CARTA A EDER SOBRE LA EDUCACIÓN ESTÉTICA Y EL ARTE CONTEMPORÁNEO
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

 

Primero hemos de situar una diferencia entre lo moderno y lo contemporáneo, puesto que el arte moderno ya tiene cierta aceptación a diferencia del que nos atañe, y para ello Danto menciona que “la modernidad marca un punto en el arte, antes del cual los pintores se dedicaban a la representación del mundo, pintando personas, paisajes y eventos históricos. Con la modernidad, las condiciones de la representación se vuelven centrales, de aquí que el arte, en cierto sentido, se vuelve su propio tema” [13] y entonces los artistas adoptan una postura filosófica en la producción artística y en ello se encuentran escritos -manifiestos- sobre lo que el arte debe de ser, situación que en la producción artística actual, la contemporánea, sucede menos. Danto también declara que “por mucho tiempo el arte contemporáneo fue simplemente el arte moderno que se está haciendo ahora. Moderno, después de todo, implica una diferencia entre el ahora y el antes: el término no podría usarse si las cosas continuaran siendo firmemente y en gran medida las mismas.”[14] Eso nos remite al término progreso, que parece no existir hoy día aunque la producción artística se intensifique y seguramente aquí –como en otros parámetros- es cuando la gente se cuestiona dónde esta el arte y dónde lo artístico de lo que les presentan como tal. Seguro que a alguien le parecerá exagerada la siguiente afirmación, pero recuerda que –hoy- el espacio físico donde se desarrolla el fenómeno del arte contemporáneo está en las ciudades –no es gratuito- y a ellas me refiero. A donde vayas te encuentras con exposiciones donde el arte contemporáneo está presente. Con esto me refiero a que existe mucha producción de este tipo, pero el discurso del progreso no aparece en la mayor parte de las obras que están argumentadas en lo sensible. Entonces mientras moderno puede indicarnos un periodo o estilo en el arte, el concepto contemporáneo nos insiste a concluir en algo más que simplemente el arte producido en el presente; y en nuestro ahora, la producción de imágenes nos invade y eso nos transforma.

 

Así, en nuestra situación, ante un mundo en donde lo que vemos es lo que comprendemos y donde se instituye parte de esa percepción, nos molesta “no ver” algo que hemos de entender, esto es, un concepto arraigado en la historia de la humanidad: el arte; un meta-relato, que como muchos otros, ya no tiene cabida en una sociedad que ni siquiera sobrevive cavilando en la familia, la patria, la libertad... el arte u otros metarrelatos. ¿De qué forma confrontamos el discurso del arte con lo que se está mirando? ¿Dónde los confrontamos? Porque no debemos olvidar que, como dice Debray, “las sepulturas de los grandes fueron nuestros primeros museos y los difuntos nuestros primeros coleccionistas, [y] de la misma manera que las sepulturas fueron los museos de las civilizaciones sin museos, nuestros museos son tal vez las tumbas apropiadas a las civilizaciones que ya no saben edificar tumbas. [Con esto] nuestros depósitos de imágenes, entre nosotros los modernos, se exponen a la vista”[15] y, muy importante, debemos interrumpir nuestras actividades para visitarlos. Esa irrupción de nuestra vida diaria para la actividad de visita al museo contiene una intención específica donde entran en juego muchos objetivos y no sólo el de mirar para entender.

 

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