13 de marzo de 2015
- La Historia Jamás Contada -
Esta Ciudad tiene un aspecto conocido por cuantos habitamos en ella, pero del que no hablan sus Autoridades como lo hacen de templos y reliquias católicas, que han convertido en una especie de etiqueta o marca, dándole además un sesgo político y no tanto estético: lo (barroco) colonial. Tal vez porque no viven aquí lo suficiente o no lo pueden controlar y, por tanto, usufructuarlo. Ese aspecto es el paranormal, lo extraño por antonomasia.
Pero si aquéllas no lo toman en cuenta, todos los demás parece que sí, pues ¿quién no ha oído por aquí de ruidos curiosos, movimientos espontáneos de objetos inanimados, apariciones anómalas de todo tipo, desde fantasmales y de seres monstruosos hasta objetos cotidianos pero que no estaban ahí? En fin, toda la gama de sucesos que hacen las delicias de la imaginación de los aficionados a lo misterioso fantástico, que somos casi todos, menos los que tienen la grave responsabilidad de convencernos que aquí no pasa nada, aunque las cosas –como decía Galileo- se muevan…
Tampoco se entienda que es sólo imaginación y cantera de escritores. Hay a quienes esta posibilidad les apasiona y bien por ellos, tanto productores como consumidores, pero a muchos nos parece que hay algo más que ideas seductoras: tal es la persistencia, frecuencia o presencia de lo extraño en la vida cotidiana, que a través de las épocas se han formado pequeñas comunidades de seguidores, cazadores, domadores (busters, en inglés), exorcistas y la serie completa de oficios que complementan a los fenómenos mismos, muchas con intenciones terapéuticas o de liberación, de cuyos resultados soy escéptico, por decir lo menos. (Es sorprendente la cantidad de grupos sectarios, poseedores de la Verdad Absoluta, que han surgido así, algunos con las peores intenciones desde el principio.)
Por otra parte, desde el advenimiento de los medios de masas, surgió un tipo completamente nuevo de comunidad alienófila, que ya no pretende revertir piadosamente los efectos de esos fenómenos, sino tan sólo documentarlos y difundir ampliamente –broadcast- la información obtenida. Ya en los años 70, las mejores publicaciones tanto impresas como en otros soportes trabajaban sobre esta línea.
Pero de los ’80 a la actualidad tuvo lugar un cambio cualitativo: la temática misma dejó de ser tabú, ocupación de algunos excéntricos un tanto fuera de la realidad, para convertirse en algo accesible a todos. Ya nadie que viva al día, siente amenazada su reputación por abordar públicamente estas cosas. Enhorabuena. Hemos avanzado en la democratización del conocimiento, cuando menos de éste.
Hoy es perfectamente posible hacer programas o presentaciones serias para auditorios atentos y frecuentemente informados. ¡Cuánto hubiéramos querido hace tan sólo 25 años contar con esta posibilidad! Así que Ciudades como la nuestra ya no están condenadas a disimular su interés por lo extraño bajo el ropaje de lo religioso o “espiritual” (¿?), pues ahora las cosas pueden plantearse directamente y desde los más variados puntos de vista. ¡Saludos, colegas “misteriólogos” de todas las tendencias!
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.