¿POR QUÉ VISITAR UN MUSEO DE ARTE?
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Un museo de ciencias o de historia apelan también a la imaginación, pero en otro rubro. Los procesos imaginativos para estos casos están estructurados en construir un tipo de conocimiento específico, pues en el museo de arte se invoca por la libertad en la imaginación ya que, para la contemplación, el proceso hermeneútico no tiene un fin a priori. El museo de arte invita a la imaginación en cualquier sentido, ya sea por su estructura, por su colección, por el diseño de la exposición, por la selección y disposición de objetos expuestos, en los souvenir; y otros elementos que le son propios y que manifiestan lo contenido como producto mismo de la imaginación.

 

  Procurar el imaginario social. 

  A diferencia de la anterior función, el museo de arte permite tener una experiencia de identidad de especie por la correspondencia que existe en el acto artístico como hecho humano, sin embargo, esa misma especie tiene sus diferencias contextuales que se muestran en la misma obra según los escenarios, por ello el imaginario implica desde lo individual hasta lo social.

 

Otra finalidad del  museo de arte es la de promover el reconocimiento del imaginario social en tanto que provoca la manifestación de las subjetividades humanas a través de la objetivación en lo que la institución define como obra de arte u obra artística, por ello, es quizás la más importante. Para ello hay que tener en cuenta a la obra de arte como un fenómeno subjetivo que promueve valores y/o antivalores exaltándolos o mostrándolos objetivamente. Esto es, la obra de arte, como subjetividad, no muestra belleza, temor, ansia, etc.,  sino que a través de materiales (tela, pigmentos, superficies, etc.) permite que el individuo reconstruya su subjetividad o se manifieste en ella. Para el caso del museo, éste permite que el individuo procure esa acción a través de instalaciones (el edificio y la exposición) con ese fin, pero también que reconozca un imaginario común que le es parte de su identidad como ser social. Así los mecanismos que regularmente se activan bajo ciertos fenómenos que provocan sensibilidades específicas, son reproducidos en otro fenómeno –artístico - para producir los mismos sentimientos o reacciones. A través de colores, olores, sonidos, texturas y otras sensaciones se procura la manifestación de lo estético, lo sensible. El museo aprueba esas relaciones y condicionantes al exponerlas (dentro o fuera de sus instalaciones pero con su firma o autorización –placa-) y llamarlas obra artística. Así el museo procura la intención del artista sobre la creación de fenómenos específicos y las relaciones sensibles para que estas ayuden a la manifestación de la sensibilidad del espectador que, como ente social,  le involucra como pertenencia.

 

Seguramente la idea de la promoción de un imaginario común como un acervo humano no es exclusivo del museo, pues el libro o la galería de imágenes en portales de la red también ayudan a ese propósito, sin embargo se debe pensar en ello como valor estético del museo para prevalecer parte de su percepción social dentro de lo valioso y útil que es, más que como almacén o seudo escuela. La “ventaja” del museo para este hecho reside en que en él están depositados los objetos originales y, como se alude, en una sociedad donde la curiosidad material lleva a que la colección es un hacer prioritario, entonces le conviene verlo más como promotor de un intangible (el imaginario colectivo) que como una caja de curiosidades únicas que lo que hace es depreciarlo y alejarlo de ser un producto humano moderno, propio de su historia y ganancia de la evolución humana, y no un objeto de la modernidad donde la “caja” sea vista como un mega alhajero o el paralelo de un centro comercial.

 

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