15 de febrero de 2017

Llegó a mi puerta y sin emitir palabra alguna me obsequió el abrazo mas cálido, consolador, amoroso, vivificante, refrescante... que jamás haya sentido, simplemente reparador. ¡Claro! se trataba de ÉL.

Me contuvo en sus brazos... y ese anhelo de llegar por fin a algún puerto seguro se instaló nuevamente en mi Ser.

Hace tanto que no sé de arribos seguros, como el alma que al partir busca desesperada las manos de Dios.

Hubo un silencio lleno de... no se que, juro que hasta el mismo aire enmudeció. Hace tanto que no sentía esa sensación, donde la tranquilidad te llega del cielo como si un mensajero la depositara en tu buzón.

Recuerdo cuando adolescente las cartas que esperaba de mi primer amor, corría cada vez que el silbato del hombre del correo llegaba y tocaba el viejo portón.
 
Hoy a mi puerta... llegó Él. ¡Cierto! Algo apurado, como si la travesura de un niño que no espera revuelo.  En fin no tengo mucho que decir... No deseo sentir con la mente, pero sí... pensar con el corazón; que es lo que hoy me ocurrió.

Que tus brazos siempre estén dispuestos como ramas de un árbol a detener mi vuelo, cuando mi espiritú se sienta solo y confuso. BENDITO SEAS.

Punto final de tu existencia humana... Punto de partida para nuestro futuro encuentro. Gracias por seguir a mi lado.  Toda una vida junto a ti y... lo que nos falta.

A mi mejor amigo, EPD, 11 Febrero 2017.

 

Imagen: facebook.com/MarcelMoranchel

 

 Marcel Moranchel. (D. R.)