Todo en ti
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

07 de abriil de 2017

Al cerrar en la última página, el libro de Marcel Moranchel, exhalé un suspiro; un suspiro que liberó con fuerza el recuerdo.
La afinidad que muchas mujeres tienen con Amelia deriva de la asignación, de la normalización del cuerpo y la mente de la mujer.
Marcel Moranchel nos lleva de la mano a navegar en los mares de la locura: primero sumergiendo solo las puntas de los pies, después como sirenas y barcos que se envuelven en los brazos del mar, hasta encontrar remolinos que comprometen el avance a un lugar donde descansar.
Con un lenguaje suave, Marcel nos muestra los pasos de ciega de Amelia, que en primera persona se convierte en el reflejo que nos llama a mirar la vida frente al espejo que sostiene con sus manos de mujer.
Sin olvidar a la mujer objeto la novela "Todo en ti ", nos revela la caída estrepitosa que antecede el viaje de Amelia a un mundo desconocido, donde la ignorancia de ser, abre puertas a lugares sombríos.
El ordenador se ajusta a los dedos y concede en cada palabra un oleaje, parece que el aliento de Marcel nos acompaña en el camino por sus letras.
No hay tropiezos, la novela solo navega, y nos lleva a conocer un paraíso donde no faltan los verdes y cálidos paisajes, y los mercados de aquel lugar en el Istmo de Tehuantepec.
Marcel narra de forma certera. Su oficio de escritora entreteje el drama y la cálida paz que ofrecen los habitantes nacidos en la casa del sol, donde la luna rosa, día a día la cercana distancia.
Los recursos de la narrativa se intercalan en el momento justo y la epístola pone el dedo en el corazón de Amelia y acelera los latidos de quien sostiene el libro.
Una carta es el lenguaje profundo de las verdades y los espejismos que median entre dos amantes, Marcel lo sabe. Es así como los colores turquesa se tornan a un rojo intenso, momento propicio para entrar en la escena donde convive la vida y la muerte, donde se asiste a la pequeña muerte.
Nos abre la puerta donde se encuentra una butaca en primera fila para mirar de cerca el deseo y la plenitud que se arriesga a morir en la quimera.
Con una narrativa fina nos evoca cada fisura de los cuerpos que anhelan desgarrarse a placer. En el límite de la expresión su magistral pluma dibuja el amanecer y nos muestra cómo en el día, los cuerpos duermen para empezar de nuevo su diario acontecer.
Dos mujeres en dialogo con su placer; un hombre de por medio como puente frágil; triangulo: mujeres por un héroe que se abandona a sí mismo.
Su prosa hace gala de la poesía, no es hacer justicia, no nos da la punta del hilo negro que desate los nudos de una vida, es clamor que abre paso a paso puertas sin cerrojos, puertas hechas de mentiras.
Mas no se precipita, redobla su narrativa, nos deja casi sin aliento para que el sentimiento brote donde el dedo índice hace las veces de un tímido y discreto pañuelo.
Amelia se viste, la viste de Tehuana para completar la belleza y la ternura que anticipan la luz que entrara de lleno cuando Amelia se vacié en el llanto provocado ante la depuración de sus viejos atavíos.
No escatima el lenguaje nos induce a imaginar, a recrear, a mirar, y finalmente a adentrarnos en un mundo fuerte, compacto, de muros atravesados por el amor, un amor que encierra a la mujer en cautiverios que la doblegan para así seguir al servicio del otro antes que a ella.
La fotografía eterniza el alma de mujer: es la amiga, la madre en la orfandad de la niña desprotegida de sí.
La pintura, otra pasión de Marcel, nos alimenta el sentimiento y la nostalgia.
El libro destila un perfume impregnado de mar: su hospedaje de barcos fondeados, escolleras, el mar pacifico y su faro.
Sigue la vida y su escenario en el viaje, Marcel nos lleva, sin soltarnos de su mano, de su prosa.
De manera sutil nos ofrece el poema, la reflexión, lo que el alma y el corazón dice.
Marcel esparce en el aire la tinta de su afán por encontrarse con el oído de las féminas errantes.
Impecable autora, nos dice como el alma se le fue en el libro, hoy se nutre en quienes buscamos, no respuestas, sino nuevas formas de vivir con ellas, con ellos.
Encontrar una playa para todos.
Para terminar quiero leerles algo de lo mucho que encontraran en el libro Todo en ti y que me parece oportuno:
“…Damas y caballeros, es un placer tenerlos aquí, compartiendo esta cálida y bella noche. La luna nos hace compañía, luna de octubre; como siempre majestuosa y soberana…”
“…Alcemos nuestras copas y brindemos por el amor, el desamor, el encuentro y desencuentro, la felicidad y el dolor. Pero en especial, por la mujer…Musa de toda inspiración: la del poeta, la del pintor, del trovador, y por supuesto la del hombre enamorado.

Leticia_Daz_Gama 

 

 Leticia Díaz Gama. Radica en Puebla, México y es amante de las letras.

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