecer a su lado si mi oficio hubiera sido cualquier otro que el de componer música –oficio de cabo de raza-  (…) Hoy terminaron las vacaciones de Sísifo. (413, 414)

 

La  vuelta a las leyes primarias e inalterables del comportamiento humano provocan que la trama que se desarrolla en la novela se convierta en un ascenso y descenso de Sísifo a través de las nociones de lo líquido y del tiempo. Por otro lado el tiempo y el espacio de la novela cierran un ciclo perfecto, esbozando en el final una calca de la cárcel del tiempo que aprisiona –fuera de su contexto cultural- al Hombre-Ninguno. Se trata de una especie de estructura circular que gira en torno a las nociones del tiempo y de lo líquido a través de un viaje de ida y vuelta, hacia arriba y hacia abajo; donde la utopía es una invención a la cual el protagonista no puede volver y que sólo pudo visitar sin ser parte de ella por no poder renunciar a la noción de tiempo que lo liga con su época.

 

El hombre es el mismo siempre. Por ello, la condición de intelectual, visión de artista y de visitador del Hombre-Ninguno que le impiden ser ejecutor y que lo obligan a ser un visitante, se repiten, desde otra perspectiva, en el personaje de Esteban. En adelante y debido a lo limitado del ensayo sólo enunciaré algunas particularidades que nos permitan mostrar, a grandes rasgos, cómo funcionan las nociones del tiempo y de lo líquido en El siglo de las luces.

 

 

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