13 de enero de 2022

Para construir un nuevo hábito, como primer paso se debe sustituir la acción errática que se quiere cambiar por una nueva y repetir el comportamiento hasta que se vuelva agradable o necesario. Desde la neurociencia esto dependerá de su plasticidad cerebral y de la motivación que tenga.

La profesora Judy Constanza Beltrán, coordinadora del Centro de la Comunicación Humana de la Facultad de Medicina de la de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), afirma que “también se deben separar los estímulos contrarios; por ejemplo, si se quiere consumir menos licor, lo ideal sería no frecuentar lugares de alto consumo”.

“También es importante realizar muchas repeticiones de la nueva actividad hasta que se genera lo que se conoce como habituación, y usar recompensas sin importar que tan pequeñas sean, o plantearse metas cercanas, como por ejemplo hacer ejercicio durante una semana y premiarse viendo una película que le gusta”.

En la vida de los seres humanos los hábitos tienen una función de supervivencia, ya que facilitan la vida, y en condiciones particulares como la depresión, son los que mantienen a los individuos en estados de ánimo difíciles.

La fonoaudióloga amplía que “los hábitos disminuyen la carga cognitiva y pueden implicar un cambio en el equilibrio entre sistemas neuronales en competencia, conocidas como las neuronas expertas, que distribuyen el tiempo de la tarea”.

“La parte motora de los hábitos tienen que ver con los movimientos que se repiten, lo que corresponde a una parte del cerebro conocida como cuerpo estriado. Esta zona actúa en acciones como apagar la alarma del celular, quitarse las gafas para dormir y colocarlas al levantarse, entre muchas otras”.

“Sin embargo, en el cerebro también ocurren otras cosas; por ejemplo, el lóbulo frontal, que termina de desarrollarse hasta los 21 años, es el responsable tomar de decisiones relacionadas con un nuevo hábito, como  hacer ejercicio”.

“Para generar un nuevo hábito debe haber un recordatorio que asocie una tarea o un evento con una hora específica del día, por ejemplo hacer ejercicio en la mañana”.

Las rutinas también están llenas de pequeños hábitos que se automatizan y que forman parte de esa secuencia, por ejemplo cuando se automatiza el cuerpo a almorzar a una misma hora o tomar un café antes de empezar a trabajar.

Cambiar de hábitos es posible

La experta explica que en la adquisición de un nuevo hábito hay un circuito motor que se aprende y desaprende. Por ejemplo, aprender a montar bicicleta no se olvida, pues se adquieren varios elementos.

Sin embargo, para modificar o cambiar un hábito es más importante la frecuencia que la intensidad, es decir, hacerlo todos los días por un corto periodo es mejor que hacerlo por pocos días por más tiempo”.

La profesora Beltrán refiere que tener recompensas es clave y permite aprovechar la plasticidad del cerebro, por eso muchos de los hábitos que se tiene en la adultez se adquieren en la infancia.

“Esto no quiere decir que si somos adultos no podamos adquirir un nuevo hábito, pero sí requerirá mayores repeticiones y un esfuerzo cognitivo más grande para modificar algo que ya está instaurado o para cambiarlo”.

Por último, señala que para instaurar un nuevo hábito debe haber espacio, así que se debe sacar algo o eliminar un hábito no tan beneficioso.

Los aportes de la profesora Beltrán se realizaron durante la charla “Construir nuevos hábitos desde la neurociencia”, del programa #SaludUNALContigo.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co