- ANGAS O MANGAS -

Llevé a mi hijo a ver al Papa Juan Pablo II a la ciudad de Puebla, nos quedamos en la casa de mi hermana – que dicho sea de paso es más mocha que una monja de esas que inventaron el mole , pero eso ya la trae desde niña, porque mi madre se la llevaba a cuanto velorio había en el pueblo y así, mientras los adultos andaban en el jolgorio con los chistes y la baraja, mi hermana rece y rece junto al muerto – que estaba ubicada en la avenida 25 poniente y desde la azotea, con mi hijo, mis sobrinos y demás invitados y colados, la azotea era un hormiguero que daba miedo, hasta le dije a mi hermana: “oye a ver si aguanta el techo porque si no, nos vamos a dar en la madre”.

De los Papas que he visto en mi vida, Juan Pablo tenía algo que nos gustaba, eso de llegar a México, hincarse y besar el suelo la verdad es que me impresionó. Estaba nuevo en ese entonces el Papa, no era un chamaco pero se veía fuerte, por eso andaba en chinga de un lado a otro, de ahí que le llamaran el Papa Viajero. Toda su vida viajó y como era bueno para eso de los idiomas pues a todos apantallaba cuando hablaba en el idioma del país que visitaba. Recuerdo que mi hermana lloraba y lloraba y lloraba desde muchas cuadras antes de que pasara el papamóvil frente de su casa; cuando lo tuvo a la vista yo pensé que se nos desmayaba, no gritó, sólo lloró con más fuerza y se persignó, cuando se perdió la caravana y la gente comenzó a bajarse de su azotea, por alguna razón me quedé - asombrado de ver tantísima gente-  y también estaba ahí mi hermana,  no dejaba de chillar. Tomó aire,  se me quedó mirando con esa mirada que nunca olvidaré, me abrazó y me dijo:

-    estoy emocionada, te quiero mucho
-    Yo también te quiero…cálmate hermana, te vaya a hacer daño
-    Es que el Papa es un santo
-    Oye tú, para que sea santo tiene que estar muerto, ¿qué no lo viste bien sano en su papamóvil?
-    Sí lo vi, pero es que…
-    ¿Es que qué? – ya medio desesperado –
-    Pues como dicen en el rancho…este Papa es un chingón.

No puedo olvidar ese diálogo con mi hermana porque al decirme eso entendí toda su admiración. Por eso ahora que hicieron santo a Juan Pablo II la fui a ver – ya no vive en esa avenida de Puebla, pues mi cuñado compró una casita en Morelos – me recibió con mucho gusto pues no le avise.

-    ¿Y ahora tú? ¿qué pasó estas bien?
-    Si hermana estoy bien no te preocupes, todos estamos bien
-    Qué bueno, ¿ya supiste que Juan Pablo ya es un santo?
-    Sí, ya lo sé , por eso te vine a ver, porque me acordé de cuando en tu casa lo vimos desde la azotea, el famoso “Papa viajero”
-    Te lo dije: ese Papa es un chingón…

Nunca imaginé que el Papa creara un lazo tan bonito entre mi hermana y yo. Por eso, ahora que el obispo de Tuxtepec anda recorriendo toda la diócesis – según nos dijeron el domingo en misa, y sí es cierto porque vi la foto de que anda en Loma Bonita – me acordé de mi querida hermana. La iré a visitar para darle la noticia.

Por angas o mangas tengo la impresión de que me va a decir “pues entonces, si anda viajando para hablar del evangelio con el pueblo, entonces es un chingón”. Yo no entiendo mucho de la iglesia, pero me queda claro que mi hermana sí, y bueno, ya tenemos nuevos chismes pa’ platicar gracias al obispo viajero.

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