Censura y comunicación pública
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

29 de julio de 2016

-La Historia Jamás Contada-

Ahora se publica –en sentido amplio- con suma facilidad, pues la tecnología actual lo hace materialmente posible pero… ¿se da a conocer más que, digamos, hace treinta y tantos años, antes del advenimiento de la desktop publishing?

Una pregunta nada ociosa, como se comprueba situándose al otro extremo del proceso, su complemento: ¿estoy ahora mejor o más informado de lo que sucede más allá de mi círculo de relaciones cercanas?

La respuesta es trivial si se trata de los medios de comunicación (¿?) masivos: NO, pues éstos se atienen al viejo esquema del oficio periodístico, desde su ética y sus géneros hasta sus vicios. Si acaso se han hecho más vistosos al ataviándose más atractiva o repulsivamente, según. (Recuerdo el hilarante caso de un conocido (des)informador local que, tras haber entrevistado a un charlatán que le “revelara” las propiedades ocultistas de la música, dio en comenzar su noticiario matutino con la espeluznante de HOOKED ON CLASSICS, de moda entonces, para “levantar el ánimo” a sus (sufridos) oyentes.)

Pero en cuanto a las comunicaciones públicas a través de la Red, la cuestión es más… interesante, pues al contrario de las anteriores, no están sujetas a censura, pero tampoco son libérrimas, como podría suponerlo un pensamiento bien intencionado.

Para captar adecuadamente el fenómeno hay que dar un paso atrás, a la época del boom de la telefonía celular antes de su smartness, cuando sólo eran “simples” teléfonos –acústicos, quiero decir-.

“Estoy a una calle, ya casi llego”, era el contenido típico de una llamada telefónica. Aparte de lo intrínsecamente ocioso de este tipo de comunicación entre los interesados, se trataba de un flagrante acto de no-comunicación –Lewis Carroll- con el público presente, equivalente al actual desconectarse del mundo circundante –Umwelt- calándose unos audífonos que, incidentalmente, van unidos a… ¡un teléfono!

La comunicación pública, esto es, dirigida a un conjunto de desconocidos para saber de ellos, no ha sabido emanciparse todavía de las formas de la privada, cumpliéndose así -aunque perversamente, como realizada por un genio malo- la profecía de Marshall McLuhan de una “aldea global”, pero en el decepcionante sentido de una sociedad globalmente aldeanizada donde todos, aprovechando la ingente tecnología desplegada, están permanentemente comunicándose, sí, pero con los de siempre, como si nunca hubieran salido de su vecindad o su casa. (Fue paradigmático también en esa primera Era del Celular, el uso del gadget para checarse –monitorearse- continuamente, telecelándose, con una omnipresencia que envidiaría cualquier tirano.)

Concluyendo, no es la tecnología la que esclaviza a los humanos imponiéndoles sus -por antonomasia- deshumanizantes formas, sino la incuria de éstos que, al no tener conciencia del poder amplificador de aquélla, se condenan a sí mismos, en un típico caso de enajenación, al solipsismo que los agobia, haciéndoles míticamente imposible salir de su entorno inmediato y conocer otros Mundos, tal vez más satisfactorios.

Y en esto ya nada tiene que ver la CENSURA.

Imagen: es.digitaltrends.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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