¿POR QUÉ VISITAR UN MUSEO DE ARTE?
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          Era importante detenerse en el punto anterior, de lo individual, antes de pasar a lo grupal, pues a pesar de que el museo está hecho para las multitudes, la experiencia sigue siendo personal. No importa si se hace el recorrido a través de una visita guiada por un aparato o con un guía del museo, si se hace escolarizadamente o con la familia –rara vez se hace con amigos a menos que sean del medio artístico o cultural-, si se pertenece a un tour turístico y demás posibilidades; el encuentro con la obra de arte es tan particular como la vida misma.

 

Este trabajo pretende adjudicar al museo de arte valores estéticos importantes que lo redimensionan por su carácter de especificidad  para el mismo, sin olvidar la cuestión de ser una institución y que por ello medie la relación entre el arte y el individuo. Los valores estéticos que a continuación se proponen, tienen más que ver con la condición sensible del ser humano como especie que con el arte mismo explícitamente.

  

FUNCIONES DEL MUSEO DE ARTE 
Deleitar  Promover el acto artístico  Generar la historiografía del arte Motivar la imaginación Procurar el imaginario social

  

Deleite ¿? 

Parece obvio que el deleite se incluya en las funciones del museo de arte, sin embargo, como la idea principal de este trabajo está contenida en valores específicos del éste que imperen en su visita o en la visión social sobre el mismo, el deleite como tal no se asume estrictamente como una función en el museo de arte, pero tampoco se le puede negar, pues muchas veces se le adopta con relación a la obra, no importando el sitio o museo donde ésta se encuentre o al diseño de la exposición. A esto se le puede agregar que existen obras paradigmáticas en el arte como la Gioconda, que no importa donde esté expuesta, su mediación puede sujetarse a otros elementos; es más una situación de la forma de la exposición que al lugar de la exposición, entre otros. Todavía hay componentes que manifiestan al deleite como un valor entre lo estético y lo extra estético, pues existen piezas que desde su concepción no corresponden a lo artístico y, sin embargo, se asumen como tal. Estas piezas manifiestan su dimensión estética en una exposición y se asumen como obras de arte cuando distan mucho de ello. Un ejemplo muy claro es la cerámica prehispánica o la estatuaria romana que tenían fines distintos a lo artístico, pero que por el apremio de sensibilidad impuesto en las mismas y supliendo hoy el uso primario, lo práctico o lo político, se les denomina arte. Otro ejemplo de esta situación es la exposición de los objetos de diseño bajo cualquier ramificación del mismo, e incluso, el mismo diseño de exposiciones que media la sensibilidad del espectador ante lo expuesto para su deleite. El hecho del deleite corresponde a muchos factores que no le son exclusivos al museo de arte, por ello, se encuentra en lo fronterizo de las categorías planteadas como lo estético y lo extra estético. En realidad se debe adjudicar a la sensibilidad humana y el estado de ánimo del individuo que observa la pieza, es un factor más particular que colectivo o institucional.

 

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